La frase popular lo resume todo: “Para tener la lengua larga, hay que tener la cola corta”.
En otras palabras: para criticar, señalar y opinar sin miedo, primero hay que ser congruente.
Hoy, desde el poder omnímodo se estira la mano para calificar, exhibir y hasta amedrentar a los medios, vale recordar que la libertad de expresión no se negocia.
El sabio proverbio resuena hoy con una fuerza distinta.
La libertad de expresión, advierten, no debe estar sujeta al humor del gobernante en turno.
Porque cuando desde el poder se estira el dedo para señalar a los medios, la primera reacción de muchos es revisar si no tienen “cola” que les pisen.
En los últimos años hemos visto cómo desde Palacio Nacional se ha convertido en rutina el exhibir, calificar y hasta descalificar a periodistas y medios. Con nombre y apellido. Con portadas en la pantalla. Con el micrófono del poder como única verdad.
No se trata de si las críticas gustan o no. Toda autoridad merece escrutinio. Para eso estamos los comunicadores. El problema es cuando ese escrutinio se convierte en castigo, cuando la crítica se responde con censura, con estigmatización, con el uso de recursos del Estado para acallar voces incómodas.
Ahí es donde entra el aforismo. “Lengua larga para opinar, para preguntar, para investigar. Cola corta para no deber favores, para no recibir chayote, para no tener compromisos que te amordacen.
Un periodista con cola larga no puede hablar. Y un gobierno con cola larga no debería exigir silencio.
En Veracruz lo sabemos bien. Aquí la prensa ha aprendido a punta de golpes que hablar cuesta. Que preguntar incómoda. Que publicar la nota dura te deja sin publicidad oficial, sin acceso a la fuente, o peor. Por eso valoramos tanto a quienes, pese a todo, mantienen la lengua larga.
La libertad de expresión no es un regalo del gobierno. Es un derecho. Y no se negocia en la mañanera ni se concede por decreto. Se ejerce todos los días, con responsabilidad, pero sin miedo.
Por eso desde la Asociación de Comunicadores del estado de Veracruz (ACOVER) y desde muchos gremios periodísticos lo decimos claro: vamos a seguir teniendo la lengua larga. Vamos a seguir preguntando, publicando y señalando lo que esté mal, venga de donde venga.
Y al mismo tiempo vamos a cuidar tener la cola corta. Transparencia en nuestras acciones. Claridad en nuestras líneas editoriales. Cero complicidades. Cero pactos en lo oscurito.
Porque una democracia se podría medir así: qué tan larga puede ser la lengua de sus críticos, y qué tan corta es la cola de quienes gobiernan.
Si para opinar hay que pedir permiso, entonces no hay libertad. Si para informar hay que alinearse, entonces no hay periodismo.
Que se escuche fuerte en todos los centros políticos: preferimos mil veces una lengua larga y una cola corta, a una cola larga y una boca bien cerrada.
Imagen de portada: pauferia/// Bien dicen que… Pa tener la lengua larga hay que tener la cola corta. 🐸🐸🐸