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Ausencias que marcan…

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Por Cecilio García/// Tótem News | Cancún, Quintana Roo | 03 Jul 2026 – 10:11hrs

Armando Manzanero: “SOMOS NOVIOS” DEL PODER

Dicen que los grandes compositores nunca mueren; simplemente cambian de escenario.
En vida, lo encontré por el sur de la ciudad de México y charlamos. Usted es de Ticul, ¿qué tanto de Yucatán se coló en sus canciones?
Me dijo, me haces vibrar mi corazón; la respuesta es todo. Yucatán no es un lugar, es un estado de ánimo. La trova, la hamaca, la lentitud con la que cae la tarde en Mérida…eso está en cada bolero. Yo no escribo desde la prisa del Distrito Federal. Escribo desde la calma de quien ha visto florear el flamboyán en mayo.
Ya en mi sueño, encontré al maestro sentado frente a un piano blanco. No había reflectores ni aplausos. Sólo una taza de café, una cochinita pibil recién salida del horno y esa sonrisa serena de quien convirtió el amor en patrimonio de México.
—¿Cómo está, maestro?
R. Muy bien. Aquí, disfrutando una buena cochinita pibil. Siempre he dicho que cocinar y componer se parecen mucho: en ambas cosas hay que saber esperar. Lo malo es que hoy el cerdo está más caro que un boleto para ver al Tri. Pero, como en la música, uno aprende a hacer rendir los ingredientes.
—¿De dónde nacía tanta inspiración?
R. De la vida. Del amor cuando llega y del dolor cuando se va. Uno no escribe “Contigo aprendí” si no ha aprendido perdiendo. Ni compone “Adoro” sin haber mirado a alguien creyendo que el tiempo podía detenerse. Las canciones no se inventan; se recuerdan.
—Maestro, usted escribió sobre amores imposibles. ¿No le recuerda un poco la relación del pueblo con sus gobernantes?
R. Muchísimo. “Parece que fue ayer” cuando prometían cambiarlo todo. “No sé tú”, pero yo sigo esperando algunas promesas. El pueblo entrega el voto con ilusión; el poder suele devolver explicaciones. Es una historia de amor donde uno siempre ama más que el otro.
—¿Y el desamor político también inspira?
R. Por supuesto. “Esta tarde vi llover” promesas durante la campaña y, al día siguiente, todos quieren que volvamos a decir “Adoro”. Lo complicado es que la ciudadanía ya conoce la melodía. Cambian los intérpretes, pero la partitura casi siempre es la misma.
—Si tuviera que ponerle título a una canción dedicada a la clase política actual, ¿cuál sería?
R. “Somos novios…” del poder. Se abrazan al cargo con una fidelidad que ya quisieran muchos matrimonios. Y cuando les preguntas por la inseguridad, la corrupción o la economía, responden con otra canción: “No”. No pasa nada. No es cierto. No fue mi culpa. La política también tiene sus boleros.
—¿Cómo se cura ese desencanto?
R. Con memoria. Porque el ciudadano olvida demasiado rápido. En el amor puedes tropezar dos veces; en política pareciera que tropezamos cada elección. La memoria es la mejor vacuna contra las falsas serenatas.
—¿Qué le hace falta a México para sonar afinado?
R. Tres cosas: verdad en la letra, ritmo en las acciones y respeto por el público. Porque el pueblo ya no quiere ser el coro que sólo aplaude. Quiere participar en la composición.
—Usted escribió más de 400 canciones de amor. ¿Cuántas veces se enamoró de verdad?
R. Las suficientes para llenar varios discos… y todavía quedaron historias sin grabar. El amor verdadero no se mide por personas; se mide por las veces que uno fue capaz de volver a creer.
—Dicen que era muy enamoradizo.
R. Es cierto. Me enamoraba de una sonrisa, de una voz, de una manera de servir el café. El problema nunca fue enamorarme; el reto era despedirme. Pero jamás me arrepentí. Prefiero haber querido demasiado que haber vivido con el corazón cerrado.
—¿Se puede vivir sólo de amor?
R. No. El amor no paga la luz ni el mercado. Pero sí ilumina la vida. Hay amores que fueron fortuna y otros que terminaron siendo deuda. De todos aprendí algo: unos me dejaron canciones; otros, carácter.
—¿Y el amor en tiempos de política?
R. Ese sí es peligroso. En campaña te prometen amor eterno; ya en el gobierno te dicen que hubo “un problema de comunicación”. Con una pareja puedes terminar la relación; con un mal gobierno tienes que esperar años para cambiar de historia. Por eso prefiero escribir canciones de amor: cuando un romance fracasa, duele el corazón; cuando fracasa un gobierno, duele todo el país.
—¿Qué hace cuando la inspiración no aparece?
R. Me voy a la cocina. Pico cebolla, preparo café y dejo que los recuerdos hagan su trabajo. La inspiración no acepta órdenes; sólo invitaciones.
—¿Se arrepiente de algo?
R. De nada. Ni de los amores felices ni de los que dolieron. Si no hubiera sufrido, tampoco habría escrito. El peor pecado no es equivocarse; es dejar de sentir.
—Para terminar, maestro. Si su vida fuera una de sus canciones, ¿cuál elegiría?
R. “Esta tarde vi llover”. Porque vi caer la lluvia, salir el sol, llegar personas maravillosas y despedir a otras. Vi triunfos, fracasos, aplausos y silencios. Y entendí que la vida, como un buen bolero, nunca termina en la última nota… sino en el recuerdo que deja.
Salí del sueño con la sensación de que Armando Manzanero tenía razón. El amor y la política comparten un extraño parecido: ambos viven de promesas.
La diferencia es que las canciones del maestro siguen emocionando décadas después… mientras muchos discursos apenas sobreviven hasta el siguiente proceso electoral.
Quizá por eso sus boleros envejecieron mejor que tantas promesas de campaña. Porque el amor, cuando es verdadero, jamás necesita propaganda.
Por eso, mejor…”Nada personal”.

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