En una misma semana, la Universidad Veracruzana cambió de capitán al deporte en plena competencia y le bajó el telón a un festival que ha sobrevivido 34 ediciones. No son accidentes, es la ineficiencia.
En apenas tres días, la máxima casa de estudios de Veracruz aplazó mediante un comunicado uno de sus eventos culturales más emblemáticos y entregó la conducción del deporte universitario a una funcionaria cuyo ascenso nadie ha sabido explicar.
Son dos decisiones distintas con un mismo sello: el de la Rectoría de martincito el espurio.
El viernes 16 de octubre, martincito el espurio tomó protesta a Amayrani Alonso Vega como titular de la Dirección de Actividades Deportivas (DADUV), en sustitución de Luis Gerardo Cortés Sosa.
Como lo advertimos en este espacio ese mismo día, la trayectoria de la nueva directora cabe en un calendario de bolsillo: base en febrero, Coordinación Regional de Actividades Deportivas de Coatzacoalcos–Minatitlán el 26 de mayo y la Dirección en octubre.
Fueron ocho meses, ni los velocistas de Halcones UV corren tan rápido.
El boletín oficial presume su experiencia en entrenamiento, preparación física y deporte paralímpico.
Nadie le regatea la formación técnica, lo que no aparece por ningún lado es un currículum en gestión universitaria, administración de recursos o coordinación de cinco regiones, que es exactamente lo que exige el cargo.
En los pasillos de la DADUV la explicación circula sin rodeos, se dice que Alonso Vega es protegida del Secretario Académico Arturo Aguilar Ye, conocido en los pasillos universitarios como el profesor Jirafales.
Si no es así, la Rectoría tiene una manera muy sencilla de desmentirlo, que es publicar los criterios de la designación y el expediente que la respalda, mientras guarde silencio, la versión de pasillo seguirá siendo la única disponible.
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Luego está la geografía, que en política nunca es inocente, la DADUV tiene su sede en Xalapa; aquí están sus oficinas, su estructura y su gente.
Sin embargo, la toma de protesta se hizo en Coatzacoalcos, a cientos de kilómetros de la comunidad que la nueva titular deberá encabezar, un nombramiento que se formaliza lejos de la dependencia que se va a dirigir no es una ceremonia, es una manera de evitar miradas incómodas. La forma es fondo.
Tampoco hubo una despedida digna para el saliente, Cortés Sosa se va por la puerta de atrás, sin reconocimiento público, sin balance de gestión y sin que la Universidad le dedicara una línea más allá de la palabra “relevo”.
Su administración no dejó gran cosa que presumir, es cierto, pero el trato confirma que en esta Rectoría los funcionarios no se van, simplemente desaparecen del organigrama.
Lo más grave es el momento, pues como se consignó el viernes, del 26 al 30 de octubre se celebra en Xalapa el Festival Deportivo Universitario 2026, el principal encuentro deportivo de la institución, que llega recortado, con disciplinas eliminadas y un calendario comprimido.
Y además cambiar a quien conduce el deporte universitario a diez días de esa competencia es como cambiar de entrenador en el medio tiempo de la final y, además, presentarlo en otra cancha, si algo sale mal, ya sabemos que nadie responderá.
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Para documentar el optimismo…, apenas un par de días antes, el 14 de octubre, la Dirección General de Difusión Cultural publicó un escueto “Mensaje a nuestra comunidad” para informar que la emblemática edición 35 del Festival de Teatro Universitario se llevará a cabo hasta 2027, “como parte de un proceso de planeación y organización institucional”.
Traducido del lenguaje burocrático este año no habrá festival, y no se dice por qué y hay que recordar de qué estamos hablando, porque el propio comunicado parece no saberlo.
El Festival de Teatro Universitario fue creado en 1967 por Manuel Montoro y Guillermo Barclay.
Desde entonces ha reunido a estudiantes y egresados de la Facultad de Teatro con actores aficionados de todas las áreas académicas y de las cinco regiones de la UV, incluidas las sedes interculturales de la Huasteca y el Totonacapan.
Es, por diseño, un festival abierto a cualquier universitario, estudie Medicina, Contaduría o Ingeniería.
La exrectora Sara Ladrón de Guevara llegó a subrayar que, fuera de la UNAM, ninguna otra universidad del país organizaba un festival de teatro de esa naturaleza.
El mensaje oficial habla de “más de tres décadas”, se queda corto por casi treinta años ¡de acuerdo con informacion de la misma Universidad!, cuando la dependencia responsable de un festival no sabe cuánto tiempo tiene, el problema no es de planeación, es de desconocimiento de su propia historia.
El Festival, además, rebasa a Veracruz, ha sido escuela para generaciones que hoy actúan, dirigen y enseñan en todo el país, y ha servido de trampolín para montajes que después viajan a encuentros nacionales.
En 2021, en plena pandemia, se reinventó en formato virtual con 35 proyectos y un Rally Teatral Universitario México–Chile–México.
Todo ello en una universidad cuyo teatro le ha dado reconocimiento internacional y ha hecho de Xalapa una referencia escénica del país, desde 2020, su categoría especial lleva el nombre de Roberto Bravo Garzón, el rector que hizo de la UV una potencia cultural.
La ironía es cruel, el festival que honra a quien expandió la Universidad lo aplaza quien la achica.
En el comunicado no hay una sola cifra de presupuesto, ni una razón concreta, ni un responsable, hay, eso sí, un agradecimiento por “la comprensión” de la comunidad.
Pedir “comprensión” sin dar explicaciones es la fórmula preferida de quien sabe que la explicación no resiste el escrutinio.
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Se dirá que un nombramiento deportivo y una edición aplazada son asuntos menores, y no, no lo son.
Se suman a una lista que en esta columna hemos documentado mes con mes, la FISPA de Acayucan en abandono, la auditoría a destiempo contra quien se atrevió a impugnar la legalidad del rectorado ante la Suprema Corte, las direcciones de Facultad repartidas entre leales, el deporte recortado y ahora la cultura en pausa.
Cada caso, por separado, es un tropiezo, juntos dibujan un patrón, una universidad que se administra para sobrevivir el periodo, no para servir a su comunidad.
Y ese patrón tiene autor.
La crisis que atraviesa la UV no es producto del azar ni de la falta de recursos; es consecuencia directa de la imposición de martincito el espurio, cuya permanencia en el cargo nunca ha tenido, ni tendrá, la legitimidad que sólo da la comunidad universitaria.
Un rector que llegó por la puerta de los arreglos no puede administrar sino de la misma manera: con arreglos, lealtades por encima de méritos y silencios por encima de explicaciones.
A estas alturas, más que visto está que a martincito el espurio, la Universidad Veracruzana no le interesa en lo más mínimo, le interesa su bienestar personal y la jugosa pensión a la que se hará acreedor.
Porque también es un hecho -según información de sus allegados en Rectoría- que su proceso de jubilación ya está en marcha y que su salida es cuestión de tiempo, y no son buenos deseos de sus detractores.
Es, sencillamente, lo mejor que puede ocurrirle a la máxima casa de estudios de Veracruz, y si algo le importa todavía la UV, si le queda un resto de aprecio por la institución que le dio todo, debería dar ya un paso al costado.
No para salvar su gestión, que no tiene salvación, sino para rescatar al menos una insignificancia de dignidad profesional y universitaria.
El telón ya bajó, sólo falta que él se dé cuenta de que la función terminó.
Una universidad sin teatro y con el deporte a la deriva no está en planeación: está en abandono.
¡Qué barbaridad!
deprimera.mano2020@gmail.com
Imagen de portada: Grupo de Teatro Comunitario/// Sin Telón