Por Raúl López ///Cosmovisión
Las escaramuzas anticipadas con los desencuentros desafortunados de las balas frías, los de la pólvora mojada y de la ansiedad por el asalto del poder, es el escenario mediático que se muestra en el día a día, olvidando que los enemigos del país están en otro lado, y aquí no hay lugar para los vende patrias.
Las emociones de violencia incontrolables, de la apología del delito que invade y que se deben evitar por los que se dicen estar en la actividad política.
El modelo patentado que regresa como bumerang, de la escuela anacrónica del pasado y que resurge desde la imitación.
El bajo discurso de la ofensa grosera que no tiene comparación con la baja ralea de los debates sin retórica y sólo prevalece la violencia tipo el Arte del Pancracio, sí de la pantomima de los políticos realizan de acuerdo sus puestas en escena, que no llegan a gallos de pelea, y se muestran como pitbull amarrados en la naturaleza real de una competencia sin valores, deshumanizada, con los gritos, golpes de simulación y la barbarie en plenitud, de los personajes atávicos descritos en la teoría de Cesare Lombroso “de los delincuentes natos”, con las características del prognatismo que los descubre y en los que encaja a la perfección Alejandro Moreno “Alito” que secuestró al PRI con su grupo de filibusteros, que sueñan con llegar al asalto del poder, algo que se ve muy lejano, quizá hasta imposible. Pero son parte de una democracia que se va extinguiendo como modelo de organización política en el mundo y se pasa al de cancelar elecciones y la cooptación de los derechos del hombre, que ya nadie protege como derechos humanos en la falacia de los seres con poder que se convierten en personajes bestiales y sólo emulan a los que tanto daño hicieron como Adolfo Hitler. De ese tamaño la dimensión del mal en la actualidad.
Por el modelo agotado, caduco y obsoleto que se niega a fenecer a pesar de la negra historia que los deberían mantener guardados para que poco puedan hacer, por el mal que ya tanto hicieron en un periodo de noventa años.
Y es que, todos de lado y lado el discurso de una narrativa equivocada los delata para los próximos procesos electorales erradicar la corrupción y los malos antecedentes de los aspirantes, hombres y mujeres a cargos electorales.
La nota la dieron Arturo Ávila de Morena y Carlos Gutiérrez del PRI, con una larga lista improperios, palabras altisonantes impublicables que algunos noticieros de televisión les repitieron noche y día como la información del momento y que ya no vende, porque de eso hasta el hartazgo se cansó la gente y de los que replican demostrando el mismo nivel de los personajes en un pleito peor que de bandas delictivas que superan hasta en el léxico que no hay con quien comparar en el pueblo que se muestra más preparado, tolerante y educado. La iglesia en manos de Lutero.
Por cierto, el nivel del periodismo, también se percibe en esa dimensión, cuando Sabina Berman y Bernardo Barranco, en ánimo de ofensa, discriminación y calumnia, dijeron situaciones del ámbito personal del Cardenal Norberto Rivera Carrera, quienes también en ánimo de ofender, denostar y humillar al susodicho, que lastiman al público con expresiones que escucharlas ofende a lo gran cultura indígena, y de la que hacen escarnio con temas inapropiados que bien se ganan el daño moral, y la reparación del daño, por tanto abuso de poder desde un programa televisivo. “Largo Aliento”.
Pero hay un Dios, de la señora que una vez dijo, fumar de la ecológica en los tiempos juveniles, hasta por las orejas. (Parafraseando su gustado programa de elevado rating)
Mujer exitosa y brillante, empoderada como la Oprah de estos lares, dicho en la proporción, debido en relación al gran poder mediático con la audiencia.
Y que nadie le quita mérito y prestigio, pero no se vale la ofensa a quién condenaron públicamente por su origen indígena “tepehuano”. Que es orgullo nacional de las etnias de este país y protegidas por el Estado mexicano.
El demoledor contenido, es de no perdonarle al Cardenal Norberto Rivera, que es un hombre preparado, que habla varios idiomas y procede del pueblo indígena mexicano. Orale.