agosto 25, 2026

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Cuando alguien dice que se va, es que ya se ha ido

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El domingo pasado escuché a Jorge Valdano analizar la situación de Julián Álvarez jugador en el Atlético de Madrid. En medio de su comentario recurrió a una frase que atribuyó a Julio Cortázar, el inolvidable autor de Rayuela:

Cuando alguien dice que se va, es que ya se ha ido.”

La frase se me quedó dando vueltas.

No solamente por el fútbol, donde tantas veces un jugador permanece todavía en un equipo aunque su cabeza, sus ilusiones o sus proyectos ya estén en otra parte, sino porque me parece que contiene una enorme verdad sobre las relaciones humanas.

Curiosamente, al escucharla recordé también una canción de José Alfredo Jiménez, No me amenaces, donde aparece una idea casi contraria y, al mismo tiempo, complementaria:

Estás que te vas… y no te has ido.”

José Alfredo habla de quien amenaza con marcharse, pero sigue ahí. La frase atribuida a Cortázar parece dar un paso más: cuando finalmente alguien siente la necesidad de decir que se va, probablemente su partida comenzó mucho antes.

Porque casi nadie se va de un día para otro.

Hay despedidas que empiezan mucho antes de que se haga una maleta, se cierre una puerta o se pronuncie un adiós.

Uno comienza a irse cuando deja de interesarse.

Cuando deja de preguntar.

Cuando las conversaciones se vuelven cada vez más cortas.

Cuando aquello que antes se compartía con entusiasmo comienza a guardarse.

Cuando dos personas siguen estando juntas, pero ya no están realmente una con la otra.

Y esto no ocurre solamente en el amor.

Sucede en las amistades. Amigos con quienes alguna vez compartimos prácticamente todo y que un día empiezan a alejarse. No hubo necesariamente una discusión ni una ruptura. Simplemente dejamos de buscarnos, dejamos pasar una llamada, después otra, y cuando nos damos cuenta han pasado meses o años.

Sucede también en las familias.

Podemos vivir bajo el mismo techo y estar profundamente distantes. Podemos sentarnos en la misma mesa y no saber qué está ocurriendo en la vida de quien tenemos enfrente.

Porque estar no siempre significa permanecer.

Y también sucede en el trabajo, en los proyectos y hasta en nuestros propios sueños.

Hay personas que siguen presentándose todos los días a un lugar del que emocionalmente se fueron hace mucho tiempo. Cumplen, llegan, hacen lo indispensable, pero algo dentro de ellas ya tomó otro rumbo.

Quizá por eso deberíamos prestar más atención a las pequeñas señales.

A los silencios distintos.

A la conversación que ya no llega.

A quien dejó de contarnos sus cosas.

A la mirada que comenzó a perderse.

A la ausencia que empieza a instalarse incluso cuando la persona todavía está físicamente frente a nosotros.

Muchas veces creemos que perdemos a alguien el día que se marcha.

Tal vez no.

Tal vez lo fuimos perdiendo poco a poco sin darnos cuenta.

Y quizá ahí está una de las grandes enseñanzas que podemos sacar de esta frase: hay que cuidar las presencias antes de lamentar las ausencias.

Preguntar cómo estás y realmente escuchar.

Llamar al amigo antes de que pasen los años.

Abrazar a nuestros padres mientras podemos hacerlo.

Buscar a nuestros hijos aunque ya hayan crecido.

Agradecer a quienes caminan junto a nosotros.

Decir “te quiero” mientras todavía estamos a tiempo.

Pero también hay que aprender a reconocer cuándo alguien ya tomó otro camino.

Porque el cariño tampoco puede convertirse en una forma de retener.

Hay momentos, relaciones y etapas que terminan. No necesariamente porque hayan fracasado, sino porque cumplieron su ciclo.

José Alfredo lo dijo desde la sabiduría popular: hay quien está “que se va y se va y no se ha ido”.

Y la frase atribuida a Cortázar nos plantea la otra posibilidad: hay quien todavía permanece frente a nosotros, pero interiormente comenzó a marcharse hace tiempo.

Quizá la verdadera pregunta no sea solamente quién se va.

La pregunta también podría ser:

¿En qué momento comenzamos a irnos?

Porque algunas despedidas se pronuncian con palabras.

Pero las más profundas empiezan mucho antes, en silencio.

Por eso, mientras alguien esté verdaderamente con nosotros, hay que saber cuidarlo. Porque cuando llegue el momento de decir me voy”, quizá la despedida ya ocurrió hace mucho tiempo.

gerardolunadar2013@gmail.com

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