febrero 17, 2026

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La economía en forma de “K”, dime cuánto ganas y te diré tu realidad

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Hacerlo bien con el dinero tiene poco que ver con lo inteligente que eres y mucho que ver con cómo te comportas. –Morgan Housel


En la historia del pensamiento económico, a menudo buscamos modelos cíclicos para explicar las crisis y las recuperaciones, la “V” del rebote rápido o la “U” de la recuperación lenta. Sin embargo, hoy nos enfrentamos a una letra mucho más cruel y divisiva, la economía en forma de “K”.

El concepto es acuñado por el economista estadounidense Peter Atwater. El concepto es gráficamente simple pero socialmente doloroso, el palo vertical representa la caída inicial, pero a partir de ahí, los caminos se bifurcan. 

El brazo superior de la “K” representa a los hogares de altos ingresos, que van hacia arriba, acumulando riqueza y manteniendo su consumo. El brazo inferior representa a los hogares de bajos ingresos, que se hunden. No es una teoría abstracta; los datos duros están confirmando esta fractura en tiempo real.

Si miramos hacia el norte, The New York Times y la Reserva Federal arrojan cifras que deberían encender las alarmas: el 1% más rico de Estados Unidos controla ya casi el 32% de la riqueza nacional, un récord desde que se empezó a medir en 1989. 

Mientras tanto, el Bank of America Institute reporta que los hogares con ingresos menores a 75,000 dólares anuales han recortado su gasto en viajes y experiencias respecto a 2019, mientras que aquellos que ganan más de 150,000 dólares gastan más.

Y en Latinoamérica la “K” se profundiza aún más, el 10% más rico de la población en Latinoamérica capta más del 34% de todos los ingresos generados. Las empresas, lejos de ignorar esta realidad, están reaccionando con una lógica de mercado implacable: están eligiendo su lado de la “K”.

Vemos corporativos como Delta Airlines o Chipotle Mexican Grill apostando todo al brazo superior. Delta confía en que el segmento premium pagará precios altos sin chistar. Chipotle, tras revisar sus números y notar que el 60% de sus clientes ganan más de 100,000 dólares al año, ha decidido enfocar sus baterías en ellos.

En el extremo opuesto, la respuesta es defensiva. El CEO de McDonald’s, al ver huir a los clientes con menor liquidez, anunció la resurrección urgente de los combos baratos. Clorox, por su parte, ha comenzado a producir empaques más pequeños (“paquetes chiquitos”) diseñados específicamente para tiendas de descuento. Cada uno busca su trinchera.

¿Y en el caso de México?

Si bien los ejemplos corporativos anteriores vienen de Wall Street, la “K” en México está aún más marcada por nuestras brechas históricas. Aquí, la desigualdad no es novedad, es estructura. El 10% más rico captura el 59% del ingreso total, mientras que la mitad más pobre de la población se reparte apenas un 8%. Peor aún, ese 1% en la cúspide posee cerca del 38% de la riqueza total del país.

Esta desigualdad tiene también un código postal. Según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), vivimos en un país donde Nuevo León y Chiapas parecen naciones distintas, con un ingreso trimestral por hogar que va de los 117,000 pesos en el norte, contra apenas 41,000 pesos en el sur -en promedio-.

Respecto a la segmentación estructural, como profesor, suelo decir a mis alumnos que las crisis aceleran tendencias. Lo que estamos viendo no es solo inflación; es una segmentación estructural. 

El mercado medio —esa clase media aspiracional que sostenía el consumo masivo— se está achicando. Las empresas están replanteando sus estrategias porque los extremos crecen y el centro se desdibuja.

Para el ciudadano de a pie, esto significa que las empresas ya están decidiendo de qué lado de la “K” estás. Tu salario determinará no solo qué tan caro será tu próximo vuelo, sino si tu producto favorito seguirá en el estante del supermercado o será relegado a una tienda de saldos.

Antes, nuestra mayor preocupación macroeconómica era la inflación generalizada. Hoy, el reto es entender en qué rama de la “K” hemos caído y cómo las políticas públicas —y empresariales— responderán a esta bifurcación que amenaza con dejar a la mitad de la población atrás. Ojalá este debate lo que se diera como una lógica de ingreso, y no a través de subvenciones, que si bien pueden llegar a ser importantes, no dejan de ser paliativas. 

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