septiembre 9, 2026

En Esta Hora

Porque la noticia no puede esperar…

Home » El milagro del comienzo

El milagro del comienzo

Compartir:

El 1º de septiembre de 1971, hace 55 años, recorrí desde temprano las emblemáticas y coloniales calles de la hermosa ciudad de Morelia. En la radio y la televisión se escuchaba el primer informe del Presidente Echeverría. Los comercios y las oficinas de gobierno estaban cerradas pues en la Constitución General de la República aparecía este día como una suspensión laboral. 

Al día siguiente, la Dirección Federal y Estatal de Educación Primaria era un continuo bullicio para quienes esperábamos recibir una plaza de profesor de educación primaria. Al recibirla, cruzamos la Sierra Madre del Sur con sus abruptas montañas, sus hermosos paisajes que disfruté en el transporte menos agresivo y más rápido del que podía disponer: una avioneta. 

Siete compañeros egresados de la Escuela Normal Rural de El Mexe, Hidalgo, fuimos esparcidos por los municipios de la Zona 42 de Coahuayana. Lamento sólo recordar tres nombres: Héctor Gálvez Ramírez (qepd), Isaac Fernández y José Matías Molina. No recuerdo a los otros tres. Pero si recuerdo las emociones que juntos compartimos durante unos diez días, mientras nos asignaban la adscripción. 

Es el milagro de un comienzo, de tantos comienzos como puede ser capaz una vida humana de sufrir o disfrutar a lo largo de su existencia. La concepción es el primer comienzo; luego el nacimiento; tal vez alguna condición con los padres, cada etapa de estudios básicos, el inicio de una carrera, el inicio de una relación, cuando comienza a trabajar, cuando se casa, cuando llegan los hijos, cuando inicia un negocio, cuando cambia de trabajo, cuando la vida nos sacude por alguna circunstancia externa, etcétera. 

Buenos o malos, cada comienzo es un milagro de fe, de amor a la vida, de entusiasmo y esperanza, porque aun en las peores condiciones siempre hay un rayo de luz que nos aguarda para señalarnos el camino. No permanecer ciegos ante las oportunidades que la vida ofrece es en sí una sabia actitud, para tomar lo mejor y poder reciclar en nuestro interior las frustraciones y fracasos, la maldad que a veces llega, y el milagro que se nos ofrece de tomar la mejor decisión.

No sólo entra en juego la capacidad de adaptarnos, de tolerar la frustración cuando las cosas no salen como hubiésemos querido. Es adquirir la capacidad de apropiarnos de forma positiva de cualquier situación para enfrentar y recuperarnos ante condiciones difíciles, adversas o desconocidas. Esto no significa reprimir emociones, ignorar el dolor o fingir que no pasa nada. 

Al contrario. El milagro de vivir un nuevo comienzo es algo dinámico, donde se ponen en juego todas nuestras apreciaciones aprendidas e intuitivas sobre el mundo y la vida, cuidando el ángulo desde el que queremos observar lo que sucede. Cuando la experiencia es negativa, consiste en atravesar la crisis, aceptar los sentimientos complicados e incomprensibles y encontrar la manera de reconstruirlos. Con esta habilidad no se nace, pero se puede desarrollar y fortalecer con el tiempo. Es el milagro humano para resistir los cambios y fracasos, y adaptarse a nuevas circunstancias. 

Incluso cuando creemos estar llegando al final de una etapa, aparece otra que nos obliga a comenzar de nuevo. La existencia no avanza únicamente acumulando años; avanza inaugurando posibilidades y expresando experiencias. Siempre nos queda un espacio para aquello que todavía no conocemos. Siempre podemos comenzar un proyecto, un libro, una amistad, una búsqueda intelectual, un comienzo que no sabemos exactamente en qué se convertirá. Cada comienzo contiene una promesa y, en cierta forma, es aceptar vivir durante un tiempo en la incertidumbre. 

En esto último se encuentra el juego vivo de la esencia humana, de la condición y naturaleza humana. Porque, finalmente, la existencia condesciende y es tan compleja que nunca está completamente terminada, hasta el suspiro del último segundo. Somos, simultáneamente, lo que hemos sido y lo que todavía podemos llegar a ser. El pasado nos constituye, pero no nos clausura. Por eso, cada comienzo transforma retrospectivamente lo vivido. 

gnietoa@hotmail.com

Compartir: