julio 21, 2026

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Perversidad

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No todo lo que brilla es oro, dice el refranero.

Por eso se recomienda desconfiar de las apariencias.

Y lo describo, porque la falsa sonrisa de Trump esconde golpes certeros.

El Presidente más poderoso del mundo es el manual de la perversidad política hecha doctrina.

Da la mano derecha y pega con la izquierda. Sonríe para la foto y cobra en la letra chiquita.

Invitó a Claudia Sheinbaum a la final del Mundial en Nueva York como muestra de “buena coordinación” entre gobiernos, y 24 horas después le reventó a México y Canadá el inicio de la revisión anual del T-MEC con la amenaza de aranceles del 50% y la exigencia de más contenido gringo en todo.

A Sheinbaum la apapacha y después la amenaza. Le dice que hay buena relación, pero en la misma semana su DEA suelta que hay una “conexión mortal” entre el gobierno mexicano y los cárteles, y su zar antidrogas Sara Carter advierte: “Vamos a ir tras ustedes; si no cooperan, los vamos a atacar y se van a arrepentir”.

Y cuando amenaza, cumple.

Ya acusó formalmente a un gobernador en funciones, Rubén Rocha, y mantiene en la mira a Durazo, Villarreal y Marina del Pilar. Ya usa el expediente de la narcopolítica como ariete para justificar incursiones más allá de su frontera.

Esa es su fórmula: seducir para someter.

Porque en el fondo, opera una máxima vieja, contundente y brutal: el que paga, manda.

Y hoy el que paga es Washington. El que pone el mercado, el que pone las armas, el que pone los dólares. Y el que cobra, cobra con aranceles, con listas negras de políticos y con visas revocadas.

Sheinbaum ha respondido que México no se subordina. Pero la perversidad de Trump está diseñada justo para eso:  ponerte a defender soberanía mientras te va cerrando la chequera.

No es un aliado. Es un prestamista que te invita a su fiesta para recordarte cuánto le debes.

LA LISTA

Si lo de Trump fuera solo aranceles, sería un pleito comercial. Pero no lo es. Es un expediente penal.

La perversidad no termina en el T-MEC. Empieza después.

Washington ya no habla de “cooperación”. Habla de “limpia”. Y no está pidiendo. Está avisando.

La lista ya circula en Palacio Nacional: Adán Augusto López (“el hermano”), Rubén Rocha, Alfonso Durazo, Américo Villarreal y Marina del Pilar.

Esa es la lista corta. La larga, dicen en la Casa Blanca, tiene 20 nombres más.

La presidenta de México está atrapada: si limpia, fractura su movimiento y confirma la narcopolítica. Si no limpia, Washington la limpia desde afuera.

Por eso apapacha y amenaza al mismo tiempo. Porque el apapacho es para la Presidenta. La amenaza es para el sistema que la rodea.

El efecto dominó ya comenzó.

Desde el salón Oval están calendarizando caídas.

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