A la una de la tarde yo estaba frente a la freidora de aire cocinando una croquetas de pollo y papa, mientras escuchaba a Joaquín López-Dóriga hablar con Rubén Moreira y Arturo Ávila sobre la cancelación de la visa de Andy López Beltrán, mientras el televisor me regalaba la imagen de los coordinadores de las bancadas de morena y el PRI con “El Teacher”, pensé que la política mexicana tiene una curiosa manera de mostrarnos sus contradicciones justo cuando menos las buscamos.
Desde temprano, los noticieros de Ciro Gómez Leyva y Azucena Uresti le daban vueltas al mismo asunto. La dirigencia nacional de Morena hablaba de ataques sistemáticos de la ultraderecha contra el gobierno de la Cuarta Transformación y la cancelación de la visa comenzaba a adquirir, en el discurso político, dimensiones casi de asunto de Estado.
López-Dóriga, en cambio, ponía el dedo en otro lugar: el escándalo mediático tomó vuelo cuando Andy López Beltrán hizo pública una carta dirigida al presidente de Estados Unidos para explicar la cancelación de su visa. Y ahí apareció, otra vez, esa peculiar costumbre de nuestra clase política de convertir un problema personal en un asunto de soberanía nacional.
Porque una cosa es que Estados Unidos cancele una visa y otra, muy distinta, es que México haya perdido su soberanía. Una visa, hasta donde yo sé, no es un territorio nacional. Pero mientras en las pantallas se discutía si aquello era una afrenta, un ataque político o una maniobra de la ultraderecha, en Buenos Aires, Argentina, Omar García Harfuch hablaba ante la Conferencia Internacional para el Control de Drogas, organizada por la DEA.
Y ahí estaba el contraste. Harfuch no llegó a Buenos Aires a levantar la voz contra Estados Unidos, ni convirtió la cooperación internacional en una humillación para México. Habló de algo bastante menos estridente y, quizá por eso mismo, bastante más importante. Trabajar en coordinación, juntos contra el crimen organizado y el narcotráfico, respetando la soberanía de cada país.
Hasta la DEA, que no es precisamente una institución conocida por repartir elogios gratuitos, reconoció a Harfuch como un socio de confianza. Entonces pensé que quizá tenemos dos maneras muy distintas de entender la soberanía. Una consiste en pronunciarla muchas veces, elevarla a discurso, convertir cualquier desencuentro diplomático en una afrenta y encontrar culpables afuera.
La otra consiste en sentarse a trabajar con quien tiene información, recursos y responsabilidades compartidas para enfrentar a quienes realmente amenazan al país. Porque, seamos honestos, al narcotráfico poco le importa nuestra retórica, los delincuentes no necesitan visa para cruzar una frontera, ni el dinero, ni las armas.
Por eso resulta paradójico que mientras algunos políticos convierten la cancelación de una visa en una batalla nacional, el responsable de la seguridad mexicana esté buscando acuerdos internacionales para desmantelar células criminales y combatir las redes del narcotráfico.
Y entonces me quedé pensando en aquella frase que escuché alguna vez y que hoy parece venir como anillo al dedo: Hay soberanías que se defienden con discursos y soberanías que se defienden trabajando.
Pero en el caso de la visa de Andy, pareciera que se trata de una miniserie de drama de tres capítulos en los que el protagonista vive el peor de sus berrinches al darse cuenta que no es el príncipe heredero, sino un ciudadano más, que no es bienvenido en territorio gringo.
Y así como las miniseries, que concluyen, los mexicanos deberíamos de cambiar la serie y de paso entender la verdadera soberanía consiste precisamente en tener la capacidad de sentarse con otros países, poner sobre la mesa lo que se sabe, compartir información y perseguir juntos a quienes durante décadas han demostrado que las fronteras les importan bastante menos que a nuestros políticos.
Mientras tanto, yo ya andaba con la ensalada y el perro ladraba a un gato que se había metido furtivamente al traspatio, López Doriga ya se estaba despidiendo de su noticiero en Radio Formula y los dos temas seguían en la agenda mediática: Andy sin visa, Harfuch en una reunión con la DEA y México, como siempre, tenía dos discursos para explicar lo mismo, apagué el televisor y le pedía a Alexa me pusiera “la playlist” de Alejandro Sanz. Qué cosas tiene la política, a veces uno necesita apagar la televisión para poder verla con claridad.