abril 14, 2026

En Esta Hora

Porque la noticia… no puede esperar

¿Quién nos robó el mes de abril?

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Hay meses que pasan… y hay meses que se quedan.

Abril, por ejemplo, siempre regresa puntual, con su promesa de primavera, con sus días que parecen más largos y su luz que invita a comenzar de nuevo. Pero para algunos, abril ya no es solo un mes: es una frontera invisible entre lo que fuimos y lo que aprendimos a ser, con esa mezcla inevitable de nostalgia y sentido.

Hay quienes, en abril, perdieron algo que no se puede reemplazar.

No siempre tiene nombre.

A veces es una persona.

A veces una etapa.

A veces una versión de uno mismo que ya no volvió.

Y entonces, aunque el calendario insista en avanzar, hay una parte del tiempo que se queda suspendida, como si alguien hubiera decidido —sin pedir permiso— llevarse un pedazo de nuestra historia.

Hay meses que el calendario no puede explicar, porque se quedan marcados en la memoria. Fechas que nos recuerdan que el tiempo siguió su curso, pero algo se detuvo para siempre. No es solo la ausencia… es la forma en que esa ausencia se instala en la vida cotidiana.

Por eso, cuando uno escucha a Joaquín Sabina preguntase; “¿quién me ha robado el mes de abril?”, deja de ser una metáfora y se vuelve una verdad íntima. Porque no es el mes lo que se pierde… es la manera en que lo vivíamos antes de que la ausencia llegara a quedarse.

Porque hay pérdidas que no hacen ruido, pero lo cambian todo.

Hay ausencias que no se ven, pero se sienten en cada rincón: en una silla vacía, en una llamada que ya no ocurre, en una palabra que ya no se escucha, pero que sigue habitando dentro de nosotros.

Y, sin embargo, la vida —con su terquedad luminosa— sigue empujando. Nos enseña, poco a poco, que lo perdido no desaparece del todo.

Se transforma.

Se vuelve recuerdo…

se vuelve enseñanza…

se vuelve una forma distinta de presencia.

Quizá nadie nos robó abril. Quizá abril vino a enseñarnos que hay cosas que no se quedan para siempre, pero sí nos acompañan toda la vida. Pero también es cierto: no es solo abril.

Puede ser cualquier mes del calendario el que nos devuelva un nombre, un rostro, una historia. Porque hay fechas que dejan de ser días y se convierten en memoria viva… en ese lugar íntimo donde quienes ya no están, siguen estando de otra manera.

Y entonces, como en esa escena que canta Sabina:

Y cuando por la calle pasa la vida como un huracán, el hombre del traje gris saca un sucio calendario del bolsillo y grita:

¿quién me ha robado el mes de abril?, ¿cómo pudo sucederme a mí?

No es solo una canción. Es casi un diagnóstico. Porque todos, en algún momento, nos hemos descubierto así: sorprendidos por la vida, preguntándonos en qué momento cambió todo, en qué instante lo cotidiano se volvió ausencia, en qué fecha dejamos de ser los mismos sin darnos cuenta.

Ese hombre del traje gris no es otro… somos nosotros, cuando la vida nos alcanza. Y entonces entendemos que el verdadero homenaje no está en detener el tiempo, sino en seguir viviendo con la huella de lo que amamos.

Porque al final, lo que alguna vez fue importante… nunca deja de serlo.

Abril —o cualquier mes— deja de ser solo tiempo… y se vuelve memoria, herida… y también presencia.

gerardolunadar2013@gmail.com

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