mayo 7, 2026

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UN SOMMELIER “GARBANZO DE A LIBRA”

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En tiempos donde abundan los improvisados y escasean los verdaderos conocedores, de pronto aparece una figura que honra el oficio, la disciplina y el buen gusto: Fernando Pavón del Castillo, personaje singular que bien merece el calificativo popular de “garbanzo de a libra”. Es decir: raro, valioso y difícil de encontrar.

Desde muy joven entendió que la gastronomía no era solo alimento, sino cultura, identidad y arte.

Mientras otros buscaban caminos fáciles, él eligió una ruta exigente: la cocina y el universo del vino. Y como los sueños serios requieren sacrificio, cruzó el Atlántico rumbo a Europa para aprender en la cuna de las grandes tradiciones culinarias.

Lo que serían dos años de estudios terminó convirtiéndose en una travesía de diecinueve años. No cualquiera resiste esa escuela de rigor.

En ese largo periodo laboró en restaurantes distinguidos con dos y tres estrellas Michelin, donde la excelencia no se presume: se demuestra cada día. Ahí fue chef sommelier, cocinero y jefe de cocina. Ahí templó el carácter y afinó el paladar.

Pero más allá de los fogones, lo sedujo el misterio del vino. Esa bebida milenaria que ha acompañado a civilizaciones enteras, celebraciones, pactos, milagros y silencios.

El vino no es solo una copa: es historia líquida. En él conviven ciencia y poesía. Desde los compuestos naturales de la uva hasta los procesos de fermentación que transforman el mosto en una obra sensorial.

Fernando Pavón estudió para sommelier y enólogo en ciudades emblemáticas como Londres, París, Bordeaux, Saint-Émilion, San Sebastián, Barcelona y Madrid, absorbiendo conocimiento técnico y refinamiento cultural.

Intentó incluso abrir camino al vino mexicano en Europa, empresa noble pero difícil, frenada por costos elevados y prejuicios del mercado.

Sin embargo, el destino le tenía reservada otra misión.

Cada vez que regresaba de visita a México advertía con tristeza que muchos vinos importados llegaban mal conservados, sin cuidado, sin respeto por el producto ni por el consumidor.

Fue entonces cuando comprendió que la verdadera oportunidad estaba aquí: educar, elevar estándares y dignificar la experiencia del vino en su propio país.

Así nació Plaisirs du Vin, concepto dedicado a la distribución de etiquetas selectas, vinos boutique y productores serios. No una tienda cualquiera, sino una declaración de principios: calidad antes que volumen, conocimiento antes que moda.

Nueve años después, reconoce que no ha sido sencillo. “Seguimos picando piedra”, dice con humildad quien sabe que los proyectos sólidos no crecen con estridencia, sino con constancia y pasión.

Hoy, en Côt WineHood, ubicado en la zona de Cumbres de Cancún, ofrece algo más que botellas: brinda experiencia, orientación y cultura. Ahí el visitante puede recorrer regiones vinícolas del mundo, descubrir estilos y aprender que detrás de cada etiqueta hay geografía, clima, tradición y talento humano.

En una época de excesos y superficialidad, la recomendación final de este sommelier ejemplar encierra sabiduría clásica: “Ni demasiado ni demasiado poco”.

Moderación, equilibrio y placer inteligente.

Así son los hombres que dominan un arte sin perder la sencillez. Así son los profesionales que honran lo que hacen. Así es Fernando Pavón: un auténtico garbanzo de a libra.

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