octubre 26, 2026

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Taddei, todo por nada

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Lo adelantamos apenas el viernes en este mismo espacio, la salida de Guadalupe Taddei Zavala de la presidencia del Instituto Nacional Electoral era inminente e inevitable.

No hacía falta la bola de cristal; bastaba leer la secuencia de los hechos.

Y penas 72 horas después, este domingo, con un comunicado que el propio INE subió, bajó y volvió a subir a sus redes —metáfora involuntaria del desorden de los últimos días—, la consejera presidenta anunció que este lunes 26 de octubre entregará su renuncia a la Cámara de Diputados.

Hagamos memoria corta, porque la caída fue de vértigo, el 21 de octubre, se publicó que el chofer de la consejera aparecía como apoderado legal de una empresa proveedora del Instituto.

Se documentó también que en 2025 el INE habría entregado más de 21 millones de pesos a una decena de empresas de reciente creación vinculadas con personas de su entorno.

Incluso se hizo público los contratos millonarios con José Alfredo Hernández Casillas, apoderado de Cajas Graf, y videos que muestran a ese mismo proveedor en París con uno de los hijos de Taddei, en la suite de un hotel de lujo en la Ciudad Luz.

Después vinieron los audios atribuidos a conversaciones entre ella y el empresario, con un tono de “familiaridad” que ningún servidor público puede sostener frente a quien le vende al Estado.

El viernes 23, la Auditoría Superior de la Federación anunció una investigación de oficio por indicios de conflicto de interés, colusión, irregularidades en licitaciones y triangulación de recursos.

Ese mismo día, desde Palacio Nacional, la presidenta Claudia Sheinbaum dijo que en el INE no debe haber ninguna sombra de corrupción y que renunciar era una decisión personal de la consejera, en el lenguaje del poder, eso no es un respaldo, es una puerta abierta hacia afuera.

Cuando el mismo Morena, el PRI y los representantes partidistas coinciden en pedir tu cabeza, la suerte está echada.

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Por eso el comunicado de despedida merece lectura atenta, Taddei habla de “trascendidos, montajes, filtraciones y versiones” cuya autenticidad debe verificarse.

Advierte que el combate a la corrupción no debe usarse como “consigna selectiva” ni “instrumento de presión”.

Es decir, se va, pero insinuando que fue víctima y no, no lo es, y tampoco explica por qué el chofer de su oficina representaba a un proveedor, por qué el empresario más “favorecido” convivía en París con su familia, ni por qué su administración adjudicó contratos a empresas recién creadas.

Esas preguntas no se responden con frases sobre ciclos e instituciones que permanecen.

Sin embargo, hay que reconocerle una cosa: tiene razón en que el INE es más grande que cualquier persona y justamente por eso su permanencia era insostenible.

El Proceso Electoral Federal 2026-2027 arrancó el 10 de septiembre y el árbitro no puede organizar la elección más grande del país con la presidenta del Consejo General bajo auditoría y exhibida en video.

Cada contrato de material electoral, cada licitación de boletas y cajas, quedaría bajo sospecha.

Su renuncia no es un acto de grandeza; es el reconocimiento tardío de que ya no había margen.

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No olvidemos tampoco cómo llegó, Taddei arribó a la presidencia del INE en abril de 2023 por tómbola, cuando ningún perfil alcanzó las dos terceras partes en San Lázaro, en el contexto de una ofensiva del gobierno de entonces contra el árbitro electoral.

La historia del árbitro electoral ayuda a dimensionar el hecho. Desde 1996, cuando el IFE se ciudadanizó y dejó de presidirlo el secretario de Gobernación, solo un consejero presidente había dejado el cargo antes de tiempo: Luis Carlos Ugalde.

El 14 de diciembre de 2007, cuatro años después de asumir, presentó su renuncia luego de que la reforma electoral de ese año ordenara su relevo y el de otros dos consejeros, cuestionados por su actuación en la elección presidencial de 2006.

Ugalde se fue acusando a los partidos de dejar al Instituto en una falta de certeza insostenible, porque no lograron nombrar a tiempo a sus sustitutos. José Woldenberg, Leonardo Valdés y Lorenzo Córdova (de quin por cierto el gobierno de López Obrador y de la misma Sheinbaum se cansaron de acusarlo y nucna le probaron nada) concluyeron sus periodos.

La diferencia es de fondo, Ugalde salió por una decisión política del Congreso y en medio del litigio sobre 2006, pero nadie lo señaló por enriquecer a proveedores ni por convivencias impropias con quien le vendía al Instituto.

Por eso el caso de Taddei es inédito: es la primera vez en la vida del IFE-INE que una presidencia cae bajo acusaciones de corrupción y tráfico de influencias. No es un relevo por reforma; es una caída por escándalo.

Muchos advirtieron que el método debilitaba la legitimidad de origen, hoy a la mitad de un periodo de nueve años, se marcha por la puerta de atrás y deja a la Cámara de Diputados la tarea de designar un relevo en plena organización comicial.

El costo institucional lo pagaremos todos.

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Para documentar el optimismo, que nadie se confunda, ni ella misma, pues con su salida no se acaba el problema ni se extingue su responsabilidad.

La renuncia no desaparece la investigación de la ASF, ni las indagatorias del Órgano Interno de Control, ni las posibles denuncias ante la Fiscalía Anticorrupción, ni el juicio político que desde Morena ya se ponía sobre la mesa.

Dejar el cargo no es un salvoconducto; si acaso, le quita el escudo institucional que hasta hoy la protegía.

Los contratos están firmados, las adjudicaciones están documentadas y los recursos públicos tienen nombre y apellido.

Y aquí lo que sabemos De Primera Mano: Guadalupe Taddei está en capilla, su riesgo es real y no se limita al escarnio público ni a una sanción administrativa, en los círculos que hoy revisan los expedientes del INE ya no se discute si habrá consecuencias, sino de qué tamaño.

La renuncia de este lunes no cierra el caso; abre la etapa en la que tendrá que responder sin el respaldo del cargo y sin aliados que salgan a defenderla, solamente un “proveedor consentido” que seguramente buscará cobrarse las cortesías parisinas.

Treinta y tres años en el servicio electoral, la presidencia del órgano que debía garantizar la certeza democrática del país, un lugar en la historia institucional de México, todo quedó comprometido por un “proveedor”, unos contratos y una suite en París. Guadalupe Taddei perdió todo por nada y puede perder mucho más que un cargo público y una fiesta de cumpleaños.

Ahora sólo queda esperar que el Consejo General designe titular interino, si queda Arturo Chávez López, sabremos quién tendió la cama.

Al final, el Congreso será el brazo ejecutor de los designios de una presidenta de la República cada momento más acotada.

¡Qué barbaridad!

deprimera.mano2020@gmail.com

Imagen de portada: REFORMA: Tiene Taddei nexo con proveedor

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