En Xalapa hay lugares cuya memoria es mucho más profunda de lo que revelan sus calles. Los Sauces es uno de ellos.
Antes del congestionamiento y las actuales obras, por este barrio circularon trenes, mercancías, trabajadores y viajeros. La construcción del Ferrocarril Interoceánico, entre 1886 y 1890, transformó la zona. La estación de pasajeros se encontraba en lo que hoy es la calle 7 de Noviembre, cerca de la Clínica 66 del IMSS. Durante alrededor de sesenta años, Los Sauces fue una gran puerta de entrada a Xalapa.
La avenida Adolfo Ruiz Cortines sigue, en buena medida, el trazo de aquellas vías. En su cruce con Ignacio de la Llave funcionó la antigua fábrica de cerveza La Estrella. Parte de sus muros aún permanece dentro del establecimiento comercial que ocupa el predio. En unas cuantas cuadras convergen la historia ferroviaria, el trabajo industrial y el comercio regional.

Por eso la discusión sobre Ruiz Cortines no se limita al concreto hidráulico. Los vecinos defienden su seguridad y su derecho a participar, pero también la memoria y el significado de un territorio que ayudó a construir la ciudad.
Esa memoria incluye la circulación. En la época ferroviaria, Úrsulo Galván operaba en sentido contrario al actual. Nadie propone regresar mecánicamente al pasado. Los habitantes piden estudiar la recuperación del sentido histórico de algunas circulaciones, comparar alternativas y sustentar cualquier decisión en aforos y seguridad vial. Hasta ahora no existe un compromiso firmado.
Los vecinos no se han opuesto a la obra pública 0203. Han colaborado y entregado una propuesta de transformación del barrio. También reconocen los avances: la remediación y ampliación de banquetas camina favorablemente y los postes de Telmex que obstruían algunos tramos ya fueron retirados. Reconocer lo que se hace bien fortalece su exigencia sobre lo pendiente.
Los cruces peatonales seguros han sido admitidos en las conversaciones, pero no se ha mostrado su incorporación al proyecto ejecutivo y, según el Comité, no aparecían en el diseño original. El cambio de sentido de las calles continúa sin acuerdo escrito. La calle 7 de Noviembre fue abierta como alternativa de circulación y después quedó, en los hechos, abandonada a su suerte: sin una solución integral de señalización, control de velocidad, balizamiento y presencia operativa de Tránsito.
El problema eléctrico es más inquietante. Permanecen postes de la CFE sobre las banquetas, transformadores adosados a viviendas y líneas envueltas por ramas. En esos puntos las banquetas no pueden concluirse correctamente. Los vecinos acudieron a la CFE el 2 de octubre y, ante la falta de respuesta, prepararon una segunda denuncia fechada el 13 de octubre. Solicitan inspección, reubicación, poda técnica y libranza de líneas.
Aquí el Ayuntamiento tiene una responsabilidad que no puede eludir. CFE debe atender su infraestructura, pero el gobierno municipal debe gestionar, coordinar e informar. Los vecinos solicitaron expresamente su intermediación y no saben si se realizó, qué respondió la empresa ni cuándo se resolverá. La poda preventiva de los árboles que han absorbido el cableado sigue sin atención visible. El silencio institucional también es una forma de abandono.
Mientras tanto, el riesgo crece. La 7 de Noviembre desemboca en una zona de incorporaciones complejas, visibilidad limitada y tránsito intenso. La falta de dispositivos suficientes pone en peligro a peatones, personas mayores, estudiantes, residentes, ciclistas y automovilistas. Si ocurre un atropellamiento, un choque, un cortocircuito o la caída de un poste, nadie podrá afirmar que se trató de un peligro desconocido. Las autoridades fueron advertidas y recibieron propuestas concretas para prevenirlo.
Esta es, por ello, la crónica de un accidente anunciado. Las responsabilidades jurídicas tendrían que ser determinadas por las instancias competentes, pero la responsabilidad política recaería sobre quienes conocieron el riesgo y no actuaron oportunamente.
A todo esto se suma la negativa de la presidenta municipal Daniela Griego Ceballos a recibir personalmente a los vecinos. Sus colaboradores han dialogado con ellos y algunos problemas comienzan a atenderse, pero los asuntos decisivos siguen sin resolverse. Según relatan habitantes del sector, durante una visita al mercado de Los Sauces una vecina abordó a la alcaldesa y la respuesta fue: Sí, sí, ya sé lo que me dices. Si ya lo sabe, corresponde actuar, informar y resolver.
La presidenta municipal puede distribuir tareas entre sus funcionarios, pero no delegar la conducción política del conflicto. Escuchar no consiste en recibir papeles ni administrar la inconformidad. Significa responder con evidencia técnica, asumir compromisos verificables y corregir antes de que el daño sea irreversible.
La lucha de Los Sauces es una rebelión ciudadana inteligente. No busca frenar la modernización; exige que el progreso respete la vida, la memoria y la dignidad del barrio. Debajo del concreto permanece la ruta de los antiguos trenes; detrás de los muros del supermercado subsiste La Estrella; y alrededor de cada obra viven personas que conocen el territorio mejor que cualquier plano elaborado desde un escritorio.
Los vecinos han cumplido: colaboraron, reconocieron avances, documentaron riesgos y propusieron soluciones. Ahora corresponde a Daniela Griego escucharlos personalmente y convertir las palabras en acuerdos. El poder municipal es transitorio; la memoria del barrio permanece. Y también permanecerá el recuerdo de quién supo escuchar y quién decidió imponer.
Imagen de portada: Ayuntamiento de Xalapa/// Daniela Griego da banderazo de obra en la avenida Ruiz Cortines, favorecerá la movilidad de las familias