julio 1, 2026

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¿COINCIDENCIA DISCURSIVA?

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The New York Times es ampliamente reconocido como uno de los grandes periódicos del mundo, con un legado de periodismo de investigación.

Sin embargo, en México hay políticos de la 4T –al más alto nivel– que tienen otra opinión del prestigiado medio de comunicación.

Cuando publica investigaciones incómodas, la respuesta suele ser desacreditar al mensajero.

No es un fenómeno nuevo. 

En 2024, el entonces presidente López Obrador calificó como “pasquín inmundo” al diario, luego de que éste publicara una investigación sobre presuntos testimonios que vinculaban a personas cercanas a su entorno con el narcotráfico.

El mandatario negó categóricamente los señalamientos y cuestionó tanto las fuentes como los métodos utilizados por el periódico.

Ahora, ya en otro sexenio, la presidenta Claudia Sheinbaum mantiene una línea similar frente al mismo medio.

La mandataria ha cuestionado la solidez periodística de una investigación que alude a supuestos informantes relacionados con Morena en Estados Unidos, argumentando que el reportaje carece de pruebas concluyentes y se sostiene en versiones anónimas.

Más allá del contenido específico de ambas investigaciones, el episodio refleja una tensión permanente entre el poder político y el periodismo de investigación. Los gobiernos tienen el derecho de responder, aclarar o desmentir publicaciones que consideren inexactas. Pero, cuando la crítica se centra en desacreditar al medio antes que en refutar con evidencia los hechos publicados, inevitablemente surge el debate sobre la relación entre el poder y la libertad de prensa.

No deja de llamar la atención la coincidencia discursiva. Cambiaron los protagonistas, pero el destinatario de las críticas sigue siendo el mismo. 

El diario estadounidense continúa siendo visto como una referencia cuando publica reportajes favorables, pero se convierte en un medio poco confiable cuando sus investigaciones resultan políticamente incómodas.

En democracia, ni los gobiernos son infalibles ni los medios están exentos de errores.

La diferencia la hacen las pruebas. Si una investigación contiene imprecisiones, corresponde demostrarlo con datos verificables; si los señalamientos son sólidos, compete responder con transparencia. Lo demás pertenece al terreno de la narrativa política.

Porque, al final, la credibilidad no se construye descalificando al crítico, sino enfrentando los cuestionamientos con hechos.

Imagen de portada: Qué es el discurso político? Características, claves y tipos | UNIR

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