El afilador sabe en qué calles todavía reconocen su silbido. La señora que prepara tamales sabe cuántos puede vender antes de que sus vecinos salgan a trabajar. Ambos conocen su mercado. Lo que difícilmente sabe un ayuntamiento es cuántas familias de su municipio viven así: en condiciones de sobrevivencia; cuánto les cuesta llegar hasta sus clientes o qué apoyo les permitiría ganar en cinco días el ingreso que hoy apenas reúnen en diez. Esa distancia entre lo que la gente hace para sobrevivir y lo que el gobierno alcanza a ver es el punto de partida de nuestra investigación, por ello hemos creado el concepto de economía difusa de sobrevivencia en Veracruz.
Josefa Carolina Fortuno Hernández y quien escribe presentamos los resultados en Hermosillo, Sonora, durante el 31.º Encuentro Nacional sobre Desarrollo Regional en México, organizado por la Asociación Mexicana de Ciencias para el Desarrollo Regional (AMECIDER). Con la modestia del caso, debo señalar que la ponencia tuvo gran aceptación. En el intercambio con especialistas nacionales e internacionales, entre ellos economistas integrantes de la Regional Science Association International (RSAI), advertimos interés por una cuestión que rebasa el caso veracruzano, pues este concepto puede extenderse a nivel mundial.
En Italia, Arnaldo Bagnasco estudió la economía difusa de pequeñas empresas que compartían conocimientos y encontraban proveedores y clientes en su comunidad. En Veracruz identificamos la economía difusa de sobrevivencia: ante la dificultad de conseguir empleo, muchas personas trabajan con poco capital y apoyo familiar. Preparan alimentos en casa, reparan aparatos a domicilio, podan jardines o lavan autos, a menudo sin un local fijo. Nuestra aportación es identificar qué une a estas actividades dispersas, proponer un método para estimar cuántas personas viven de ellas y señalar dónde deben actuar los gobiernos.
¿De cuántas personas estamos hablando? Partimos de una pregunta sencilla. Si conocemos cuánta gente vive en un municipio, ¿cuántos establecimientos esperaríamos encontrar a partir de lo observado en municipios comparables? Hicimos el cálculo dos veces, primero con la Población Total y después con la Población Económicamente Activa; es decir, con quienes trabajan o buscan empleo. En ambos casos comparamos el resultado con las Unidades Económicas registradas en los Censos Económicos 2024 del INEGI.
En los municipios veracruzanos de más de 100 mil habitantes, siete de los cuales albergan ciudades medias, nuestro modelo econométrico estima que entre 62,825 y 66,030 personas podrían depender de la economía difusa de sobrevivencia. Son quienes obtienen su sustento mediante actividades como vender alimentos preparados en casa u ofrecer sus servicios de puerta en puerta. La estimación parte de una brecha de 12,565 a 13,206 Unidades Económicas entre las registradas y las esperadas, y supone cinco personas por unidad. En el escenario de diez personas por unidad, la cifra asciende a entre 125,650 y 132,060 personas que se ubican en este rango de economía difusa de sobrevivencia. En los municipios que albergan ciudades intermedias (concentraciones poblacionales mayores a 30 mil y menos de 100 mil habitantes), estimamos que entre 41,325 y 41,330 personas podrían depender de la economía difusa de sobrevivencia, bajo el mismo supuesto de cinco personas por Unidad Económica. En el escenario de diez, la estimación asciende a entre 82,650 y 82,660 personas.
Coatzacoalcos y Coatzintla muestran por qué importa el territorio. En Coatzacoalcos, el modelo basado en la población económicamente activa identificó una brecha de 4,888 establecimientos. Esto equivale a 24,440 personas potencialmente vinculadas a la economía difusa de sobrevivencia en el escenario de cinco personas por unidad, y a 48,880 en el de diez. En Coatzintla, la brecha fue de 1,538 establecimientos, equivalente a 7,690 y 15,380 personas, respectivamente. Coatzacoalcos concentra un mayor número estimado de personas en estas actividades, pero la brecha de establecimientos es proporcionalmente más profunda en Coatzintla: 55 % de los esperados, frente a 35 % en Coatzacoalcos. Un gobierno que asignara apoyos únicamente por tamaño de población pasaría por alto esa diferencia. Un cálculo complementario por municipio, basado en la diferencia entre el total de establecimientos censados y los de manufactura, comercio y servicios, permite aproximar cuántas personas estarían viviendo de la economía difusa de sobrevivencia. Si se consideran diez personas por Unidad, las cifras ascienden a 1,290 en Xalapa; 21,700 en Córdoba; 1,500 en Veracruz.
Lo que pueden hacer los gobiernos. Un ayuntamiento puede empezar por recorrer sus colonias con quienes ya trabajan en ellas. Para una mujer que vende comida, el obstáculo puede ser la falta de agua y de un espacio cercano donde vender. Para un jardinero, puede ser el costo de trasladar sus herramientas entre dos municipios. Escucharlos permite decidir si conviene invertir en un mercado de barrio, habilitar puntos de venta con servicios o coordinar una ruta de transporte. También permite evaluar el resultado con una pregunta concreta: después de la intervención, ¿cuánto ingreso adicional le queda a la familia al terminar la semana?
Al gobierno estatal le corresponde atender lo que rebasa los límites municipales. Una ciudad intermedia puede comprar alimentos a los productores de su comarca, transformarlos y abastecer a una ciudad media cercana. Para que eso ocurra se necesitan caminos transitables, lugares de acopio, acuerdos de compra y transporte a un costo que deje margen al productor. Por eso proponemos planear Veracruz a partir de nueve REGIONES METROPOLITANAS. La inversión debe responder a los recorridos reales de quienes producen, trabajan y compran.
Frente a las crisis de la globalización, seis líneas de estudio de la economía regional han cobrado fuerza; entre ellas están el estudio de la capacidad de las regiones para recuperarse de las crisis; la diversificación hacia actividades afines; la especialización inteligente; las transiciones productivas sostenibles, el desarrollo de regiones rezagadas y las políticas diseñadas según las condiciones de cada lugar en la última década y plantean una pregunta decisiva para Veracruz: ¿cómo generar empleo y reducir la pobreza allí donde vive la gente? El afilador y la vendedora de tamales sostienen con su trabajo la economía del barrio. A los ayuntamientos y al Gobierno del Estado les corresponde reconocer a quienes viven de la economía difusa de sobrevivencia, escuchar qué les impide ganar más y destinar recursos a resolverlo. La medida del éxito será cuántas familias veracruzanas logren un ingreso estable y suficiente para vivir con dignidad.
Imageb de portada: Redes sociales El afilador y la flauta de Pan/// topeganso