En el marco del Día Internacional de los Pueblos Indígenas – 9 de agosto de 2026
DEDICATORIA ESPECIAL: A la Profesora MARÍA XÓCHITL MOLINA GONZÁLEZ, Secretaria de Cultura del Gobierno del Estado de Veracruz, por su incansable labor en defensa de nuestras raíces totonacas, nahuas y popolucas. Con respeto y admiración.*
Cada 9 de agosto el mundo voltea a ver a quienes nunca se fueron. La Organización de las Naciones Unidas instauró esta fecha en 1994 para conmemorar la primera reunión de su Grupo de Trabajo sobre Poblaciones Indígenas, en 1982. Pero en México no necesitamos recordatorios internacionales para saber de qué estamos hechos.
México es un país indígena que a veces se le olvida que es indígena.
De acuerdo con el Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas (INPI) y el Censo de Población 2020-2025 del INEGI, 23.2 millones de mexicanos se autoadscriben como parte de un pueblo indígena. Siete millones 300 mil personas hablan una lengua originaria. En este territorio conviven 68 pueblos y 364 variantes lingüísticas. Somos la octava nación con mayor diversidad lingüística del planeta.
Veracruz, Oaxaca, Chiapas, Yucatán, Puebla, Guerrero, Hidalgo, Estado de México, Quintana Roo y San Luis Potosí concentran a ocho de cada diez hablantes. Solo Veracruz aporta más de 650 mil hablantes, principalmente nahuas y totonacos.
Y sin embargo, 7 de cada 10 indígenas en México viven en pobreza y 3 de cada 10 en pobreza extrema. La deuda es histórica.
México le debe su cocina a los pueblos originarios. El maíz, el frijol, la calabaza, el chile, el tomate, el aguacate, la vainilla y el cacao son domesticaciones mesoamericanas. Sin ellos no habría denominación de origen ni gastronomía declarada Patrimonio Cultural Inmaterial por la UNESCO.
Les debemos el lenguaje. Decimos todos los días apapacho, cuate, chicle, molcajete, chocolate y tomate sin saber que son nahuatlismos que sobrevivieron a lax Conquista.
Les debemos el territorio. El 80 por ciento de la biodiversidad que queda en el país está en manos de ejidos y comunidades indígenas. Son ellos quienes con la milpa, el tequio y la mano vuelta han conservado bosques, selvas y agua mientras el resto deforesta.
Y les debemos la democracia. El sistema de cargos, la asamblea comunitaria, la elección por usos y costumbres y la rotación de autoridades son la forma más antigua de democracia directa en América. Siglos antes de hablar de voto libre y secreto, ya existía aquí.
La reforma al artículo 2o. Constitucional, publicada el 30 de septiembre de 2024, por fin reconoció a los pueblos indígenas y afromexicanos como sujetos de derecho público, con personalidad jurídica y patrimonio propio. Es el avance jurídico más importante en 30 años.
Pero el riesgo cambió de rostro.
El tema central que la ONU puso sobre la mesa este 2026 es revelador: “Los pueblos indígenas y la Inteligencia Artificial: defender los derechos y dar forma al futuro”. Hoy las grandes empresas tecnológicas entrenan sus modelos de IA con lenguas, bordados, cantos y conocimientos ancestrales sin permiso, sin pago y sin crédito. Se están apropiando de lo intangible como antes se apropiaron de la tierra.
A eso se suman dos amenazas que en Veracruz conocemos bien: el desplazamiento climático en la costa y la muerte lenta de las lenguas. En México 31 lenguas están en muy alto riesgo de desaparición. Cada vez que muere un abuelo hablante en Zongolica, en Papantla o en la Sierra de Soteapan, se va una biblioteca entera.
Hoy no se trata de folclorizar. Poner a una mujer totonaca a bailar para la foto oficial mientras se le niega una plaza de maestra bilingüe es hipocresía. Poner a los voladores de Papantla en el cartel turístico mientras se les regatea el apoyo es simulación.
El Día Internacional de los Pueblos Indígenas no es para felicitar. Es para consultar, para respetar y para cumplir. El Convenio 169 de la OIT obliga a que toda reforma que les afecte sea consultada de forma previa, libre e informada. El artículo 2o. ya no es letra muerta.
México será una nación justa cuando un niño pueda ir a juicio en su propia lengua, cuando un médico hable totonaco en una clínica de la sierra y cuando un profesionista indígena no tenga que esconder su origen para conseguir empleo en Xalapa o en la Ciudad de México.
Como decía el oaxaqueño Ricardo Flores Magón, veracruzano por adopción: “El indio no es inferior. Es un hermano encadenado”.
Hoy es buen día para romper esa cadena.