agosto 30, 2026

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La industria automotriz mexicana frena

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En las últimas semanas, tres anuncios han encendido las alarmas en la industria automotriz mexicana: Kenworth redujo su producción en Mexicali de 82 a solo 40 unidades diarias, circulan versiones sobre una posible salida de Audi de Puebla en 2027, y Volkswagen eliminó un turno en su planta poblana dejando sin trabajo a 1,200 empleados. Detrás de estos titulares hay una realidad incómoda, la columna vertebral de la manufactura nacional está frenando, y el gobierno tiene poco tiempo para actuar.

La planta de Kenworth en Mexicali, Baja California, tomó una decisión que habla por sí sola reducir su ritmo de producción de 82 a solo 40 camiones diarios. Aunque el sector de camiones pesados en México creció 51.8% en julio respecto al año anterior, la planta de Kenworth en Mexicali vio una caída de 3.4% en julio 921 vs 953 camiones.

Kenworth es uno de los principales exportadores de camiones pesados a Estados Unidos. Cuando una planta de este tamaño corta su producción a la mitad, el mensaje es claro, los pedidos del mercado estadounidense se están contrayendo, posiblemente por la incertidumbre arancelaria y la desaceleración del transporte de carga en EE.UU.

Audi México alcanzó en agosto un hito importante, 1.5 millones de unidades del Q5 producidas en su planta de San José Chiapa, Puebla, celebrando 10 años de operaciones. Pero detrás de la celebración circulan versiones sobre una posible salida de la armadora en 2027, información que el gobierno de Puebla ha negado tener oficialmente.

Lo que sí es un hecho, las utilidades de Audi México cayeron 57% en 2025, atribuido a tipo de cambio, costos y aranceles. Además, la producción de Audi en julio de 2026 registró una caída de 4% respecto al año anterior.

Aunque Audi no ha confirmado su salida, la combinación de caída de utilidades, reducción de producción y rumores de relocalización refleja la presión que enfrentan las armadoras premium en un contexto de aranceles y costos crecientes.

Volkswagen de México confirmó la eliminación indefinida de uno de sus tres turnos en el segmento de producción de Jetta y Tiguan en su planta de Puebla, medida que afectará a aproximadamente 1,200 trabajadores. La empresa justificó la decisión por el “contexto desafiante” que enfrenta la industria automotriz a nivel mundial y en la región de Norteamérica.

VW Puebla es una de las plantas más importantes de México. La eliminación de un turno y el recorte de personal indican una contracción de la demanda de los modelos Jetta y Tiguan, posiblemente vinculada a la debilidad del mercado estadounidense y a la competencia de vehículos eléctricos.

Estos tres casos no son anomalías. Son síntomas de una industria que enfrenta vientos en contra por cuatro factores principales. La administración de Donald Trump ha impuesto aranceles a vehículos fabricados en México, y la revisión del T-MEC en 2026 genera incertidumbre sobre las reglas comerciales futuras. General Motors, Toyota y Honda ya han anunciado traslados de producción de México a Estados Unidos para evitar aranceles.

Las cifras no mienten, la producción automotriz en México cayó 2.2% en julio de 2026 (302,673 unidades), mientras que las exportaciones disminuyeron 9.7% (261,534 unidades). Varias armadoras reportaron disminuciones: Mercedes-Benz (-98%), Stellantis (-20.3%), Nissan (-19%), Honda (-27%), Volkswagen (-7.2%) y Audi (-4%).

La transición hacia vehículos eléctricos está cambiando las prioridades de inversión. Tesla, por ejemplo, pausó indefinidamente la construcción de su Gigafactory en Santa Catarina, Nuevo León, citando incertidumbre arancelaria y el contexto económico global. Mientras tanto, Kia anunció una inversión de 649 millones de dólares para producir su primer vehículo eléctrico fuera de Corea en México.

Debilidad de la demanda en Norteamérica, la demanda de vehículos en Estados Unidos y Canadá se ha moderado, afectando las exportaciones mexicanas. El sector de camiones pesados, clave para Kenworth, enfrenta una contracción por la desaceleración del transporte de carga.

Otras armadoras en la misma tendencia, el panorama se amplía cuando miramos más allá de los tres casos iniciales, General Motors en Ramos Arizpe, Coahuila. La planta opera actualmente al 25% de su capacidad, según la CTM, lo que preocupa a los trabajadores por la estabilidad laboral. Nissan registró una caída de 19% en producción en julio de 2026, vinculada al cierre de su planta en Aguascalientes que operaba en conjunto con Mercedes-Benz.

Stellantis, cayó 20.3% en producción en julio, reflejando ajustes en su portafolio de modelos. Honda redujo 27% su producción en julio, parte de una estrategia global de reconfiguración. Tesla, la Gigafactory en Nuevo León sigue en pausa desde 2024, con el terreno en Santa Catarina sin iniciar obras y cubierto de maleza.

Frente a este escenario, el gobierno federal no puede quedarse de brazos cruzados. Necesita actuar con urgencia en cinco frentes, negociación comercial agresiva con EE.UU.

Defender el T-MEC, presionar para que la revisión del tratado no incluya aranceles punitivos a la industria automotriz mexicana. Diversificar mercados, Acelerar acuerdos comerciales con Europa, Asia y América Latina para reducir la dependencia de EE.UU y desarrollar incentivos a la competitividad, subsidios temporales a la producción, Ofrecer apoyos fiscales a armadoras que mantengan niveles de producción y empleo en México. Inversión en infraestructura tales  como mejorar puertos, carreteras y ferrocarriles para reducir costos logísticos de exportación.

Atraer inversión en vehículos eléctricos, y fomentar la instalación de proveedores de componentes para vehículos eléctricos en México, brindar protección laboral, seguros de desempleo sectoriales, crear programas de apoyo para trabajadores afectados por cierres o recortes en la industria automotriz. Reentrenamiento laboral y ofrecer capacitación para que trabajadores desplazados puedan migrar a sectores en crecimiento.

Certidumbre regulatoria, mantener reglas claras, así como evitar cambios bruscos en regulaciones laborales, ambientales o fiscales que desincentiven la inversión y sobre todo un  diálogo constante con la industria, establecer mesas de trabajo permanentes con armadoras para anticipar crisis y coordinar respuestas.

Los casos de Kenworth, Audi y Volkswagen no son anomalías. Son señales de que la industria automotriz mexicana —columna vertebral del manufacturing nacional— enfrenta un momento de inflexión.

Los aranceles de Trump, la revisión del T-MEC, la transición hacia vehículos eléctricos y la debilidad de la demanda en Norteamérica están reconfigurando el mapa de la producción en México.

Sin una estrategia gubernamental clara que combine defensa comercial, incentivos a la competitividad y protección laboral, el riesgo es que estos ajustes se conviertan en una tendencia de largo plazo, menos producción, menos exportaciones y menos empleos formales en uno de los sectores más importantes del país.

La pregunta no es si la industria puede resistir. La pregunta es si el gobierno está dispuesto a actuar con la urgencia que el momento exige. Porque cuando las plantas frenan, las familias se afectan y la economía se resiente, el tiempo no es un lujo, es una necesidad.

cacostabravo@yahoo.com.mx

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