septiembre 23, 2026

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Cuando la rectoría de la UV deja de ser interlocutora

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Hay momentos en que una institución empieza a mostrar sus problemas no por lo que dicen sus autoridades, sino por las puertas que sus estudiantes deciden tocar. Eso es precisamente lo que está ocurriendo en la Universidad Veracruzana.

Y es que el pasado lunes 21 de este mes, en la región Poza Rica-Tuxpan, estudiantes de Medicina Veterinaria y Zootecnia llegaron al paro después de semanas de inconformidades relacionadas con instalaciones, profesores, trámites administrativos y condiciones que consideran insuficientes para su formación.

Su mensaje fue sencillo: querían ser escuchados. Y ahí comienza el verdadero problema para Martín Aguilar.

Porque cuando un grupo de universitarios siente que necesita suspender actividades para conseguir atención, la discusión deja de ser solamente sobre laboratorios, materiales o personal administrativo. Empieza a ser también sobre la capacidad de la Rectoría para detectar y resolver conflictos antes de que estallen.

Los estudiantes no tendrían por qué llegar a una protesta para encontrar interlocución, ni mucho menos tendrían que buscar canales fuera de la propia Universidad para que sus demandas sean escuchadas.

En otros conflictos recientes, como el de los estudiantes de Medicina Veterinaria y Zootecnia de la UV campus Tuxpan, que se manifestaron pacíficamente cerrando el acceso a la Facultad de Ciencias Biológicas y Agropecuarias, han terminado recurriendo incluso a autoridades del Gobierno del Estado. El propio secretario de Gobierno, Ricardo Ahued, los recibió después de semanas de movilización.

Y esa imagen es justamente la que debería preocupar en Rectoría.

¿Dónde está el rector cuando una facultad entra en paro? Esa es la pregunta que empieza a repetirse de manera reiterada.

No podemos olvidar que Martín Aguilar consiguió extender su permanencia al frente de la Universidad en medio de un proceso que generó muchísima inconformidad entre diversos sectores de la comunidad universitaria. Hubo profesores, investigadores y estudiantes que cuestionaron aquella decisión y que incluso salieron públicamente a manifestarse.

Precisamente por eso su segundo periodo exigía algo más que mera continuidad administrativa. Exigía reconstruir confianza, salir de Rectoría, escuchar y resolver.

Después del rechazo generalizado que generó su polémica reelección, podría haber intentado demostrar que podía existir una Universidad capaz de reencontrarse consigo misma con él a la cabeza. Pero cada nuevo conflicto estudiantil, frente al silencio y la indiferencia de quien dirige la máxima casa de estudios de Veracruz, parece empeñado en hacerles el trabajo a sus detractores. Y, hasta ahora, lo está haciendo bastante bien.

Los jóvenes que hoy protestan no están pidiendo discursos sobre autonomía, excelencia académica o transformación universitaria: Están pidiendo respuestas concretas.

Y mientras esas respuestas no lleguen, cada paro seguirá enviando un mensaje bastante incómodo: el problema no es únicamente que los estudiantes estén inconformes. El problema es que empiezan a sentir que para ser escuchados tienen que buscar a alguien más.

Y cuando eso ocurre, la Rectoría debería preguntarse no solamente qué están reclamando los alumnos.

También debería preguntarse por qué dejaron de acudir primero a ella.

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