Si cuando López Obrador se estaba terciando la banda presidencial, alguien me hubiera dicho que en unos años tanto él como su partido caerían en un tobogán de descrédito y desconfianza, palabra de honor que no lo hubiera creído. Y menos cuando vi el ascenso de la primera mujer presidenta y Morena llegó a su cenit.
“A partir de ahora comienza el descenso de Morena que será paulatino y durará algunos años. Sin otro líder como Andrés Manuel el partido no estará en el candelero político los 70 años que estuvo el PRI, pero si le vaticino otros cuatro lustros”, me dijo un analista.
Pero el golpe que le dio el gobierno de Estados Unidos al pedir la detención con fines de extradición de diez funcionarios (todos de Morena) señalados de tener nexos con el narco, fue letal porque afectó los cimientos del partido y lo convirtió, casi de la noche a la mañana, en sinónimo de latrocinio, corrupción, narcopolíticos y narcogobiernos.
Lo que aumentó el descrédito de Morena fue la reacción presidencial consistente en pretender que aquí no pasa nada y en defender a un sujeto como Rubén Rocha Moya, gobernador con licencia de Sinaloa, criminal por donde se le mire, narcopolítico y traidor a la patria mientras no se demuestre lo contrario.
Atrapada entre las amenazas de Trump (que no tarda en cumplir) y las elecciones del 2027, la presidenta Sheinbaum apenas respira.
A principios de este mes se reunió con su gabinete y sus aliados del PVEM y PT a quienes dijo que para ganar las elecciones nada como el ejemplo de López Obrador que recorría ciudades, rancherías y comunidades hablando con la gente. “Dejen la oficina y hagan trabajo de campo, gástense la suela de los zapatos”.
El problema es que ese modelo tenía un líder que prometía acabar con la corrupción y la violencia. Pero ese líder ya no está por lo que Claudia propuso llevar un mensaje: “Díganle a la gente que en México sólo hay dos proyectos: el de los entreguistas y el de la transformación”.
Desde su óptica, la presidenta piensa que aquellos que están porque se envíe a Rocha Moya a Estados Unidos son “entreguistas”, pero se equivoca. Y hablar de la transformación que ha dejado un país dividido socialmente y quebrado económicamente, es una pésima estrategia de campaña.
Por su parte, Ariadna Montiel Reyes, la flamante presidenta nacional de Morena, insiste en que “los corruptos y ladrones no tienen cabida en nuestro partido”.
¿De dónde irán a sacar candidatos para el 2027si desde que llegaron al poder ocho de cada diez morenos son corruptos, ladrones, narcopolíticos o las tres cosas?
¿Qué hacer?
En su columna del martes, el periodista Mario Maldonado dice que la revisión de candidaturas de Morena pasará por el filtro de Omar García Harfuch, que tendrá acceso a los expedientes financieros que permitan detectar riesgos criminales y políticos entre los aspirantes.
Agrega que Harfuch operará con información del Centro Nacional de Inteligencia, de Hacienda y la UIF para seguir la ruta del dinero, relaciones y antecedentes de los posibles candidatos en un esquema que seguramente no gustará al ala más radical de Morena.
Deja lector al ala radical. La medida no gustará a nadie; menos a los que tienen dinero de dudosa procedencia en los bancos y son los que más van a pegar de gritos.
Por otra parte, la bofetada para el señor de Palenque será brutal porque le quitarán el poder de elegir. Y porque Harfuch (al que ve como enemigo) se convertirá en algo así como El Gran Elector con la carga política que eso conlleva. Algo que ni en sus peores pesadillas como presidente llegó a soñar.
Acá en Veracruz, ¿cómo irá a reaccionar Cuitláhuac García que anda en busca de posiciones para él y sus cuates, cuando les digan que la cola que tienen les impide alcanzar una candidatura?
Pero en caso contrario, ¿con qué cara le van a hablar al electorado de honestidad y decencia? ¿Con qué cara se van a presentar como ejemplos en el combate a la corrupción?
Salvo tu mejor opinión lector, el triunfo de Morena el próximo año tiene que pasar casi forzosamente por la detención y extradición de Rubén Rocha Moya y sus compinches. Pero además por la detención y también extradición de Adán Augusto López, Mario Delgado, Alfonso Durazo, Américo Villarreal, Alfredo Ramírez Bedolla, Marina del Pilar Ávila y al menos una veintena de funcionarios de medio pelo hacia arriba que de acuerdo con Estados Unidos, están coludidos con el narco.
Es la única manera de que Morena capoté la tormenta que tiene encima. Pero mientras en Palacio Nacional sigan defendiendo lo indefendible, que no esperen otra cosa que un naufragio.
bernagup28@gmail.com
Imagen de portada: Sol de Yucatán
Historias similares
Otro gober moreno bajo la lupa
La crisis de los desaparecidos
Huelga y Mundial: Cara a Cara