mayo 27, 2026

En Esta Hora

Porque la noticia… no puede esperar

Un palacio o “el corazón de Misantla”

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Desde niña recuerdo escuchar a mi bisabuelo, don Alberto Rodríguez y Lagunes, hablar con orgullo de aquel edificio elegante que miraba de frente al parque, con sus corredores amplios, sus paredes solemnes y ese aire antiguo que hacía sentir importante a cualquier niño que subiera sus escaleras. Él fue presidente municipal y, según contaba la familia, en 1953 encabezó una de las primeras grandes intervenciones y reparaciones que tuvo el inmueble desde su construcción en 1906.

Yo era muy pequeña cuando lo escuchaba decir que el palacio era “el corazón de Misantla”. Ya mi bisabuelo había dejado la política desde hacía muchos años y sentado en su sillón de cedro, recordaba solemne esa parte de su vida. Lo decía como si fuera una verdad absoluta y quizá tenía razón, porque en ese edificio no sólo se han tomado decisiones políticas; también se han cruzado historias humanas: matrimonios, conflictos, celebraciones, protestas, acuerdos, despedidas. Ahí han gobernado más de medio centenar de alcaldes y jefes políticos. Ahí han pasado décadas enteras viendo cambiar la ciudad desde sus balcones.

Por eso duele verlo hoy deteriorado y saber que el techo amenaza con colapsar, que la loza presenta daños severos y que apenas ahora, después de tantos años, especialistas de Protección Civil del Estado realizan un peritaje técnico para determinar el nivel de riesgo estructural del inmueble. La noticia debería preocuparnos a todos y también debió preocuparles a otros alcaldes que han pasado por ahí, sin embargo, no fue así. Hoy quien está tomando acciones para resolverlo, afortunadamente, es el actual presidente municipal René Omar Jaén Domínguez.

Hablamos de un edificio histórico levantado en pleno Porfiriato, cuando Misantla comenzaba a modernizarse bajo la visión del ingeniero militar Francisco Cánovas y Pasquel, jefe político del cantón entre 1902 y 1911. Fue él quien impulsó la demolición de las antiguas Casas Consistoriales coloniales para construir este palacio de estilo neoclásico porfiriano, inspirado en la arquitectura francesa de la época, símbolo entonces del progreso, el orden y la modernidad.

El nuevo edificio comenzó a operar a finales de 1906 y terminó de consolidarse rumbo a los festejos del Centenario de la Independencia, en 1910. Desde entonces permanece prácticamente intacto. Más de un siglo después, el viejo palacio sigue de pie, pero cansado, cuando lo veo, me recuerda a mi bisabuelo sentado en su sillón.

Y quizá ahí está la metáfora perfecta de Misantla, una ciudad hermosa, histórica, orgullosa de su pasado… pero muchas veces olvidada en su mantenimiento más elemental. Resulta inevitable preguntarse cuántas administraciones dejaron pasar el deterioro sin intervenir de fondo. Cuántos presidentes municipales caminaron por esos pasillos viendo las grietas crecer lentamente. Cuántos presupuestos se fueron a otras prioridades, mientras el edificio histórico más importante de la ciudad, envejecía en silencio.

Ahora el Ayuntamiento anuncia que la seguridad de trabajadores y ciudadanos es prioridad y que el cambio de la loza será necesario. Ojalá sea verdad y el rescate no quede sólo en dictámenes, fotografías oficiales y buenas intenciones. Porque restaurar el Palacio Municipal no es solamente reparar un techo, es rescatar la memoria de Misantla.

Es prioritario proteger uno de los pocos edificios civiles que sobrevivieron intactos al paso del siglo XX, a las revoluciones, a los cambios políticos y al abandono institucional, porque no sólo los edificios públicos requieren se les cuide, también la historia también necesita mantenimiento.

Buscando e investigando de cuándo y quien construyo ese hermoso edificio, me encontré una vieja fotografía de los años cincuenta, que por cierto posteó la fanpage de Xalapa Antiguo. Ahí aparece el parque todavía lleno de palmeras, bancas antiguas y personas caminando sin prisa frente al palacio. Todo parece más lento, más tranquilo, más bello y justo ahí en medio, se alza omnipotente, orgulloso y emblemático el palacio municipal de Misantla, con sus balcones y su reloj marcando el tiempo.

Me da gusto leer sobre los peritajes, las grietas y los riesgos estructurales, que esta administración que encabeza el químico René Omar Jaén Domíonguez, decida reparar “el corazón de Misantla”, y vuelvo a pensar en mi bisabuelo papá Beto, diciendo orgulloso que aquel edificio era hermoso. Y sí.

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