La reciente declaración del Diputado Carlos Marcelo Ruiz Sánchez, Coordinador del PVEM en el Congreso de Veracruz, sobre permitir la reelección de sus legisladores en 2027, abre un debate que es necesario sobre la ética de las alianzas y el verdadero espíritu de la reforma política reciente en México.
Bajo el argumento de que “la Constitución lo permite hasta 2030”, el Partido Verde parece estar eligiendo pavimentar el camino del pragmatismo por encima de la transformación democrática que sus propios aliados vienen promoviendo.
La legalidad en contra de la congruencia política es cierta: técnicamente, los candados a la NO reelección impulsados por la administración de la presidenta Claudia Sheinbaum y Morena cuentan con artículos transitorios que extienden su obligatoriedad jurídica hasta finales de la década, más sin embargo, “en la construcción de la vida pública, lo que es legal no siempre resulta congruente con las demandas de legitimidad social”.Si el PVEM pretende caminar de la mano con un proyecto de nación que busca erradicar de fondo el “chapulinismo” y el anquilosamiento de las élites en el poder, utilizar los recovecos temporales de la legislación para mantener a los mismos rostros en las curules constituye una clara y evidente contradicción ideológica.
Una alianza de izquierda o progresista no debería limitarse a acuerdos de rentabilidad electoral, sino sostenerse en una firme identidad desde sus principios éticos comunes.
El mito de que “el ciudadano juzga en las urnas”, resulta el argumento de Ruiz Sánchez al señalar que deben ser los ciudadanos quienes valoren el desempeño en las urnas es, dentro del sistema político mexicano actual, una verdad a medias, quien diga lo contrario miente.
En contextos de coaliciones totales y distritos electorales con un arraigo masivo de marcas partidistas, el votante suele sufragar por las siglas de la plataforma nacional o por la figura presidencial, más no necesariamente por el historial específico del candidato local.
Así pues, permitir la reelección sistemática bajo este pretexto suele traducirse en dos vicios democráticos claros: “un claro bloqueo al relevo generacional”, pues se cierran los canales de la participación activa a los cuadros jóvenes, pero también a los independientes que traen consigo perspectivas e ideas frescas para legislar.
Y además, la perpetuación de las ventajas estructurales, ya que un legislador en funciones dispone de una plataforma de visibilidad pública, con redes clientelares y el acceso a los recursos institucionales de los que carece cualquier aspirante común, fracturando de inicio el principio de la equidad en la contienda.
Aquí hay un Punto Clave, la verdadera madurez con una solidez democrática no se mide por la cantidad de ocasiones consecutivas en que un mismo personaje pueda aparecer en la boleta, sino por la apertura del sistema para que distintos perfiles tengan la oportunidad real de representar a su zona distrital y el estado.
Hay un riesgo para la cohesión de la coalición en Veracruz, ya que se han delineado algunos lineamientos políticos definidos para combatir el nepotismo y atajar la acumulación indefinida de posiciones con el carácter de representación popular.
Ahora bien, que la bancada del PVEM opte de una manera deliberada – aparentemente – por avanzar en el sentido opuesto genera una fisura en la narrativa de la unidad interna.
Resulta sumamente complejo explicarle a la ciudadanía y a los electores activos y pasivos que, mientras el partido mayoritario de la coalición asume una disciplina de renovación, su aliado histórico explota todas las excepciones técnicas para preservar sus cuotas de poder.
El nepotismo y la urgencia de las transformaciones reales son un asunto NO menor.
Y es que la propuesta del PVEM orientada a postergar la etapa y fecha de vigencia práctica de la prohibición del nepotismo hasta el año 2029 robustece la percepción pública de un partido que busca ganar las prórrogas legislativas en lugar de encabezar la ética pública con el ejemplo diario.
La sociedad veracruzana actual NO demanda representantes que esperen la llegada de un plazo punitivo para modificar sus dinámicas internas; exige organizaciones políticas que asuman la transparencia y la movilidad democrática como convicciones intrínsecas e inmediatas.
DE SOBREMESA
La reelección en 2027 podrá contar con el amparo de la letra de la ley, pero frente a una sociedad civil con un elevado número de electores cautivos del abstencionismo, que exige que continúen los cambios y las transformaciones, persistir en la posición Verde representa un repliegue frente a los cambios históricos que el país y Veracruz buscan consolidar.
UN CAFÉ MUNDIALISTA CON DOBLE CARGA
La Presidenta Sheinbaum y la Gobernadora Nahle, han venido impulsando y promoviendo la NO reelección en todos los puestos de elección popular y un rotundo NO al nepotismo.
Dicho de otra forma, no creo que haya quienes se atrevan a colocarse en sentido contrario sobre la autopista del proceso electoral local y federal, venideros.
¡ES CUANTO!
enriquezambell@gmail.com;
enamjl62@gmail.com
Imagen de portada: La reelección consecutiva de diputados federales y el alcance de las facultades regulatorias del INE – NEXOS
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