Mantener sin clases a una buena porción de infantes en Chiapas, Oaxaca, Guerrero y Michoacán, principalmente, no es acción que concite el beneplácito social, ni de los directamente afectados ni de quienes observamos la manera de conducirse de un sindicato inmerso más en la protesta callejera que en el cumplimiento de sus planes de trabajo. La Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación ha sido más que un sindicato organizado para la defensa de sus derechos laborales, un grupo de presión política ofertado para fines político electorales al movimiento obradorista, cuyo líder, Andrés Manuel López Obrador, utilizó para su obsesivo propósito de alcanzar la presidencia de la república. En ese contexto se encuentra el pago de campaña cuando AMLO al fin logró su cometido: devolverle a la CNTE las canonjías que la reforma educativa de Peña Nieto les había escatimado. CNTE y MORENA caminaron juntos hasta que, una vez convertido en gobierno se percata de la insaciable voracidad de los lideres de ese sindicato, que de grupo de presión se transfiguró en poder fáctico.
Es en esa condición de Poder Fáctico que está actuando la CNTE en su actual movimiento de protesta. Tuvieron contra las cuerdas al gobierno por la proximidad del mundial de futbol, protagonizaron buena parte de las graficas difundidas por todo el mundo, fue un daño a la imagen del país y su gobierno, no a la fiesta futbolera porque el fanático de ese deporte solo atiende lo referente al juego. Pero en ese trance, la CNTE se vació, ya no tiene elementos de mayor presión, ni pensar en una reacción ciudadana a su favor porque no cuentan con su simpatía. Coyunturalmente podría reactivarlos una movilización de transportistas y de agricultores, que por el momento deben tener acuerdos con el gobierno que los mantiene en estado quieto. Por esos motivos el gobierno levantó la canasta, ya no tiene caso una mesa de acuerdos porque las propuestas sindicales perdieron filo. Es un respiro para el gobierno, pero mientras la CNTE prosiga su movilización los afectados son los comerciantes y público en general, que, en primera y ultima instancia, han sido los grandes perdedores.
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