septiembre 21, 2026

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Quiero llegar a los 500 años

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Hace unos días les dije a algunos amigos que me he hecho una promesa: quiero llegar a los 500 años de vida.

Sí, ya sé lo que están pensando. Que ni Matusalén. Que seguramente me afectó levantarme temprano, tomar mate o querer cuidarme demasiado.

Pero mi propuesta tiene una pequeña trampa histórica: quiero llegar al quinto centenario de la fundación de la Muy Noble y Leal Ciudad de Zacatecas, en 2046.

Como todavía faltan veinte años, ya comencé a hacer convenios. Un amigo me propuso encontrarnos el 8 de septiembre de ese año, a las doce del mediodía, en la Plaza de Armas. Le advertí que no se vale llegar tarde: tenemos tiempo suficiente para organizarnos.

Por supuesto, tendremos que vernos muchísimas veces antes. Sería absurdo reservar una cita para dentro de veinte años y olvidarnos de vivir mientras llega.

Quise dejar hecho este compromiso antes de que termine septiembre, ahora que antier  concluyó nuestra Feria Nacional de Zacatecas, conmemorativa de la fundación de la ciudad. Entre celebraciones y encuentros, me pareció el momento oportuno para mirar hacia adelante.

Y ahí está la parte seria de esta ocurrencia.

Muchas veces pensamos en vivir mucho, pero no suficientemente en vivir bien. Queremos agregar años a la vida, cuando lo importante es agregar vida a los años.

Llegar a 2046 no dependerá solamente de nuestra voluntad. La vida tiene sus propios planes y nunca firma contratos a largo plazo. Pero sí podemos cuidarnos: caminar, comer mejor, reír, atender nuestra salud y alejarnos de aquello que nos amarga innecesariamente la existencia.

Y, sobre todo, conservar amigos. Porque llegar a viejo con muchas cosas no es lo mismo que llegar rodeado de afectos.

También habrá que mantener la curiosidad: seguir leyendo, aprendiendo y haciendo proyectos, aunque alguien pregunte: «¿Para qué, si ya estás grande?». Uno empieza a envejecer cuando deja de tener algo que esperar.

Por eso me gusta poner fechas en el horizonte: viajes, un libro más, comidas con amigos y celebraciones especiales.

Esta cita tiene para mí un significado particular. Zacatecas es mi ciudad, donde nací y donde mis ancestros dejaron huella, como digo con cariño, dejé enterrado el ombligo en su Centro Histórico. Sus calles forman parte de mi historia y de mi manera de mirar la vida.

Sé que quizá no todos llegaremos a ese encuentro. Pero quien falte podrá estar presente en una anécdota, una fotografía o una risa compartida. Hay personas que, aunque ya no estén físicamente, siguen llegando puntuales a las reuniones del corazón.

A mis amigos y lectores de otros estados y países también les extiendo la invitación. Ojalá podamos encontrarnos en Zacatecas, caminar por sus calles, abrazarnos y celebrar juntos sus primeros cinco siglos.

Probablemente llegaremos diciendo que antes las cosas eran mejores, aunque nuestros hijos y nietos nos recordarán que siempre hemos dicho lo mismo.

Y seguramente alguno preguntará:

—¿Cómo le hiciste para llegar?

Espero poder responder:

—Viviendo.

No sobreviviendo. Viviendo. Queriendo, compartiendo, dando y disfrutando cada etapa sin querer adelantar la siguiente.

Así que queda hecha la invitación: 8 de septiembre de 2046, doce del día, Plaza de Armas de Zacatecas.

Ahí nos vemos. Y no me vayan a salir con que se les olvidó. Tenemos veinte años para ponerlo en la agenda.

gerardolunadar2013@gmail.com

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