junio 18, 2026

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El dedo en la llaga

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Otra vez el presidente Donald Trump alzó la voz. Lo hizo desde Francia y sin matices: “México ha perdido el control de su país; los carteles dirigen a la nación”. Incómodo, brutal, pero cruda realidad.

Y lo más peligroso para el gobierno mexicano no es que lo diga Trump. Es que el político de 80 años cumple lo que proclama.

Mientras en Palacio Nacional se administra la negación, en Washington se documenta la evidencia.

Los carteles no solo trafican droga. Cobran piso, imponen candidatos, controlan aduanas, carreteras, puertos y territorios completos. Gobiernan donde el Estado renunció. Les dejó la cancha libre.

Dirigen con plata, plomo y nómina. Eso, en cualquier manual, se llama control territorial. Y México lo perdió hace años.

Trump no improvisa. Cuando dice algo, lo convierte en política pública. Lo hizo con el muro, con los aranceles, con la designación de organizaciones terroristas. Ahora pone el dedo en la llaga que más duele: el Estado mexicano ya no manda en su propio territorio. Mandan otros. Y esos otros tienen siglas, ejércitos y gobernadores a modo.

Decir que “hay abrazos, no balazos” mientras municipios enteros viven bajo toque de queda criminal es regalarle la razón al presidente estadounidense. 

Negar la narcopolítica mientras alcaldes, diputados y secretarios aparecen en nóminas del narco es confirmarle el diagnóstico.

Trump no necesita inventar nada. Le basta con describir lo que cualquier mexicano vive: el cartel decide quién abre, quién cierra, quién vive y quién desaparece.

El problema no es el mensajero. Es el mensaje. Y el mensaje es demoledor porque Trump sí cumple. Si dice que México perdió el control, su gobierno actuará en consecuencia: presión financiera, aranceles, operaciones directas, cierre de fronteras. No son amenazas huecas. Es doctrina.

México puede enojarse con Trump. Puede acusarlo de injerencia. Puede victimizarse en cada mañanera. Pero nada de eso devuelve el control del país. Eso solo se recupera con Estado, con fuerza, con ley y con voluntad de enfrentar a quien hoy dirige desde la sombra.

Trump alzó la voz nuevamente y lo hizo desde una plataforma internacional.

La pregunta es cuándo México dejará de susurrar excusas y empezará a recuperar su territorio. Porque en esto, nos guste o no, Trump cumple lo que manifiesta.

La presidenta Sheinbaum enfrenta uno de los desafíos más importantes de su administración: sostener una relación estable y funcional con un personaje de carácter frontal y poco tolerante a las evasivas diplomáticas.

Por cierto, en el escritorio principal del salón oval de la Casa Blanca, hay una tarjeta informativa con doce nombres de políticos mexicanos que pronto darán mucho de qué hablar. 

Porque “cuando el río suena, agua lleva”, reza el viejo refrán.

Suerte a la Selección Mexicana. 

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