mayo 19, 2026

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Neurociencia y aprendizaje

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El planteamiento central de la doctora Pamela Cantor, quien difunde que la clave del aprendizaje y del desarrollo humano no está únicamente en los contenidos académicos, sino en las relaciones y el contexto en que las personas aprenden. Desde esta perspectiva, la educación debe reconfigurarse a partir de lo que hoy sabemos sobre el cerebro, el desarrollo humano y la influencia de las experiencias.

Cantor enfatiza que la conexión humana es la principal fuente de energía del cerebro. A través de relaciones significativas se activan procesos biológicos que generan motivación, compromiso y curiosidad. Estas relaciones no sólo transmiten conocimiento, sino que influyen en la disposición emocional del estudiante para aprender, lo cual es fundamental para lograr aprendizajes profundos.

Cantor retoma investigaciones clave, como el trabajo de Benjamin Bloom, quien demostró que la tutoría individual puede mejorar significativamente el rendimiento académico. Sin embargo, el factor decisivo no es únicamente la instrucción personalizada, sino la calidad de la relación, la confianza que genere, la retroalimentación constante y el apoyo emocional. De manera similar, las ideas de Lev Vygotsky sobre la Zona de Desarrollo Próximo destacan que los estudiantes pueden alcanzar niveles superiores de desempeño cuando cuentan con el acompañamiento adecuado.

Otro concepto fundamental es el de la “carga cognitiva” o “músculo cognitivo”. Para que los estudiantes desarrollen habilidades complejas, deben enfrentarse a desafíos progresivos, pero esto solo es posible si tienen la motivación y el respaldo emocional necesarios. En este sentido, la motivación no es sólo una disposición interna, sino un fenómeno profundamente ligado a las emociones y al propósito personal. Según Cantor, una parte importante del aprendizaje depende de este tipo de motivación.

Desde una perspectiva científica, Cantor explica que el desarrollo humano es el resultado de la interacción entre los genes y el entorno. Los genes no determinan nuestro destino, se activan o no, en función de las experiencias, relaciones y contextos en los que vivimos. Por ello, el desarrollo no es fijo ni predeterminado, sino dinámico y moldeable.

El papel del cerebro es central en esta visión. El sistema límbico, encargado del aprendizaje, integra funciones de atención, memoria y emociones. En este sistema intervienen dos tipos de respuestas hormonales: el estrés (cortisol) y la confianza o conexión (oxitocina). El estrés moderado puede ser útil para el aprendizaje, pero niveles elevados y sostenidos afectan negativamente al cerebro. En cambio, las relaciones de confianza generan oxitocina, que protege al cerebro, favorece la curiosidad y facilita el aprendizaje.

Asimismo, destaca el papel de la dopamina, asociada al sistema de recompensas del cerebro, que se activa cuando sentimos interés o satisfacción. La combinación de confianza (oxitocina) y curiosidad (dopamina) crea las condiciones ideales para el aprendizaje. Esto explica por qué las experiencias significativas y los vínculos emocionales son tan poderosos. Pequeños gestos de atención, como dedicar tiempo individual a un estudiante, pueden construir confianza y abrir nuevas posibilidades de desarrollo.

Cantor también cuestiona varios supuestos tradicionales del sistema educativo: la creencia de que el talento es fijo, que la inteligencia se distribuye de manera uniforme o que las evaluaciones estandarizadas reflejan verdaderamente el potencial de los estudiantes. En contraste, afirma que el talento está distribuido en todos los contextos y que solo puede desarrollarse si se crean las condiciones adecuadas.

Por ello, propone diseñar entornos educativos que prioricen las relaciones, la equidad y el desarrollo integral. Los sistemas educativos deben ir más allá de la memorización y centrarse en fomentar la iniciativa, el compromiso y el pensamiento complejo.

gnietoa@hotmail.com

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