mayo 31, 2026

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Ya sabemos que Rubén Rocha Moya es un muerto político; pero:¿Quién es Rubén Rocha Moya?

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 ¿Por qué defenderlo hasta con el riesgo de que Goliat vuelva a aplastar al David del monumento a la Revolución?

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¿Quién es Rubén Rocha Moya?
Sabemos que es un muerto político, un paria del poder…
De modo que la pregunta no apunta al hombre institucional ni al ciudadano sinaloense; tampoco al gobernador con licencia requerido por la justicia de Estados Unidos como presunto cómplice de “Los chapitos”, en el ahora dividido cártel de Sinaloa.
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Todo lo anterior -excepto la pregunta que abre este artículo- ha sido rebasado por el discurso de la presidenta Claudia Sheinbaum, ayer, frente al monumento a la Revolución en la capital del país.
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La titular del poder ejecutivo acusó al gobierno de Estados Unidos de injerencista; de pretender utilizar a víctimas inocentes mexicanas -como Rubén Rocha Moya y nueve masculinos más- para impulsar aviesos intereses político/electorales norteamericanos, que resultan contrarios a los afanes de nuestra patria.
Más aún, Sheinbaum señaló a la ultraderecha, allende el río Bravo, de querer incidir en nuestros comicios del 2027.
“México no es piñata de nadie”, sostuvo la presidenta en un discurso duro que marca su sexenio en un sentido que no queda claro; salvo por el tono de fuerza, por su voz elevada, por su arenga tipo mitin universitario…
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El injerencismo del gobierno de Donald Trump, demostrado también con la presencia y operación de la CIA en Chihuahua -donde gobierna la panista Maru Campos- trastoca la soberanía nacional y ello no será permitido ni por el gobierno ni por el pueblo de México, ha dicho y reiteró Claudia Sheinbaum.
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La presencia de la CIA en Chihuahua y la participación de sus agentes en operaciones contra el narco son ejemplo de injerencia, sin duda.
Se trató de una acción ilegal de EEUU, que exige acciones y discurso firmes del lado oficial mexicano.
Por cierto, eso ya ocurrió y la FGR actúa al respecto, por ello se ha citado a Maru Campos, gobernadora de Chihuahua, para deslindar responsabilidades.
La politización de esta historia constituye un tema interno y de vida propia.
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Ahora bien, la CIA en Chihuahua no representa lo mismo que la petición de una jueza de New York para que se detenga a diez funcionarios de Sinaloa, incluyendo a Rubén Rocha Moya, y se les extradite a Manhattan.
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Y este tema tampoco resulta injerencista ni violatorio de la soberanía cuando se genera por las vías legales de ambos países.
Me explico: un fiscal norteamericano investiga a diez políticos y funcionarios públicos mexicanos y concluye que han violado la ley en detrimento de los intereses de su país al asociarse con traficantes de drogas.
El mismo fiscal cuenta con versiones de que el gobierno de Rubén Rocha Moya protegió a los chapitos de acciones policiacas contra ellos, brindándoles información de expedientes y operativos policiales en su contra.
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La juez norteamericana encuentra suficientes pruebas en la investigación del fiscal y pide al gobierno mexicano la detención provisional con fines de extradición de Rocha Moya y coacusados.
Un punto central de la acusación es la afirmación de la fiscalía de New York en el sentido de que Rocha Moya recibió ayuda del narcotráfico para ganar la elección del 2021 y convertirse en gobernador.
Sobre ese tema existen señalamientos desde el día de aquellos comicios, por parte de periodistas mexicanos y autoridades del Instituto Nacional Electoral (INE); pero las acusaciones fueron desestimadas por tribunales.
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Existe un tratado de extradición entre México y Estados Unidos, vigente desde 1980.
Si bien es un acuerdo con fundamentos jurídicos en ambos países, su aplicación ha operado de forma discrecional: cuando conviene cada país extradita detenidos sin mayores preámbulos y cuando no conviene se ponen trabas o se invoca, como es el caso de Rocha Moya, a elementos abstractos como la soberanía nacional o de ambigüedad política como la injerencia.
Es decir, el discurso de la presidenta frente al monumento de la Revolución parece más un argumento patriotero nivel feria septembrina de pueblo, que una defensa auténticamente nacionalista.
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¿Quién es Rubén Rocha Moya como para darle categoría de cuasi mártir del Goliat norteamericano?
¿Qué sabe dicho personaje que políticamente es un don nadie y gobernó un estado considerado fallido por la carga histórica de ser una de las cunas del narcotráfico en México?
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De los diez coacusados del gobierno sinaloense por parte de Estados Unidos, dos ya se entregaron y uno de ellos comparecerá hoy ante la corte norteamericana que lo reclama.
El argumento nacionalista de ausencia de pruebas se derrumbó desde el momento que los ex secretarios de seguridad, general de División del ejército Gerardo Mérida Sánchez, y de finanzas, Enrique Díaz Vega, pactaron con el gobierno de Donald Trump en calidad de testigos protegidos.
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En un ejemplo de coherencia discursiva la presidenta debió decir, ayer, que Estados Unidos reclamaba la captura de diez inocentes pero ya nomás quedan ocho porque dos han admitido su culpabilidad.
Pudo añadir que al respecto no hubo injerencia ni violación a la soberanía porque solitos cruzaron la frontera mexicana…y la de Sinaloa.
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Émula del David bíblico, Claudia Sheinbaum retó al gigante filisteo…
Quien crea en los milagros puede pensar que el Goliat gringo no tendrá reacción frente a la paliza verbal que le dieron este domingo…
De no ocurrir el milagro, las pedradas de Claudia que evidentemente no mataron a Trump y sus halcones, conocerán las respuestas y sólo nos resta saber cuándo y cómo llegarán; además del tamaño y peso de sus consecuencias…

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