agosto 27, 2026

En Esta Hora

Porque la noticia no puede esperar…

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Hollywood se estรก quedando corto. Durante dรฉcadas, el cine imaginรณ montaรฑas derrumbรกndose, rรญos convertidos en murallas y ciudades arrasadas. Parecรญan exageraciones concebidas para estremecer. Sin embargo, lo ocurrido el 26 de agosto de 2026 en la frontera entre Nepal y el Tรญbet demuestra que la realidad ha comenzado a superar a la ficciรณn.
Aproximadamente a las 8:40 de la maรฑana, una gigantesca masa de hielo, roca y sedimentos se desprendiรณ del Himalaya. El impacto desencadenรณ una avalancha, un flujo de escombros y una inundaciรณn repentina que descendiรณ por los rรญos Bhote Koshi y Trishuli. La corriente avanzรณ, segรบn los primeros anรกlisis, a unos cincuenta metros por segundo โ€”ciento ochenta kilรณmetros por horaโ€” y arrasรณ poblados, carreteras, puentes e instalaciones hidroelรฉctricas.
Al momento de escribir estas lรญneas, se habรญan confirmado 359 muertes y mรกs de mil personas permanecรญan desaparecidas. Donde antes habรญa casas, caminos y vida cotidiana quedaron extensiones de barro y destrucciรณn. La emergencia continรบa: el material desprendido formรณ una presa natural cuyo rompimiento podrรญa provocar otra inundaciรณn.
No fue, como se creyรณ inicialmente, un terremoto: la seรฑal registrada por los sismรณgrafos fue producida por el colapso de la montaรฑa. Tampoco serรญa responsable afirmar que el cambio climรกtico fue, por sรญ solo, la causa inmediata y รบnica; esa relaciรณn continรบa bajo investigaciรณn. Pero existe un contexto imposible de ignorar: el retroceso de los glaciares, la degradaciรณn del permafrost, el aumento de las temperaturas y las precipitaciones extremas desestabilizan las grandes pendientes. Un estudio publicado este aรฑo en ๐˜Š๐˜ฐ๐˜ฎ๐˜ฎ๐˜ถ๐˜ฏ๐˜ช๐˜ค๐˜ข๐˜ต๐˜ช๐˜ฐ๐˜ฏ๐˜ด ๐˜Œ๐˜ข๐˜ณ๐˜ต๐˜ฉ & ๐˜Œ๐˜ฏ๐˜ท๐˜ช๐˜ณ๐˜ฐ๐˜ฏ๐˜ฎ๐˜ฆ๐˜ฏ๐˜ต advirtiรณ que las avalanchas de hielo y roca aumentan en el Himalaya y pueden transformarse, en segundos, en cadenas de peligros que recorren decenas de kilรณmetros.
Nepal no es una anomalรญa incomprensible. Es la manifestaciรณn mรกs brutal de los riesgos que se expanden en un planeta mรกs caliente: incendios incontrolables, lluvias extremas, sequรญas prolongadas, olas de calor que rebasan la tolerancia humana y glaciares convertidos en amenazas para las poblaciones asentadas aguas abajo.
Para mรญ, esta preocupaciรณn no naciรณ con Nepal. En el libro ๐˜ˆ๐˜ถ๐˜ณ๐˜ฐ๐˜ณ๐˜ข relato una experiencia de 2001, cuando acompaรฑรฉ a una misiรณn cientรญfica internacional que estudiaba los efectos regionales del cambio climรกtico en Veracruz. Una noche, en la sierra de Zongolica, conversรฉ con un joven cientรญfico canadiense. Yo sostenรญa que una movilizaciรณn mundial para reforestar, abandonar los combustibles fรณsiles y detener la contaminaciรณn podrรญa frenar rรกpidamente el calentamiento.
Su respuesta me acompaรฑรณ desde entonces. Me explicรณ que, incluso si la humanidad cambiara radicalmente de conducta de un dรญa para otro, la inercia del sistema climรกtico continuarรญa operando durante dรฉcadas. El daรฑo causado no desaparece cuando cesa la agresiรณn: los gases acumulados permanecen, el ocรฉano conserva y redistribuye el calor y los glaciares siguen respondiendo a condiciones generadas aรฑos atrรกs. Lo expresรฉ despuรฉs en el capรญtulo ๐˜™๐˜ฆ๐˜จ๐˜ฆ๐˜ฏ๐˜ฆ๐˜ณ๐˜ข๐˜ณ ๐˜ฆ๐˜ญ ๐˜ฑ๐˜ญ๐˜ข๐˜ฏ๐˜ฆ๐˜ต๐˜ข de ๐˜ˆ๐˜ถ๐˜ณ๐˜ฐ๐˜ณ๐˜ข: โ€œEl sistema climรกtico responde con retraso. La Tierra tiene memoriaโ€.
Aquella conversaciรณn ocurriรณ hace veinticinco aรฑos. Desde entonces, y durante aรฑos de trabajo desde el Centro Municipalista para el Desarrollo, he insistido en que el cambio climรกtico no es una amenaza remota. Sus consecuencias ya habรญan comenzado y aumentarรญan en frecuencia, complejidad y fuerza. No siento satisfacciรณn por comprobar que aquella advertencia era correcta, sino preocupaciรณn por la lentitud con la que la humanidad reacciona.
Por eso, en 2019, durante el discurso de clausura del Seminario Internacional sobre los Objetivos de Desarrollo Sostenible, celebrado en la ciudad de Veracruz, pronunciรฉ una frase que hoy adquiere una gravedad todavรญa mayor:
โ€œLa Agenda 2030 es el grito mรกs desesperado de la humanidad, y quizรก sea el รบltimo, por salvar a la humanidad de sรญ mismaโ€.
No era una expresiรณn retรณrica. Era la sรญntesis de una convicciรณn: la mayor amenaza para nuestra continuidad no procede de una fuerza exterior, sino de la forma en que la humanidad produce, consume, gobierna y destruye los sistemas naturales de los que depende.
La evidencia ya no admite indiferencia. La Organizaciรณn Meteorolรณgica Mundial confirmรณ que 2015-2025 concentrรณ los once aรฑos mรกs cรกlidos registrados. En 2025, la temperatura media global se situรณ aproximadamente 1.43 grados Celsius por encima del promedio preindustrial. Los glaciares perdieron masa, los ocรฉanos siguieron calentรกndose y los fenรณmenos extremos afectaron a millones. No es una oscilaciรณn pasajera, sino una alteraciรณn sostenida del sistema que hizo posible nuestro desarrollo.
La distancia entre lo que sabemos y hacemos resulta moralmente insostenible. El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente calcula que las polรญticas vigentes conducirรญan hacia un calentamiento cercano a 2.8 grados Celsius este siglo. Aun cumpliendo todos los compromisos nacionales, la trayectoria seguirรญa alrededor de 2.3 a 2.5 grados. Para conservar una ruta compatible con 1.5 grados, las emisiones tendrรญan que disminuir cerca de 55 por ciento para 2035 respecto de 2019. Avanzamos, pero no a la velocidad necesaria.
En ๐˜ˆ๐˜ถ๐˜ณ๐˜ฐ๐˜ณ๐˜ข hablo de un punto de no retorno. Conviene entenderlo con rigor: no existe necesariamente un solo precipicio climรกtico que atravesaremos en una fecha exacta. Existen mรบltiples umbrales en los glaciares, los ocรฉanos, los bosques, los arrecifes y las grandes corrientes planetarias. Al cruzar algunos de ellos, los cambios pueden alimentarse a sรญ mismos, continuar durante siglos o volverse prรกcticamente irreversibles en escalas humanas.
Hablar de la posible desapariciรณn humana no debe convertirse en una profecรญa sensacionalista, pero tampoco descartarse con ligereza. Nepal no anuncia por sรญ solo una extinciรณn inminente; demuestra que debilitamos simultรกneamente los sistemas que nos proporcionan agua, alimentos, temperaturas habitables y estabilidad social. Cuando ese deterioro se combina con desplazamientos, desigualdad, conflictos y gobiernos incapaces de anticiparse, el riesgo deja de ser รบnicamente ambiental: alcanza a la civilizaciรณn y, llevado a sus extremos, a nuestra continuidad. No necesitamos certeza absoluta sobre la extinciรณn para comprender que apostar el futuro humano serรญa una irresponsabilidad imperdonable.
El planeta no desaparecerรก. La Tierra ha sobrevivido a transformaciones mucho mรกs profundas que nuestra presencia y continuarรก existiendo con nosotros o sin nosotros. Lo que estรก en juego son las condiciones de habitabilidad que permitieron a la humanidad florecer. Rescatar el planeta significa rescatar la alianza vital que hace posible nuestra existencia. No es una consigna romรกntica ni una moda ambiental: es una tarea de supervivencia.
La respuesta debe ser global, pero comienza en cada territorio. Son indispensables la transiciรณn energรฉtica, la reducciรณn de emisiones, la protecciรณn de los bosques, la restauraciรณn de suelos y rรญos y una economรญa que deje de extraer y desechar como si la Tierra fuera infinita. Debemos abandonar la idea de que destruir la naturaleza es el precio inevitable del progreso.
Los gobiernos locales tienen una responsabilidad insustituible. Es en los municipios donde una amenaza global se convierte en inundaciรณn, incendio, escasez de agua, cosecha perdida o familia desplazada. Cada municipio debe conocer sus riesgos, actualizar sus atlas para incorporar amenazas encadenadas, impedir asentamientos en zonas de peligro, restaurar cuencas, establecer alertas tempranas y preparar presupuestos e instituciones para escenarios que ya no pueden calcularse sรณlo con los registros del pasado.
Nepal tambiรฉn deja una lecciรณn de gobierno. En 2025, un glaciar sepultรณ gran parte de Blatten, Suiza, pero el monitoreo y una evacuaciรณn oportuna redujeron extraordinariamente la pรฉrdida de vidas. Que un acontecimiento extremo se convierta en tragedia humana depende tambiรฉn de la previsiรณn, el ordenamiento territorial, la ciencia aplicada y la capacidad de actuar. La prevenciรณn no detiene un glaciar, pero puede impedir que una poblaciรณn quede debajo de รฉl.
No bastan nuevas tecnologรญas o mejores protocolos. La crisis climรกtica nace de una ruptura mรกs profunda: dejamos de sentirnos parte de la Tierra y nos comportamos como propietarios de todo lo que vive. Convertimos bosques en mercancรญa, rรญos en drenajes y la atmรณsfera en vertedero. La soluciรณn exige recuperar una รฉtica del lรญmite, el cuidado y la pertenencia. Necesitamos aprender nuevamente a habitar el planeta.
Hollywood se queda corto porque sus catรกstrofes terminan cuando aparecen los crรฉditos. Las verdaderas no tienen mรบsica de cierre. Dejan madres buscando a sus hijos, comunidades borradas del mapa y generaciones obligadas a reconstruir lo que pudo protegerse. Nepal no es una pelรญcula ni una noticia distante: es un espejo colocado frente a toda la humanidad.
Aรบn podemos modificar el rumbo. Cada fracciรณn de grado que evitemos significarรก menos territorios devastados, menos vidas perdidas y mayores posibilidades de adaptaciรณn. Pero la ventana se estrecha y el tiempo fรญsico del planeta no obedece al calendario electoral, a los intereses econรณmicos ni a nuestra comodidad. Como sostengo en ๐˜ˆ๐˜ถ๐˜ณ๐˜ฐ๐˜ณ๐˜ข, regenerar la Tierra es la frontera que separa la continuidad de la extinciรณn.
Durante demasiado tiempo nos preguntamos cuรกnto crecimiento podรญa soportar la naturaleza. Ha llegado la hora de formular la pregunta correcta: ยฟcuรกnta destrucciรณn mรกs puede soportar la humanidad? Rescatar, preservar y defender el planeta es la obra comรบn de nuestro tiempo. No porque la Tierra dependa de nosotros, sino porque nosotros, absolutamente todos, dependemos de ella.
_rubenricano@cmdmexico.org

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