Escribe: Jorge Armando García Vera
“Compruebo con pesar, como los palacios son ocupados por gañanes y las chozas por sabios… País este que destrona reyes y corona piratas, pensando que el oro del rey será repartido entre el pueblo, sin saber que los piratas solo reparten entre piratas”.
Ese mensaje recibió Sancho Panza de don Miguel Cervantes y Saavedra.
Llama la atención porque se refleja y acomoda en el espejo de este siglo.
Esta es la historia.
El emperador moderno –perdido en el embuste y el autoritarismo– extiende el pulgar desde el palco del Coso. Arriba o abajo, decide quién vive políticamente y quién muere.
Acusó a Salinas, Calderón y Peña de corruptos y ordena consulta.
¿Hay pruebas?
¿Los delitos prescribieron?
¿O es que la justicia de la 4T funciona con dedo y no con ley?
Porque si así funciona, estamos ante un: ¡Sálvese quien pueda!
Como Calígula (Cayo Julio César) Augusto Germánico), considerado el más cruel de los emperadores romanos, el todopoderoso de Morena dejó una herencia pesada: inseguridad, feminicidios, masacres, asaltos y una violencia que tiene al pueblo contra la pared. Sin empleo. Con miedo. Y con un discurso oficial que aplaude sus propias mentiras.
Ellos mismos dicen: “es el mejor gobierno de todos los tiempos”.
Al desaire le llaman austeridad. A la corrupción le llaman “purificar la vida pública”.
Obras fastuosas dejaron las arcas agotadas. Y como remedio, más circo: espectáculos, consultas, y pedir limosna a la plebe como quien pasa el cepillo en las iglesias.
En el escenario estatal de Quintana Roo, el guion se repite, pero no con acento peninsular.
Los que se presentan como honrados y leales invaden lo que no les toca.
No por servir. Por hacer carrera.
Le meten mano al cajón y le llaman “gestión social”.
Le meten mano al presupuesto y le llaman “apoyo”.
Hablan de pueblo y piensan en fuero. Hablan de unidad y se reparten el estado como botín.
Cervantes tenía razón: los piratas solo reparten entre piratas.
Pero, México bronco ya despertó. La gente se organiza porque no confía. El pandillerismo vuelve a las calles y la justicia por propia mano toca la puerta.
Mientras tanto, los dueños del poder omnímodo viven en “el país de las maravillas”. Así lo ven.
El dedo del emperador ¿sigue arriba… o abajo?
Pero la plebe ya aprendió la lección de Calígula: los reinados terminan mal y dejan repudio…
Y un pésimo sabor de boca.
Imagen d eportada: Un aplauso Por todas tus mentiras /// https://es.pinterest.com/