En un despido que sigue el canon instaurado por la presidenta Claudia Sheinbaum, la dirigente nacional de Morena, Luisa María Alcalde Luján, fue invitada a ocupar la consejería jurídica de la Presidencia de la República y ella todavía anoche se hacía la remolona y declaraba que estaba pensando si aceptaba la invitación hecha por la mandataria y que después la buscaría para hacerle saber su decisión, como si eso fuera posible.
Le seguirá en el camino hacia la defenestración política el hasta hace poco poderoso hijo del expresidente AMLO, Andrés Manuel López Beltrán (“No me llamen Andy, por favor”), y seguramente otros cuadros actualmente incrustados en el Comité Ejecutivo Nacional de Morena también tendrán que abandonar sus jugosas posiciones dentro del partido.
Algunos interpretan esas jugadas como un golpe de mano de la doctora Sheinbaum Pardo para hacerse del poder dentro de Morena y manejar totalmente las candidaturas en las elecciones venideras. Sin embargo, otros piensan que no, que los nuevos personajes que están llegando al partido oficial son igualmente personas cercanas al caudillo de Macuspana, como Ariadna Montiel Reyes -que pasa de la Secretaría del Bienestar al liderazgo nacional morenista- y Citlalli Hernández -que por fin dejó la Secretaría de la Mujer y ya es Secretaria de Elecciones del comité nacional guinda-.
En este juego de pasiones y remociones, penden de un hilo algunas otras cabezas morenistas en los estados, por diversos motivos.
Es así como se está volviendo una predicción segura la salida de Esteban Ramírez Zepeta, cuando la Gobernadora por fin le haga efectiva las muchas razones que tiene para prescindir de sus dudosos servicios al frente de Morena en el estado.
La primera es su origen y su filiación netamente cuitlahuistas, lo que siempre ha hecho dudar a propios y a extraños sobre a quién considera le debe fidelidad y obediencia. Después está el hecho de que no ha sabido ser un líder conciliador y menos ha evitado que dentro del partido se sigan presentando graves rupturas, pugnas al interior que tienen en un brete la unidad indispensable para enfrentar con toda la fuerza las elecciones del año entrante, de 2029 y de 2030.
También está la sospecha de que no ha tenido un manejo claro y honesto sobre las prerrogativas que recibe Morena y otros ingresos que, aunque no son declarados, resultan bastante cuantiosos.
Y por último, que puede ser lo más definitivo, es la costumbre que tiene la Gobernadora de seguir los pasos de la Presidenta, con el fin de quedar bien con ella y de recobrar, ay, la simpatía perdida. Así que si Claudia quitó a la cabeza nacional del partido, pues hay que hacer lo mismo en Veracruz.
¡Y adiós Zepeta!
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