Después de cuatro entregas, ya sabemos algo que parecía sencillo pero que no lo es tanto: hablar del presupuesto del Organismo Público Local Electoral de Veracruz como una sola cifra puede llevarnos a conclusiones equivocadas.
Una parte corresponde a la operación institucional.
Otra a la organización de los procesos electorales.
Y otra, muy importante, al financiamiento público de los partidos políticos.
Ahora toca dar un paso más.
Porque saber cuánto gasta Veracruz no es suficiente.
La verdadera pregunta es:
¿Cómo se compara ese gasto con el de otros estados?
Aquí comienza una comparación que debe hacerse con cuidado. No tendría sentido enfrentar, por ejemplo, el presupuesto de un organismo electoral de una entidad pequeña con el de Veracruz sin considerar población, padrón electoral, número de municipios, cargos en disputa y tipo de elección.
Sería como comparar el presupuesto de un hospital rural con el de un centro médico nacional y concluir que uno es más caro simplemente porque tiene más empleados.
En materia electoral ocurre algo parecido.
Veracruz tiene una dimensión electoral considerable
Veracruz es una de las entidades con mayor población del país y cuenta con un padrón electoral de varios millones de ciudadanos.
Además, tiene 212 municipios, lo que representa una estructura territorial considerable para cualquier elección local.
Eso tiene consecuencias presupuestales.
Organizar una elección municipal en Veracruz no significa instalar solamente unas cuantas oficinas en la capital.
Implica desplegar infraestructura electoral en cientos de municipios, contratar y capacitar personal, distribuir documentación, instalar consejos, trasladar materiales, operar sistemas y coordinar una estructura que debe funcionar prácticamente en todo el territorio estatal.
Por eso sería injusto afirmar, solamente a partir del monto global, que el OPLE Veracruz es caro.
Pero también sería un error utilizar el tamaño de Veracruz como explicación automática para cualquier nivel de gasto.
La comparación debe hacerse con números.
El tamaño importa, pero no lo explica todo
El propio OPLE está obligado a reportar periódicamente su información financiera y presupuestal conforme a las disposiciones de contabilidad gubernamental y fiscalización. Sus informes permiten conocer el presupuesto aprobado, modificado, devengado y pagado.
Ese nivel de información nos permite construir indicadores mucho más útiles que el simple monto total.
Por ejemplo:
Presupuesto por elector.
Presupuesto por municipio.
Presupuesto operativo por elector.
Costo del proceso electoral por ciudadano.
Financiamiento público por elector.
Y, eventualmente:
Costo por voto emitido.
Estos indicadores permiten comparar entidades de tamaños diferentes.
El problema de las comparaciones fáciles
Hay una tentación muy común en el análisis político: tomar el presupuesto de un organismo y compararlo con el de otro.
Si Veracruz tiene 665 millones y otro estado tiene 400 millones, pareciera evidente que Veracruz gasta más.
Pero esa comparación no dice prácticamente nada.
Lo importante sería saber cuántos electores tiene cada entidad, cuántos municipios administra electoralmente, qué elección está organizando, cuántos cargos están en disputa y cuánto de ese presupuesto corresponde a prerrogativas partidistas.
Sólo entonces podemos empezar a hablar de eficiencia.
Porque una cosa es gastar más.
Y otra muy distinta es gastar más por cada ciudadano atendido o por cada proceso organizado.
2026 ofrece una oportunidad excepcional
El ejercicio 2026 resulta particularmente interesante porque el presupuesto del OPLE Veracruz descendió considerablemente respecto de 2025.
El presupuesto aprobado quedó en 665 millones 731 mil 84 pesos.
Posteriormente, el organismo redistribuyó los recursos y ajustó diversas partidas.
En esa redistribución quedaron alrededor de 250.37 millones de pesos para servicios personales, 29.35 millones para materiales y suministros y 121.98 millones para servicios generales, además de 264.04 millones para prerrogativas de los partidos políticos.
El propio OPLE informó que el ajuste significó reducciones cercanas al 50 por ciento en 104 partidas.
Este dato merece especial atención.
Porque si una institución puede ajustar de manera tan significativa una cantidad importante de partidas y continuar funcionando, la ciudadanía tiene derecho a conocer qué ocurrió.
¿Se trataba de gastos estrictamente necesarios que ahora tendrán que reducirse?
¿Eran previsiones que finalmente no se utilizarán?
¿O durante los años electorales existen gastos que, aunque legales, podrían revisarse con criterios de mayor austeridad?
No afirmamos una respuesta.
La estamos buscando.
La comparación que realmente importa
Por eso, en Bitácora Política proponemos cambiar la pregunta.
No queremos saber simplemente:
¿Qué OPLE gasta más?
Queremos saber:
¿Qué OPLE obtiene mejores resultados con los recursos que recibe?
Y para eso tendremos que comparar variables homogéneas.
Presupuesto aprobado.
Presupuesto ejercido.
Padrón electoral.
Lista nominal.
Número de municipios.
Número de cargos.
Participación ciudadana.
Gasto operativo.
Prerrogativas.
Y, cuando sea posible, costo efectivo de cada proceso electoral.
Sólo entonces podremos determinar si Veracruz se encuentra dentro de un rango razonable o si existen diferencias que merecen explicación.
La democracia también necesita eficiencia
Hay algo que no debe perderse de vista.
La austeridad no significa debilitar las instituciones electorales.
Un organismo electoral sin recursos suficientes tampoco puede garantizar elecciones confiables.
La democracia necesita árbitros fuertes, profesionales e independientes.
Pero independencia no significa ausencia de controles.
Y autonomía tampoco significa que el dinero público pueda gastarse sin que nadie pregunte.
El OPLE tiene una responsabilidad doble.
Por un lado, garantizar elecciones confiables.
Por otro, demostrar que los recursos que recibe se utilizan con eficiencia, transparencia y rendición de cuentas.
La propia estructura institucional contempla mecanismos de fiscalización y control interno para verificar el ejercicio del gasto y el cumplimiento de las normas aplicables.
Por eso, pedir cuentas no significa estar contra el OPLE.
Significa tomar en serio su función.
La pregunta queda abierta
Después de cinco entregas, nuestra investigación ha llegado a un punto interesante.
Ya sabemos que el presupuesto cambia radicalmente según el calendario electoral.
Ya sabemos que una parte importante de los recursos corresponde a los partidos.
Ya sabemos que el gasto operativo puede aumentar considerablemente durante los procesos electorales.
Y ahora sabemos que no basta comparar cifras absolutas.
Hay que medirlas contra resultados.
Por eso la última entrega de esta primera serie será quizá la más importante.
No hablaremos solamente de cuánto cuesta la democracia.
Hablaremos de qué obtenemos a cambio de ese dinero.
Porque la pregunta final no es si el OPLE Veracruz gasta mucho o poco.
La pregunta verdadera es mucho más incómoda:
¿Cada peso que gastamos en democracia produce la democracia que los ciudadanos merecen?
Esa respuesta no la puede proporcionar un discurso institucional.
Tendrán que proporcionarla los números.
Continuará.