Hay noticias que duelen de manera especial, porque no solamente anuncian la muerte de alguien conocido, sino que nos recuerdan que el tiempo también va cerrando las páginas de nuestra propia historia. La muerte de Bernardo Gutiérrez Parra es una de ellas.
El periodismo veracruzano está de luto. Se ha marchado un compañero de oficio, un periodista formado en las grandes ligas de la prensa mexicana y un hombre que, durante años, hizo de la palabra escrita su herramienta para examinar, cuestionar y contar la realidad.
Originario de Tuxpan, Bernardo se forjó profesionalmente en la Ciudad de México, donde tuvo la oportunidad de trabajar en las redacciones de medios nacionales como Excélsior, El Sol de México y Novedades. En aquellos años, el periodismo se aprendía entre reporteros, editores, cierres de edición y jornadas interminables, en una escuela donde la experiencia cotidiana valía tanto como cualquier diploma.
En el ambiente periodístico de Excélsior, bajo la dirección de Julio Scherer García, se construyó una tradición de independencia, rigor y compromiso con la información que marcó a varias generaciones. Bernardo conoció ese mundo y tuvo como mentor a otro destacado periodista tuxpeño, Miguel López Azuara, integrante de aquella generación que dejó una huella profunda en la prensa mexicana.
No era poca cosa. Quienes tuvieron la oportunidad de formarse en esas redacciones aprendieron que el periodismo no consiste en reproducir boletines, quedar bien con los poderosos o acomodar las noticias al gusto del funcionario en turno. Consiste, ante todo, en observar, investigar, preguntar y escribir con responsabilidad.
Con ese bagaje, Bernardo regresó a fortalecer las filas del periodismo veracruzano. Participó en diversos proyectos editoriales y, durante los últimos años, encontró en su columna Desde el Café un espacio para comentar los acontecimientos de actualidad, analizar la política y poner sobre la mesa los asuntos que interesaban a la sociedad.
Su pluma tenía un lugar propio en el panorama periodístico estatal. Desde su trinchera, contribuyó a mantener viva esa tradición del columnismo que no se conforma con contar lo que ocurre, sino que intenta explicar por qué sucede y qué consecuencias puede tener para los ciudadanos.
La última vez que conversamos, Bernardo me habló de la enfermedad que enfrentaba. Su estado era delicado y comprendí que la situación era muy seria. En esas circunstancias, uno quisiera encontrar palabras de aliento capaces de cambiar el curso de las cosas, pero la realidad impone silencios que ninguna frase puede resolver.
Hoy, aquella conversación adquiere un significado distinto. Su partida duele, aunque sabíamos que atravesaba una situación difícil.
Los periodistas pasamos buena parte de la vida escribiendo sobre la muerte de otros, relatando despedidas y registrando ausencias. Sin embargo, cuando se trata de un compañero con quien compartimos la misma vocación, las palabras pesan de otra manera.
Porque detrás de cada columna hay horas de trabajo, amistades, discusiones, recuerdos y una vida dedicada a este oficio. Y porque quienes hemos recorrido durante décadas las redacciones sabemos que, cuando se marcha uno de los nuestros, también se va una parte de la memoria colectiva del gremio.
Con Bernardo Gutiérrez Parra, Veracruz pierde a uno de sus buenos periodistas, a un columnista que supo mantener su espacio en la conversación pública y a un compañero que siguió ejerciendo su vocación hasta donde se lo permitió la salud.
Nos quedan sus textos, sus opiniones y el recuerdo de las conversaciones entre colegas. Nos queda, sobre todo, la certeza de que el periodismo no se mide únicamente por los cargos ocupados o los medios en los que se publica, sino por la huella que deja en quienes lo ejercen y en quienes lo leen.
Hasta siempre, Bernardo. Que encuentres el descanso que mereces.
El periodismo veracruzano pierde a uno de sus mejores guerreros, pero su memoria seguirá presente en las páginas que escribió y en quienes entendemos que esta profesión, con todos sus riesgos y sacrificios, sigue siendo indispensable para una sociedad que necesita voces libres, críticas y comprometidas con la verdad.
Descanse en paz, compañero.