En el vasto territorio del municipalismo mexicano, pocas tareas son tan decisivas —y a la vez tan desiguales en capacidades— como la planeación del desarrollo. De ella depende que el ejercicio del poder público tenga rumbo, coherencia y visión de largo plazo, o que se diluya en la inercia administrativa y la improvisación.
Existen ayuntamientos con equipos técnicos consolidados, sistemas internos robustos y cultura institucional madura; pero también hay municipios que, por carencias históricas, limitaciones presupuestales, rotación administrativa o simple ausencia de metodología, enfrentan el inicio de cada gestión prácticamente a “mano alzada”. Esa desigualdad estructural en capacidades técnicas explica por qué la calidad de los Planes Municipales de Desarrollo suele ser tan dispar en el país.
Por ello recibo con beneplácito la publicación de la Guía Metodológica para la Elaboración del Plan Municipal de Desarrollo, impulsada como un esfuerzo colaborativo entre el Poder Ejecutivo y el Poder Legislativo del Estado de Veracruz. Se trata de un instrumento que llega en un momento oportuno y que puede convertirse en una referencia valiosa para los municipios que requieren fortalecer su sistema de planeación.
Conviene establecerlo con absoluta claridad: esta guía no es vinculante ni obligatoria. No sustituye la autonomía municipal ni pretende uniformar la arquitectura normativa de los ayuntamientos, lo cual había sido una práctica errónea constante. Su propósito es orientador. Es una herramienta técnica que el Gobierno del Estado y el Congreso ponen a disposición de los municipios, con pleno respeto al municipio libre consagrado en el artículo 115 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.
La obligación de planear no nace de esta guía; nace del marco constitucional y legal. El municipio, como orden de gobierno, tiene facultades propias para legislar sus reglamentos, diseñar sus instrumentos normativos y aprobar su Plan Municipal de Desarrollo dentro del sistema nacional y estatal de planeación democrática. La guía no sustituye esa potestad; la acompaña.
Y ese acompañamiento técnico, cuando se ejerce con respeto institucional, fortalece la democracia. La coordinación entre órdenes de gobierno no debe confundirse con tutela. El apoyo metodológico no puede convertirse en imposición normativa. La grandeza del federalismo mexicano radica precisamente en ese equilibrio.
Celebro, además, que el documento se presente como una herramienta práctica y operativa, fundamentada en el entramado legal vigente, particularmente en la Ley de Planeación del Estado y en la Ley Orgánica del Municipio Libre. Cuando los documentos metodológicos se separan del marco jurídico, se convierten en discursos aspiracionales; cuando se construyen sobre la norma, se transforman en instrumentos eficaces de gobierno.
Un segundo aspecto que merece reconocimiento es el trabajo técnico profesional detrás de esta publicación. Quienes hemos dedicado décadas al estudio y práctica de la planeación pública sabemos que no es sencillo traducir conceptos como gestión para resultados, presupuestos basados en desempeño, metodología de marco lógico, matrices de indicadores o evaluación del desempeño en un lenguaje accesible y aplicable para 212 municipios con realidades profundamente distintas.
La guía logra articular con claridad el diagnóstico, la estructuración de ejes estratégicos, la definición de objetivos y líneas de acción, la vinculación con programas presupuestarios y la incorporación de indicadores estratégicos. Esa coherencia metodológica no es casual: responde a una comprensión moderna de la gestión pública.
Reconozco particularmente el trabajo de quienes, desde la Oficina del Programa de Gobierno y otras áreas técnicas del Ejecutivo estatal, han sido pioneros en la adopción de metodologías contemporáneas de planeación. La participación coordinada de instancias como la Secretaría de Gobierno, SEFIPLAN y áreas técnicas del Congreso otorga al documento una base institucional sólida.
Cuando Ejecutivo y Legislativo alinean criterios técnicos, se elevan estándares, se reduce la discrecionalidad y se brinda mayor certidumbre a los municipios respecto a la calidad esperada de sus planes, sin que ello implique menoscabo de su autonomía.
Desde el Centro Municipalista para el Desarrollo (CMD) celebramos esta iniciativa porque confirma una convicción que hemos sostenido y promovido durante más de dos décadas en México y en diversos países iberoamericanos: el fortalecimiento institucional del municipio pasa necesariamente por la profesionalización de su sistema de planeación.
Mucho antes de que diversas disposiciones legales incorporaran formalmente la Gestión para Resultados y los presupuestos basados en desempeño, hemos impulsado en cursos, talleres, asesorías y publicaciones la adopción de la metodología de marco lógico, la construcción de matrices de indicadores y la articulación del Plan Municipal de Desarrollo con los programas presupuestarios y las actividades institucionales.
La guía publicada en Veracruz recoge buena parte de ese enfoque contemporáneo y eleva significativamente el nivel técnico de referencia para los municipios del estado. Es, sin duda, superior a los instrumentos que durante años se pusieron a disposición de los ayuntamientos.
Vale subrayar algunos de sus aciertos más relevantes. Primero, reconoce que la planeación democrática debe sostenerse en dos pilares inseparables:la consulta popular y el diagnóstico basado en información oficial verificable. Segundo, promueve la organización del trabajo a través del COPLADEMUN y grupos técnicos especializados, evitando que el Plan Municipal de Desarrollo sea un documento fragmentado o meramente declarativo.
Tercero, establece con claridad la transición metodológica del campo analítico —el diagnóstico— al campo estratégico —ejes, objetivos, estrategias y líneas de acción— y deja claro que los ejes municipales no deben ser simples reproducciones del plan estatal o nacional, sino expresiones auténticas de las atribuciones y aspiraciones propias del municipio.
Y cuarto, coloca en el centro el seguimiento y la evaluación mediante indicadores estratégicos alineados a lineamientos nacionales, fortaleciendo así la cultura de rendición de cuentas.
Toda herramienta es perfectible. Y precisamente porque esta guía representa un avance significativo, abre la oportunidad de revisar y actualizar otros instrumentos que han quedado rezagados frente a la legislación vigente y las dinámicas actuales del gobierno municipal, particularmente aquellos relacionados con instancias de participación y planeación que requieren armonización normativa.
Asimismo, resulta fundamental que en el contacto permanente con los 212 municipios de Veracruz se reitere con claridad que estos documentos son apoyos técnicos ofrecidos con respeto al municipio libre, no normas obligatorias que sustituyan la facultad reglamentaria de los ayuntamientos.
Siempre he creído que la articulación respetuosa entre órdenes de gobierno fortalece la democracia y abona al desarrollo de sociedades modernas. Cuando el Estado acompaña sin invadir y el municipio ejerce su autonomía con responsabilidad técnica, la planeación deja de ser un requisito formal y se convierte en un instrumento de transformación.
Veracruz ha dado un paso serio al poner esta guía en manos de sus municipios. Corresponde ahora aprovecharla con inteligencia, enriquecerla con experiencia y convertirla en capacidades reales en cada territorio.
La calidad de la planeación municipal no es un asunto menor ni meramente administrativo: es una condición esencial para el buen gobierno y para el futuro de nuestras comunidades.
Rubén Ricaño Escobar Secretario General del CMD contacto@cmdmexico.org
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