José Luis Ortega Vidal
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Una coyuntura sociohistórica en Acayucan, al sur de Veracruz, refleja el efecto cruel de la violencia sin freno: aquí morir asesinado o ejecutado te convierte en dato estadístico al quedar tu adiós -causado por balazos- lejos del luto colectivo.
La sociedad ha dejado de llorarte…
Solo sabe de tu ausencia producto de la violencia por noticias momentáneas vía redes sociales y en cuestión de segundos emite like’s a notas sobre otros temas…
Tú ya no importas o nunca importaste…
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Veinte crímenes en el transcurso de solo tres meses y catorce días se han convertido en un lugar común que no frena la economía cotidiana, la convivencia de un tejido social antes resiliente al dolor y hoy vacunado contra la muerte que dejó de ser sorpresa para evolucionar al pan nuestro de cada día.
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Todo ello nos convierte en una sociedad teatral decantada a la comedia porque ya se aburrió de su propia tragedia; o en protagonista de una tragedia donde el humor negro opera como placebo existencial.
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El pasado viernes -24 de abril para ser precisos-, ocurrió la segunda masacre del año en suelo acayuqueño.
Mataron a tres integrantes de una familia en su domicilio del barrio Cruz Verde: uno cayó sin vida en el acto; la segunda víctima (hermana del primero) murió horas más tarde en el hospital Acayucan-Oluta, a causa de la acción de sicarios impunes y libres como el viento caliente de surada con olor a infierno.
El tercer adiós se presentó la madrugada del domingo -26 de abril- en el mismo nosocomio y como consecuencia del mismo ataque, ahora convertido en trío de masacrados.
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La más cruel metáfora de la comedia sociohistórica surgida desde la violencia irrefrenable nace de una coincidencia: a las 4:30 de la tarde, aproximadamente, murió el hijo de la hermana Jose -promotora de la adoración a la niña Blanca o Santa Muerte- de nombre Rigoberto Molina Domínguez.
Horas después murió Josselin Molina Domínguez, herida en la vivienda cuyo acceso exige pasar frente a la capilla católica de la Cruz Verde y por la cancha de basquetbol del mismo nombre.
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En esa casa hay un altar a la niña Blanca…
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A las 18:30 horas, a tres cuadras del sitio de la masacre en proceso, estaba convocado el evento cultural Café Palacio, “Charla entre autores donde nacen las historias” en el marco del Día Internacional del Libro.
Escritores locales y regionales leyeron su obra y charlaron con el público sentado en cómodos banquitos de colores bajo luces tenues y amarillas pagadas por el erario público…
El evento fue encabezado por el presidente municipal Raúl David Salomón García quien se mostró reflexivo y dubitativo amén de amable al posar para las cámaras junto a los invitados especiales en el patio del palacio bajo su encargo.
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En Cruz Verde la masacre se completó el domingo con la muerte de Luis Zúñiga Reyes, pareja de Josselin y cuñado de Rigoberto; yerno de la hermana Jose quien habría herido a uno de los atacantes y acabó presa, acusada de delitos contra la salud.
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En el palacio municipal el Café con literatos fue todo un éxito…

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Empleados municipales y ediles estuvieron presentes a convocatoria del alcalde reflexivo, dubitativo y amable…
El evento cultural mostró el repelente oficial a la sangre que corre por territorio de Acayucan y suma veinte cadáveres directos y dos más entre directos e indirectos…
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Y es que el cuerpo de un abogado/taxista nativo de Sayula de Alemán, municipio colindante con Acayucan, fue identificado el pasado 18 de abril como una de las víctimas halladas en la fosa clandestina del rancho Cocuital, en Jáltipan de Morelos, donde habrían sido enterrados entre dieciséis y más de veinte cadáveres, aunque al momento solo se han identificado oficialmente alrededor de media docena.
El abogado y taxista se llamó Juan Carlos Bibiano Martínez; fue levantado el 22 de enero pasado en su natal Sayula y su unidad -el taxi 112- fue incendiado en la calle Benito Fentanes, en Acayucan.
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Otro caso es el del tapicero identificado como Nicolás “N”, vecino del barrio Cruz Verde en el ya referido centro urbano acayuqueño, cuyo cuerpo sin vida fue encontrado la noche del viernes 13 de febrero en un camino que comunica a la comunidad de San Miguel, municipio de Acayucan, con las poblaciones de San Bartolo y Morelos, municipio de San Pedro Soteapan.
De nacionalidad colombiana, migrante con domicilio en Acayucan donde desarrolló su oficio de tapicero, Nicolás “N” fue levantado en el barrio Cruz Verde, ejecutado en un lugar desconocido, envuelto en sabanas y arrojado sobre el camino rural entre los municipios colindantes de Acayucan y San Pedro Soteapan.
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Con veinte asesinatos cometidos en territorio de Acayucan y dos más cuyas historias y contextos se vinculan a la llamada Llave del Sureste, la suma total del accionar de la muerte -niña Blanca o Santa para algunos y simplemente muerte para otros- nos remite a veintidós casos entre directos e indirectos durante enero, febrero, marzo y lo que va de abril de un año 2026 particularmente funesto…
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Sin dejar de resaltar nuestra tragicomedia envuelta en aroma de literatura con Café Palacio…



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