Cuando imperaba la era dorada del PRI, todo aspirante a político que se respetara buscaba esa afiliación partidista practicando un pragmatismo que abría las puertas a los pasillos del poder. Incluso, quienes habiendo triunfado electoralmente investidos con otros colores partidistas, una vez en su espacio de poder retornaban o se incorporaban al partido en el gobierno, una escena que ahora observamos con mucha frecuencia cuando nuevos alcaldes se afilian a MORENA, nada nuevo bajo el sol cuando la carnada es el partido y el fruto de la pesca es el poder. Además, en materia política la naturaleza humana sigue siendo la variable permanente, de allí su iterativa presencia en el transfuguismo político. Ayer, Andrés Manuel López Beltrán, “Andy” para sus amigos y malquerientes, muy ufano anunció “con mucha alegría” que su campaña de afiliación a Morena superó la meta anunciada el 14 de enero de 2025: “Hoy somos 11 millones 50 mil 758 afiliados y afiliadas”, y presumió que MORENA es el partido político “más grande en la historia de México”. Si eso es para bien de México la historia lo registrará.
Lo objetivamente cierto radica en que la fortaleza de MORENA es acompañada de su condición de partido en el gobierno, y de su alianza electoral con sus satélites, el Verde y el Pt. Ya se ha comprobado que MORENA sin sus adláteres compitiendo en consonancia pierde potencia y pierde elecciones, esta conclusión es avalada por los resultados electorales más recientes obtenidos en Durango y en Veracruz. El transfuguismo es una variable muy persistente porque su motor consiste en la búsqueda del poder y hoy por hoy MORENA garantiza en mayor medida esa posibilidad de allí que su operación aritmética sea la suma (esa variable la tienen muy presente los organizadores del nuevo partido Vamos México porque el transfuguismo los está afectando en el quórum de sus asambleas ya que habiendo firmado en la asamblea de pronto se incorporaron a otras siglas partidistas, lo cual mengua el numero requerido para dar validez a la asamblea). En cuanto a la competencia electoral, está visto que el oficialismo mantiene un frente político-electoral consistente, mientras en la oposición al menos retóricamente se resisten a formar alianzas, como si en realidad participando en solitario tuvieran capacidad competitiva. En la actual coyuntura ni el PAN ni Movimiento Ciudadano están en condiciones de competitividad electoral si participan cada uno por su lado, no al menos para una competencia decorosa, incluso el bajo porcentaje que pudiera aportar el PRI sería bienvenido. Sin el pragmatismo político implementado por el PAN en la década finisecular este partido hubiera permanecido inmerso en sus disputas doctrinales, lejos de la posibilidad de colocarse rumbo al poder presidencial. La capacidad operativa de Dante Delgado logró mantener a flote a Convergencia- Movimiento Ciudadano, ojalá su dirigencia actual consolide su condición de partido opositor, lo cual, sin duda alguna, no logrará si se supone ya estar en aptitud de competirle en solitario al bloque de Morena-Pt-Verde. Porque en la actualidad la divisa electoral vigente señala a que sin alianza no hay ganancia, puras pérdidas.
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