• La participación de los fieles contribuirá a la creación de condiciones para acceder a los beneficios del desarrollo y vivir con dignidad, señala.
Irineo Pérez Melo.- La Arquidiócesis de Xalapa consideró que sólo con la participación de los fieles en la vida social debe contribuir al proceso de civilización y a la creación de condiciones que permitan que todos puedan acceder a los beneficios del desarrollo y vivir con dignidad.
En el comunicado dominical emitido por la oficina de Comunicación Social de esta asociación religiosa, hace alusión al pasaje bíblico del evangelista San Mateo que presenta a Cristo participando y dando a Pedro su poder y su fuerza, para mantener firme la fe, la esperanza y la caridad en la comunidad de sus discípulos y de los fieles cristianos de todos los tiempos.
Es claro que Jesús, al participarle a Pedro su autoridad y su proyecto del Reino de los cielos, quiere salvar a todos los hombres a través de su Iglesia. Así lo reconocieron los obispos en una Constitución del Concilio Vaticano II, que establece “Dios quiere santificar y salvar a los hombres no individualmente y sin ningún lazo entre sí, sino que quiere hacer de ellos un pueblo” (Lumen Gentium número 9).
La reflexión plantea que esa dimensión social debe traducirse en acciones encaminadas al verdadero progreso de la sociedad, así como en la defensa de la libertad y la dignidad humana, se indica en el documento signado por el presbítero Juan Beristaín de los Santos.
Esta dimensión social de la fe debe buscar el progreso verdadero y evitar lo que daña a la libertad y la dignidad humana; debe propiciar y crear condiciones que posibiliten alternativas políticas reales, económicas y culturales a favor de los pobres y oprimidos de México y Veracruz, se indica en el documento.
También propone impulsar condiciones que permitan construir alternativas políticas, económicas y culturales en beneficio de los sectores más vulnerables, particularmente de los pobres y oprimidos de México y Veracruz, se añade.
Asimismo, el mensaje destaca que la autoridad y la fuerza que Cristo confiere a Pedro deben llevar a los cristianos y ciudadanos a reconocer la dignidad inherente a toda persona, tanto dentro de la Iglesia como en la sociedad.
Desde esta perspectiva, ninguna persona debe considerarse sometida o subordinada a otra por su condición humana. Por el contrario, cada bautizado y ciudadano está llamado a asumir un papel activo en la construcción de una sociedad libre, solidaria y centrada en la persona.