junio 12, 2026

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El plan de Américo

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Hay políticos que son buenos funcionarios, otros buenos operadores y unos cuantos buenos candidatos. Américo Zúñiga pertenece a esta última categoría. Lo demostró cuando compitió por el PRI.

La pregunta es si sería igual de buen candidato en otro partido.

Tras su renuncia a 30 años de militancia tricolor, dos institutos políticos aparecieron de inmediato en el radar de los analistas: Movimiento Ciudadano y el PVEM. En principio, por discurso y trayectoria, uno podría imaginarlo más cerca de MC, que intenta venderse como una opción opositora al partido en el poder. Sin embargo, conforme pasaron los días, las columnas, las circunstancias, los amigos y los enemigos comenzaron a colocarlo del lado del Verde: un partido aliado de la Cuarta Transformación, comodín de Morena y, para muchos, simple comparsa del poder.

II

Dicen que Américo tiene 30 años de militancia priista. Sus detractores aseguran que a esa cuenta habría que restarle algunos años de militancia en otro partido donde también hizo carrera, aunque sin credencial formal: el PP, el Partido Pepista.

No es ningún secreto que Américo Zúñiga terminó convirtiéndose en una extensión política de Pepe Yunes, a tal grado que cuando anunció su salida del PRI, más de uno dio por hecho que el peroteño seguiría el mismo camino. Pero si algo hay que reconocerles a ambos es que saben jugar con paciencia sus cartas. Entienden el valor del tiempo político y rara vez se mueven por impulso.

Entonces, ¿de qué estamos hablando?

¿De Américo candidato del PVEM a una diputación federal o local? Tampoco sería una novedad. Antes ya vimos a otros priistas brincar al Verde, como Anilú Ingram o Renato Alarcón Guevara.

La diferencia es que en el caso de Américo no parece un salto individual. Da la impresión de formar parte de algo más grande. Un triple salto mortal que difícilmente podría ejecutar solo.

III

Para 2027 parece prácticamente firmado que Morena y el PVEM volverán a caminar juntos en la renovación de los congresos federal y local.

La política tiene reglas no escritas que suelen cumplirse con más rigor que las escritas. Una de ellas dice que las candidaturas federales suelen llevar la bendición del Altiplano, mientras que las locales requieren el visto bueno del poder estatal.

Y ahí surge una pregunta inevitable:

¿La gobernadora daría luz verde al principal escudero de Pepe Yunes, el mismo Pepe que apenas en 2024 fue su rival electoral? ¿Al personaje que, además, tuvo a bien surtir de municiones a Arturo Castagné para algunas de las embestidas que se vieron en redes sociales y medios locales y nacionales?

No parece una decisión sencilla.

IV

Ahora vayamos más allá de la política y observemos el asunto desde la óptica social, desde la mirada del xalapeño.

Si Américo pasa del rojo al verde, del dinosaurio al tucán, del pepismo al javierismo, ¿cómo sería recibido por el ateniense?

Porque una cosa es cambiar de partido y otra cambiar de bando.

¿Estaría a un salto de convertirse en el nuevo Polo Deschamps? Tampoco. Lo de Polo fue tan evidente que terminó convirtiéndose en una marca registrada del chapulineo político.

Pero la sola posibilidad de que Américo transite de opositor a aliado genera ruido en el imaginario xalapeño. No sería el nuevo Polo. Correría más bien el riesgo de protagonizar un caso clásico del “del asquito al abrazote”. ¡El nuevo Ana Miriam!

Y eso, en política, suele costar más trabajo explicarlo que hacerlo.

V

La última esperanza de quienes todavía ven en Américo a un político de oposición es que termine acercándose a la Asociación Veracruzana Antipopulismo AC.

Porque si ocurre exactamente lo contrario, entonces habría que pensar en otra posibilidad:

Que el salto al Verde no sea únicamente el salto de Américo.

Que sea un puente.

Un puente para Pepe Yunes.

Y entonces la conversación cambia por completo.

Porque si bien en 2027 el PVEM caminará aliado con Morena, también es cierto que entre algunos cuadros verdes existe la idea de construir una candidatura propia para 2030.

¿Con Pepe?

¿Ya no con Javier?

Quizá estamos observando el futuro político de Américo.

O quizá estamos viendo apenas el primer movimiento de una operación mucho más grande.

Porque la verdadera pregunta ya no es a dónde va Américo.

La verdadera pregunta es quién viene detrás de él.

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