Tras la desaparición del Seguro popular (que sí era Seguro y de gran respaldo a la población mexicana) se creó el defenestrado INSABI, sin proyectos, programas ni presupuesto como muchas de las ocurrencias de AMLO esgrimidas para cubrir fallas en la gestión pública. Por consecuencia, el INSABI tuvo corta vida, su efímera existencia provocó un caos en el Sector Salud de este país traducido en desabasto de medicinas e irresponsable descuido en la infraestructura hospitalaria, pese a la retórica tercermundista de convertir los servicios de salud de México en uno de los mejores del mundo. Además de haber imaginado con costo multimillonario una farmacia de dimensiones colosales, este Sector de gobierno actualmente transcurres en penurias, cotidianamente exhibidas por pacientes y personal de la Salud en todo el país.
Acá en la aldea veracruzana se reflejan con meridiana claridad las penurias del Sector Salud, ese fermento incubado en el sexenio anterior cuenta con un denominador común: el doctor Roberto Ramos Alor quien estuviera al frente del Sector Salud veracruzano con Cuitláhuac García con un desempeño tan mediocre y desastroso que fue relevado de su cargo. Sin embargo, la prevaleciente ecuación que privilegia el 90% de lealtad sobre solo el 10% de capacidad ha dado lugar al regreso de Roberto Ramos Alor, ahora investido como responsable del IMSS-Bienestar en esta entidad. Los resultados de ese inexplicable nombramiento están a la vista en la infraestructura hospitalaria veracruzana y el desabasto de medicinas. Ciertamente, quien cansado de tantas criticas por su deficiente labor, expresó respecto de los medios de comunicación: “ningún chile les embona”, ha reiterado fehacientemente que no puede con el paquete, para mal de los veracruzanos mientras siga al frente del IMSS-Bienestar de Veracruz.