Hay anuncios de gobierno que suenan muy bien.
Miles de médicos y enfermeras que llegarán a las comunidades, programas de atención domiciliaria y toda una estrategia para acercar los servicios de salud a la población.
Todo eso suena muy bien.
Pero mientras se anuncian nuevos programas, en Xalapa existe una pregunta que no puede seguir esperando:
“¿Qué está pasando con los hospitales que ya existen y que no tienen lo indispensable para atender a sus pacientes?”
El Centro de Alta Especialidad “Dr. Rafael Lucio” enfrenta, de acuerdo con un documento de alerta difundido por personal del área de Cirugía General, una situación crítica por falta de medicamentos, insumos y material quirúrgico.
El documento señala que se han suspendido procedimientos programados desde noviembre de 2025 y que “más de mil pacientes permanecen en listas de espera”, mientras quienes ya se encuentran hospitalizados recurren al servicio de urgencias para recibir atención.
La consecuencia es lógica: más pacientes, mayor presión sobre urgencias y mayor riesgo de complicaciones.
Entre los materiales señalados como necesarios aparecen antibióticos, soluciones, lápices y placas de cauterio, compresas, gasas con y sin trama radiopaca, suturas, batas, gorros, botas, ropa quirúrgica, bultos quirúrgicos, hojas, guantes e Isodine espuma.
No estamos hablando de lujos.
“Estamos hablando de los materiales básicos para poder operar y atender a un enfermo.”
Y aquí es donde el anuncio de “El Médico en tu Casa” merece una reflexión.
Nadie puede estar en contra de llevar atención médica a quienes la necesitan.
Pero antes de mandar médicos a los domicilios habría que preguntarse si los hospitales cuentan con medicamentos, quirófanos, materiales y personal suficientes para atender a quienes ya llegaron hasta sus puertas.
Porque de poco sirve tener un médico disponible si no cuenta con los elementos necesarios para realizar una cirugía.
“¿De qué sirve llevar al médico a la casa si el hospital no tiene con qué atender al paciente cuando necesita una operación?”
La política de salud debería ser integral.
Prevención, atención primaria, médicos en las comunidades y hospitales funcionando correctamente no son estrategias que deban competir entre sí.
Son partes de un mismo sistema.
El problema aparece cuando se anuncian grandes metas mientras los servicios existentes enfrentan carencias elementales.
Y aquí hay una responsabilidad que no puede diluirse entre oficinas.
Los pacientes no pueden convertirse en números de una lista de espera.
Cada uno tiene nombre, familia, enfermedad y una necesidad concreta de atención.
Por eso sería importante que las autoridades de Salud expliquen públicamente qué está ocurriendo en el CAE “Dr. Rafael Lucio”, cuántas cirugías han sido suspendidas, cuántos pacientes esperan actualmente, cuáles son los insumos faltantes y cuándo se resolverá el problema.
No basta con decir que se está trabajando.
“Hay que demostrarlo con hospitales abastecidos y pacientes atendidos.”
Porque la salud pública no se mide por el número de programas anunciados.
Se mide por algo mucho más sencillo:
“que cuando un ciudadano llega al hospital, lo puedan atender.”
Como diría Pancho López:
“Primero surtan el hospital; después mandamos al médico a la casa. Porque para curar al enfermo también hace falta con qué.”
Y ésta sí es una emergencia que no debería esperar.