mayo 11, 2026

En Esta Hora

Porque la noticia… no puede esperar

“Tan buenos… que no sirven para nada”

Compartir:

Vivimos tiempos curiosos.Tiempos donde muchas veces confundimos la bondad con la debilidad, la amabilidad con la sumisión, y la prudencia con la falta de carácter. Por eso, de vez en cuando, aparece esa frase incómoda, provocadora y hasta cruel:

Hay gente tan buena, tan buenaque no sirve para nada.”

Y aunque la expresión suena dura, detrás de ella existe una reflexión profunda que vale la pena analizar.

Porque ser bueno no debería significar ser ingenuo. Ni permitir abusos. Ni vivir incapaz de decir “no”. Ni convertirse en espectador pasivo de la injusticia, del desorden o de la mediocridad.

A veces hay personas que, queriendo quedar bien con todos, terminan no ayudando verdaderamente a nadie.
Nunca contradicen. Nunca ponen límites. Nunca corrigen.
Nunca toman decisiones difíciles. Y entonces la “bondad” deja de ser virtud… para convertirse en evasión.

Porque también existe una falsa bondad: la del que evita conflictos por comodidad, la del que calla por miedo, la del que sonríe mientras permite abusos, la del que jamás se compromete para no incomodar a nadie.

El servicio auténtico no siempre es suave. A veces exige firmeza. A veces requiere carácter. A veces implica decir verdades incómodas.
Un padre que jamás corrige a sus hijos, no educa. Un gobernante que busca caerle bien a todos, termina perjudicando a la sociedad. Un amigo que nunca se atreve a decirnos que estamos equivocados, quizá no nos ama tanto como creemos.

La verdadera bondad tiene estructura, criterio y sentido común. Porque el bien sin inteligencia puede causar daño. Y la compasión sin límites puede convertirse en permisividad.

Incluso en la vida cotidiana vemos ejemplos constantemente. Hay personas incapaces de tomar decisiones, de organizar, de resolver, de actuar con eficacia… pero se justifican diciendo:
“Es que yo soy muy bueno.” Como si la bondad fuera incompatible con la responsabilidad. Y no. Las personas verdaderamente buenas suelen ser también las más útiles: las que resuelven, las que ayudan, las que sostienen, las que sirven, las que actúan cuando todos los demás se paralizan.

La bondad auténtica no es pasividad. Es compromiso. No es quedar bien. Es hacer el bien. Y muchas veces hacer el bien implica incomodarse, desgastarse, poner orden, corregir, enfrentar problemas o asumir costos personales.

Hay quienes creen que “ser buenos” consiste únicamente en rezar, sonreír o hablar bonito… mientras permanecen indiferentes ante el sufrimiento, la injusticia o la necesidad concreta de los demás, creen que rezando por la paz del mundo los hace buenos.

Pero el amor verdadero siempre produce acción. De poco sirve una bondad que nunca transforma nada. De poco sirve una amabilidad incapaz de defender al débil. De poco sirve una actitud “muy noble” si nunca se traduce en responsabilidad, trabajo, compromiso o ayuda real.

Incluso espiritualmente, la tibieza siempre ha sido vista como una forma peligrosa de mediocridad. El libro del Apocalipsis lo expresa con una dureza sorprendente:

Conozco tus obras: no eres ni frío ni caliente. ¡Ojalá fueras frío o caliente! Pero como eres tibio, ni frío ni caliente, voy a vomitarte de mi boca.
Apocalipsis 3:15-16

La frase puede parecer extrema, pero contiene una verdad incómoda:
la indiferencia, la ambigüedad permanente y la falta de carácter terminan desgastando más que el error mismo.

Porque hay personas que nunca hacen daño… pero tampoco hacen el bien. Nunca se comprometen. Nunca defienden. Nunca corrigen.
Nunca construyen. Viven instaladas en una “bondad tibia”, cómoda y pasiva, donde el miedo a incomodar termina siendo más fuerte que el deseo de transformar.

Quizá todos, en algún momento de la vida, hemos conocido personas así.
Gente amable, correcta y aparentemente “muy buena”… pero incapaz de sostener, decidir, defender, construir o actuar cuando realmente hacía falta. Y quizá, si somos honestos, también nosotros hemos caído alguna vez en esa comodidad disfrazada de bondad.

Y tal vez ahí está la diferencia entre parecer buenos… y hacer realmente el bien.

gerardolunadar2013@gmail.com

Compartir: