septiembre 13, 2026

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Veracruz ante una oportunidad industrial que no debe desperdiciarse

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La actividad industrial de Veracruz ofreció una señal alentadora en mayo de 2026. De acuerdo con el Indicador Mensual de la Actividad Industrial por Entidad Federativa (IMAIEF) del INEGI, la entidad creció 6.8 % a tasa anual (con cifras desestacionalizadas). Este resultado la ubicó entre las cinco economías estatales con mayor aumento del país, después de Hidalgo, Colima, Nayarit y el Estado de México. En contraste, la actividad industrial nacional disminuyó 0.6 % anual con cifras originales. Sin embargo, el mismo indicador obliga a evitar una lectura triunfalista. Frente a abril, la industria veracruzana retrocedió 2.3 % en términos desestacionalizados. La combinación de crecimiento anual y caída mensual significa que existe una recuperación respecto del bajo nivel observado un año antes, pero también una pérdida reciente de impulso. Un dato favorable de un mes no basta para acreditar una trayectoria consolidada, mucho menos un cambio estructural.

Conviene además distinguir entre tasa de crecimiento y nivel de desarrollo industrial. Crecer más rápido que otras entidades durante un periodo no implica haber superado su capacidad productiva, su integración de cadenas de valor, su productividad o su contenido tecnológico. Estados como Nuevo León, Coahuila, Guanajuato, Chihuahua, Querétaro y Jalisco cuentan con ecosistemas manufactureros y exportadores de mayor densidad. Veracruz posee ventajas estratégicas excepcionales, pero aún no las convierte plenamente en una plataforma industrial integrada.

¿Qué explica el crecimiento de Veracruz? El mayor impulso provino de la minería, que aumentó 27.2 % y aportó 1.97 puntos porcentuales a la variación nacional del sector. También destacó el crecimiento de 8.8 % en generación, transmisión y distribución de energía, así como en suministro de agua y gas. Las manufacturas avanzaron 2.7 %, mientras la construcción disminuyó 0.7 %. Esta composición contiene la principal advertencia. Minería y energía son actividades indispensables y confirman el peso estratégico de Veracruz en el sistema productivo nacional, pero suelen estar sujetas a ciclos de producción, decisiones de grandes empresas, inversiones públicas y condiciones externas. El crecimiento manufacturero, aunque positivo, fue claramente menor. Y la caída de la construcción revela debilidad en uno de los sectores con mayor capacidad para movilizar empleo, proveeduría local e infraestructura.

El desafío consiste en lograr que el impulso minero y energético se transmita al resto de la economía. Si el crecimiento se concentra en enclaves con pocos vínculos locales, su efecto sobre las micro, pequeñas y medianas empresas, el empleo formal, los salarios y las regiones rezagadas será limitado. Veracruz necesita pasar de la disponibilidad de recursos a su transformación productiva dentro del territorio.

La primera limitación es la menor densidad de las cadenas industriales. En las entidades más dinámicas del norte y el Bajío, la manufactura articula proveedores, centros tecnológicos, logística, educación técnica y exportaciones. En Veracruz persisten encadenamientos incompletos: se producen hidrocarburos, electricidad, minerales, alimentos y materias primas, pero una parte importante del valor agregado se genera fuera del estado. La segunda es la concentración territorial. Los activos industriales y logísticos se agrupan principalmente en los corredores portuarios y petroquímicos, mientras amplias zonas serranas, indígenas y rurales permanecen desconectadas de los beneficios. La infraestructura estratégica, la capacitación y el financiamiento empresarial no se distribuyen con la misma intensidad en todo el territorio.

La tercera es la escala empresarial. El predominio de micro Unidades Económicas, la informalidad y el acceso insuficiente a crédito, tecnología, certificaciones y mercados reducen la productividad. Sin una política deliberada de desarrollo de proveedores, las grandes inversiones pueden coexistir con economías locales de sobrevivencia. La cuarta es la brecha entre infraestructura disponible y competitividad efectiva. Veracruz cuenta con puertos, posición geográfica, recursos energéticos y conexión con el Golfo de México; no obstante, carreteras secundarias deficientes, cuellos de botella ferroviarios, inseguridad, costos regulatorios y rezagos en servicios urbanos disminuyen el rendimiento económico de esas ventajas. ¿Cuáles son entonces los grandes retos industriales de Veracruz? Entre otros, los siguientes:

  • Diversificar la base productiva. Promover manufacturas de mayor valor agregado en petroquímica, metalmecánica, agroindustria, farmacéutica, energías limpias, tecnologías digitales y servicios industriales especializados.
  • Construir cadenas regionales de proveeduría. Vincular grandes empresas, puertos y proyectos de infraestructura con MIPYMES veracruzanas mediante compras locales, certificación, financiamiento y asistencia tecnológica.
  • Recuperar la construcción productiva. Priorizar infraestructura logística, hídrica, energética, industrial y urbana que eleve productividad; no sólo obra de corto plazo sin articulación económica.
  • Formar capital humano. Alinear educación técnica y superior con vocaciones regionales. La Universidad Veracruzana (UV) y los Institutos Tecnológicos deben participar como actores comprometidos en investigación, innovación, transferencia y solución de problemas productivos. No solo quedarse en el discurso, como es clásico de sus autoridades de la UV.
  • Territorializar la política industrial. Organizar inversiones y servicios con una perspectiva regional. Las nueve Regiones Metropolitanas (RM) propuestas para Veracruz pueden funcionar como unidades de planeación, articulando ciudades medias e intermedias con sus entornos rurales.
  • Medir resultados más allá del crecimiento mensual. Evaluar empleo formal, salarios, productividad, contenido local, innovación, nuevas empresas, inversión privada y reducción de brechas municipales.

El crecimiento industrial de Veracruz es alentador, pero todavía vulnerable y concentrado. El reto no es ocupar ocasionalmente los primeros lugares, sino construir una trayectoria sostenida y diversificada. En este propósito, la Universidad Veracruzana debe asumir una posición estratégica: dejar atrás el discurso retórico de sus autoridades y convertirse en un actor efectivo de investigación, innovación, formación de capital humano y vinculación productiva al servicio del desarrollo regional.

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