enero 15, 2026

En Esta Hora

Porque la noticia… no puede esperar

GOOD BYE INE

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El gobierno de la llamada Cuarta Transformación prepara un golpe contundente que disfraza de reforma democrática.

Por ello, el Consejo General del INE entregó a la Comisión Presidencial el documento final con más de 200 propuestas para cambiar la ley.

Este proyecto propone reducir la representación proporcional, eliminar la autonomía del INE y recortar las prerrogativas de los partidos políticos. Todo bajo una narrativa perversamente construida: “ahorrar dinero público” y “fortalecer la democracia”.

¡Mentira!

La realidad es otra. Todo lo contrario. No se trata de mejorar el sistema electoral, sino de someterlo.

No buscan elecciones más modestas, sino elecciones controladas. No persiguen una democracia más auténtica, sino un poder más concentrado.

La autonomía del INE no es un capricho burocrático ni un lujo innecesario: es el pilar que garantiza elecciones libres, equitativas y confiables.

Desaparecerla o subordinarla al poder político equivale a situar al árbitro al servicio del equipo en el gobierno. Y cuando el árbitro deja de ser imparcial, el juego deja de ser democrático.

Reducir la representación proporcional tampoco es una medida inocente. Es, en los hechos, un mecanismo para silenciar a las minorías, limitar la pluralidad y asegurar mayorías artificiales.

Es cerrar la puerta a la alternancia y blindar el poder para que otros partidos no tengan posibilidad real de llegar a la Presidencia.

El argumento del ahorro resulta insultante. Si el objetivo fuera cuidar el erario, la 4T habría empezado por combatir con seriedad la corrupción, los contratos opacos y el despilfarro en obras fallidas. Pero el dinero no es el problema. El problema es el control.

Hoy el mensaje es claro y peligroso: si las reglas no garantizan la permanencia en el poder, entonces se cambian.

Si las instituciones no obedecen, se debilitan. Si la democracia estorba, se maquilla.

Decirle “Good bye” al INE no es una despedida administrativa; es un aviso autoritario. Es la antesala de elecciones sin contrapesos, sin árbitros confiables y sin verdadera competencia.

Y la historia, dentro y fuera de México, ya nos ha mostrado cómo terminan esos experimentos.

Una democracia no se fortalece eliminando instituciones, se vigoriza respetándolas.

Es, en pocas palabras, buscar el refugio en el poder por temor a perderlo, y –con el tiempo– ser enjuiciados por todas sus corruptelas.

El objetivo es perpetuarse.

Y esta reforma deberá ser aprobada y publicada, antes del 2 de junio próximo, para poder ser aplicada.

Lo demás es propaganda pérfida.

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