Ando de suerte! Pues no todos los días se encuentra uno a un médico afuera de una farmacia. Bueno, en estos tiempos tampoco es tan raro: adentro puede que no haya medicamentos y afuera puede estar el coordinador del IMSS-Bienestar.
Así fue como me encontré al doctor más famoso de Veracruz, Roberto Ramos Alor. Inconfundible. Bata blanca, sombrero y esos zapatos de pachuco que hacen pensar que en cualquier momento, en lugar de una receta, va a sacar los bongós.
NR: ¡Doctor Ramos Alor! ¡Doctor! ¿Me permite una entrevista sobre el desabasto de medicamentos?
RRA: Sí, sí… en un momento te doy información —me respondió mientras aceleraba el paso.
NR: ¡Espéreme, doctor! ¿Por qué corre? ¡Ya se parece al Correcaminos!
RRA: No corro. Voy de prisa.
NR: ¡Ah, caray! Entonces usted no es médico de cabecera…
RRA: ¡Claro que soy médico!
NR: De cabecera no sé, pero de carrera, seguro. ¡Cómo corre cuando ve reporteros!
Se detuvo. Me miró. Creo que no le gustó.
RRA: Mire, reportera, tenemos mucho trabajo y estamos atendiendo la situación, pero voy a contestarle porque luego inventan cada cosa.
NR: Precisamente por eso quiero la entrevista, para preguntarle por el desabasto.
RRA: Estamos trabajando en eso. ¿Qué no lo ve?
NR: Pues debería trabajar más, doctor, porque es evidente que si usted no se da abasto para responder, mucho menos se está dando abasto con los medicamentos.
RRA: ¡Medicamentos hay!
NR: ¿Dónde?
RRA: ¡Pues en los los hospitales!
NR: ¡Ah! ¿Y entonces qué hace la gobernadora buscándolos?
RRA: ¿Cómo?
NR: Pues Rocío Nahle ya no sólo es gobernadora. Por culpa de usted ahora también es supervisora de hospitales: anda recorriendo uno por uno, revisando medicamentos, insumos, material de curación… ¡Al rato la vamos a ver contando gasas!
RRA: La gobernadora está haciendo su trabajo.
NR: ¿Y el suyo quién lo está haciendo?
RRA: ¡Yo!
NR: ¡Ah, qué bueno! Por un momento pensé que también se lo habían encargado a Nahle.
Ramos Alor volvió a caminar con sus zapatos inconfundibles.
NR: Doctor, dicen que usted es mejor tocando los bongós que coordinando el IMSS-Bienestar.
RRA: ¡Yo soy músico!
NR: ¡Eso explica muchas cosas!
RRA: ¿Qué explica?
NR: Pues su relación con los médicos residentes.
RRA: ¡Estás pero si bien perdida! ¿Qué tiene que ver una cosa con la otra?
NR: Pues que con ellos ha resultado usted “muy música”.
Ahora sí que se encorajinó, y aceleró nuevamente el paso.
NR: ¡Ay, no se enoje!
RRA: Lo digo y lo sostengo, a ustedes ¡ningún chile les embona! ¡Nada les parece!
NR: Bueno, los médicos y residentes no quieren chiles, sino material quirúrgico, gasas, suturas, soluciones y medicamentos. ¡Eso si les embonaría!
RRA: Seguramente fuiste enviada por la derecha, ¡te ves más chayotera que reportera!
NR: ¡Oigame, qué le pasa! No sea majadero.
RRA: Tú empezaste primero, además ya no puede uno decir nada, porque todo lo politizan.
NR: Ahora resulta, le dicen “pobre pendejo” y usted se desquita conmigo y con los residentes.
RRA: ¡Esta entrevista se acabó!
NR: ¡Espere! Me falta preguntarle si es cierto que después de que la gobernadora termine su recorrido por los hospitales usted dejará el cargo “por motivos de salud”.
RRA: ¡Eso es falso!
NR: ¿Entonces está bien de salud?
RRA: ¡Perfectamente!
NR: Qué alivio. Porque con tanto desabasto, imagínese que se enfermara.
RRA: ¡Ya le dije que no voy a responder más!
NR: Una última, doctor: ¿qué les dice a los pacientes que siguen esperando medicamentos y a los médicos que reclaman insumos para poder operar?
RRA: ¡Ya le dije! ¡No le voy a contestar!
NR: Pero, doctor…
RRA: ¡Que no!
NR: ¿Entonces qué hago?
Ramos Alor se acomodó el sombrero, apretó el paso y, sin siquiera voltear, me recetó:
RRA: ¡Si no quiere que no le conteste… ¡Pues no entreviste!
Y se fue. No sé si conseguí la entrevista, pero al menos salí de la farmacia con algo que últimamente escasea menos que las medicinas: una receta de Ramos Alor.
*Entrevista Ficticia, con el único propósito de sacarle una sonrisa.
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