julio 24, 2026

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Piso parejo

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“¡Serenidad y paciencia!”, es la frase más icónica de Kalimán, uno de los superhéroes más emblemáticos de México.

Precisamente, eso les dijo Citlali Hernández a los numerosos aspirantes de la 4T a las 17 gubernaturas del país.

Pocas palabras pesan tanto como un “todavía”. Y cuando ese “todavía” viene de quien tiene en sus manos el proceso interno para definir las candidaturas que estarán en disputa, el mensaje adquiere un significado mayor.

Citlali fue contundente: “No hay nada decidido”.

¡Quietos todos!

La expresión no fue casual. Llegó en un momento en que comenzaron a multiplicarse las versiones sobre candidatos “amarrados”, acuerdos en lo oscurito, favoritos de Palacio, encuestas filtradas y listas que circulan más rápido en WhatsApp que en los propios órganos del partido.

La responsable del proceso interno quiso apagar el fuego antes de que consumiera la disciplina partidista.

El mensaje va dirigido a todos.

A quienes ya mandaron imprimir espectaculares.

A quienes se sienten gobernadores antes de tiempo.

Y también a quienes, convencidos de que todo está arreglado, han comenzado a operar por fuera del partido.

La dirigencia nacional insiste en que el método será el mismo que ha utilizado Morena desde hace varios años: la tan manoseada encuesta.

En teoría, no decidirán las amistades, los padrinazgos políticos, el dinero invertido en promoción personal ni las presiones de grupos locales.

Ganará quien aparezca mejor posicionado ante la ciudadanía.

Al menos esa es la promesa.

No obstante, la historia reciente demuestra que cada encuesta interna termina generando inconformidades. Siempre hay quien cuestiona la metodología, quien reclama falta de transparencia o quien asegura haber sido víctima de decisiones previamente tomadas.

Las encuestas, paradójicamente, suelen resolver una candidatura mientras abren varias heridas.

Por eso la declaración de Citlali también funciona como un llamado a contener la ansiedad.

En política, el peor error es adelantarse.

Muchos aspirantes ya recorren municipios, inauguran oficinas, llenan redes sociales de fotografías con ciudadanos y hasta diseñan discursos de toma de protesta.

Pero la realidad es otra.

Todavía nadie tiene asegurada la candidatura.

En estados donde Morena gobierna, la competencia interna será intensa porque el partido conserva una enorme ventaja electoral.

Y donde es oposición, la definición será igualmente estratégica porque se buscarán perfiles capaces de competir en territorios complejos.

De ahí que la dirigencia pretenda enviar una señal de piso parejo.

¿Será suficiente?

Esa es la gran incógnita.

Porque conforme se acerquen los tiempos oficiales aumentarán las presiones, las campañas disfrazadas, las filtraciones interesadas y los intentos de influir en la opinión pública.

La política mexicana rara vez conoce la paciencia.

Todos quieren llegar primero.

Todos creen tener la bendición definitiva.

Y casi todos terminan descubriendo que las decisiones importantes suelen tomarse hasta el último momento.

Por ahora, Morena intenta contener la efervescencia con una receta sencilla: “Serenidad y paciencia.”

La frase recuerda inevitablemente al célebre consejo de Kalimán, aquel personaje que enfrentaba las mayores tormentas sin perder la calma.

Quizá eso sea precisamente lo que necesita hoy el partido oficial: menos desesperación, menos protagonismo y más disciplina.

Porque, como advirtió Citlali Hernández, todavía no hay nada decidido.

Y en política, el que festeja antes de tiempo, muchas veces termina asistiendo al triunfo… pero de otro.

Así de sencillo.

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