En Veracruz hay una guerra declarada contra la prensa crítica. Hay una cacería quirúrgica y cobarde contra todo periodista que se atreva a señalar los desaciertos políticos.
No es retórica. Es método.
Desapariciones y asesinatos de reporteros son el pan nuestro de cada día. Relatar hechos se volvió un acto de supervivencia.
Preguntar es sentencia. Investigar es firmar tu propia orden de aprehensión o tu acta de defunción.
Y mientras desaparecen o destierran a la prensa, la gobernadora Rocío Nahle presume que “Veracruz está de moda”.
Tiene razón, pero omite el matiz: está de moda fastidiar a periodistas que divulguen juicios cuidadosos para resolver errores de políticos ineptos. De moda el citatorio judicial como mordaza. De moda la carpeta armada. De moda el silencio como política pública.
El libreto es viejo y conocido: primero el descrédito desde el atril, luego el estrangulamiento económico, después la intimidación y, cuando nada funciona, la violencia.
La crítica no se debate, se persigue. La investigación no se responde, se castiga.
Las cifras duelen porque tienen nombre y rostro. Reporteros que salieron a cubrir y no volvieron. Columnistas que tocaron intereses y hoy guardan silencio por miedo o por ausencia.
Cada caso impune es un mensaje directo a las redacciones: cállate o te toca.
Decir que Veracruz “está de moda” mientras la prensa se entierra o se exilia es cinismo institucional. La moda real es el miedo. La tendencia es la autocensura.
El “boom” es el del hostigamiento administrativo y penal contra quien se atreve a preguntar.
Un estado donde interrogar cuesta la vida no está de moda. Está de luto. Y un gobierno que confunde crítica con guerra, ya eligió bando.Cada medio sofocado es un aplauso más en su Palacio.
Presumen playas y festivales, pero el verdadero “producto turístico” es el cementerio de voces libres.
Así está Veracruz en relación con la prensa independiente.
Pero eso sí: está de moda.
Imagen de portada: Cuando se silencia al periodismo, se debilita la democracia. nacionesunidas