Alguna vez Xalapa fue motivo de orgullo para Veracruz; la Ciudad de las Flores era reconocida por sus áreas verdes, su clima, su vida cultural y la calidad de vida que ofrecía a quienes habitaban y visitaban la capital del estado.
Hoy, infortunadamente, la realidad es muy distinta.
La capital veracruzana debería ser un referente de servicios públicos eficientes, infraestructura urbana funcional, espacios públicos dignos y una adecuada planeación para el futuro; después de todo, aquí se concentran los poderes del estado e importantes instituciones educativas.
Sin embargo, la gente se pregunta qué ocurrió con la ciudad que alguna vez fue considerada una de las mejores para vivir en el país y por qué se generaron y crecieron tantos problemas.
En la Atenas Veracruzana, un problema grave es la falta de agua; miles de familias enfrentan interrupciones constantes en el suministro, un tandeo con calendario que pocas veces se cumple y la incertidumbre de no saber cuándo volverá a salir agua de sus llaves.
Lo más preocupante es que la crisis no afecta únicamente a los hogares, comercios y empresas, sino que existen espacios públicos donde los servicios básicos no pueden operar con normalidad precisamente por la falta de agua.
Ejemplo de ello es el Centro Recreativo Xalapeño, uno de los espacios culturales más destacados de la ciudad. Resulta difícil entender cómo el ayuntamiento que encabeza Daniela Griego, promueve actividades culturales, turísticas y recreativas cuando ni siquiera puede garantizar el funcionamiento de los sanitarios para quienes visitan el lugar.
Ante la falta de agua en Xalapa, una de las soluciones anunciadas ha sido la construcción de un acueducto. Según se ha dicho, permitiría fortalecer el abastecimiento del vital líquido; el problema es que, hasta ahora, el proyecto es solo eso: un proyecto, no hay una fecha clara para el inicio y conclusión de la obra.
Sin embargo, el agua no es el único problema; las calles muestran un deterioro evidente; baches, hundimientos y pavimento dañado forman parte del paisaje cotidiano; a ello se suman semáforos inservibles y un alumbrado público insuficiente y deficiente en diversas zonas de la ciudad.
Como si los problemas de infraestructura y servicios básicos no fueran suficientes, en breve iniciará un problema aún más grave: la basura.
El relleno sanitario de El Tronconal se encuentra muy cerca de agotar su capacidad operativa y se desconoce cuál será el destino final de los residuos cuando el sitio llegue a su límite.
A ello se suma una pregunta que sigue sin respuesta convincente: ¿qué ocurrió con la sexta celda?
La obra fue construida durante la administración municipal anterior con una inversión superior a los 90 millones de pesos y tenía como objetivo ampliar la vida útil del relleno sanitario para continuar depositando ahí la basura; sin embargo, sigue sin operar debido, supuestamente, a irregularidades detectadas durante el proceso de entrega-recepción.
Es decir, mientras Xalapa se acerca a una posible crisis en la disposición final de residuos, existe una obra millonaria que fue diseñada precisamente para evitar ese escenario y que sigue sin funcionar.
Además, hay algo que tampoco puede ignorarse: los abusos de la Policía Municipal que durante los últimos años se han documentado a través de denuncias ciudadanas por detenciones arbitrarias, uso excesivo de la fuerza, violaciones a derechos humanos y muertes en extrañas circunstancias dentro de la cárcel municipal.
La propia autoridad ha reconocido la baja de elementos municipales por abusos y la existencia de expedientes internos por conductas indebidas.
Pero ¿cómo llegó la capital del estado a enfrentar simultáneamente problemas de agua, basura, vialidades deterioradas, servicios públicos deficientes y policía incompetente?
La pregunta cobra aún más relevancia si se considera que desde 2018 Xalapa ha sido gobernada por administraciones emanadas de Morena: Hipólito Rodríguez, Ricardo Ahued con Alberto Islas y ahora Daniela Griego.
Son casi ocho años de continuidad política en el Ayuntamiento, tiempo suficiente para planear, corregir, invertir y resolver, porque la continuidad gubernamental suele utilizarse como argumento para presumir estabilidad, aunque también debería servir para exigir resultados.
Después de casi ocho años de continuidad política, surge otra pregunta: ¿qué ciudad están dejando los gobiernos morenistas? las explicaciones comienzan a agotarse y los resultados están hablando.
Hoy, para muchos xalapeños y para el turismo que evalúa el antes y el después, la Ciudad de las Flores parece más cercana a la resignación que a la esperanza mientras que para los políticos que gobernaron y gobiernan, la capital seguirá siendo el reflejo de una oportunidad desperdiciada y una ineptitud evidenciada.