De los tres Mundiales futboleros realizados en nuestro país, este será el primero hecho sobre las rodillas. Ayer y a menos de 24 horas de la magna inauguración, todo se hacía de prisa y al trancazo en la CDMX. “A ver tú píntale aquí, tú resánale allá, ustedes bacheen más allá”. Todo era agitación y estrés y hoy de seguro será igual a minutos del silbatazo inicial.
Pero las cosas hechas a la carrera generalmente salen mal.
Hace unos días la presidenta Sheinbaum inauguró la primera fase de remodelación integral del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM) “para dar la mejor de las impresiones a nuestros visitantes”. Pero no habían pasado ni 48 horas cuando ¡sopas!, se les cayó una parte del techo.
La ciudad es un enorme escándalo no sólo por su excesivo parque vehicular, sino por la serie de obras que se están haciendo a contrarreloj y bajo los aguaceros de junio.
Ayer cuando faltaban menos de 24 horas para que comenzara a rodar el balón en el Estadio Banorte, el caos en la calzada de Tlalpan estaba en su punto más álgido. La calzada es una de las poquísimas vías rápidas que tiene la ciudad y conecta con el Estadio, pero se ha convertido en vía lenta debido a la construcción de una ciclopista que aún no queda al 100 por ciento.
¿Una ciclopista en una vía rápida? Sí. ¿Y a quién se le ocurrió semejante babosada? Quién sabe, pero sería cuestión de preguntarle a la jefa de Gobierno, Clara Brugada que ajolotizó parques, jardines, calles, avenidas, edificios públicos, paredes y viaductos a los que les agregó el color morado más feo que se encontró.
Ya encarrerada ordenó que pintaran también de morado las barandillas viales que hay sobre puentes y pasos peatonales, hasta que le dijeron que estaba cometiendo un delito de carácter internacional porque el color amarillo es una protección mundial para los peatones. Y órale, a quitar el morado y reponer el amarillo, lo que le costó millones de pesos a los capitalinos.
Si por el lado de la Jefatura de Gobierno todo se fue dejando para después, por el lado de la presidencia también hubo desidia. Y ya hay consecuencias.
El año anterior Claudia Sheinbaum tuvo todo el tiempo del mundo para dialogar con los chantajistas maestros de la CNTE y pedirles que al menos en mayo, junio y julio de este año se abstuvieran de poner patas arriba a la CDMX.
Unos cuantos millones de pesos hubieran solucionado el problema, pero los mandó al diablo. Por lo que quizá no tarden en llegar al Estadio armados de palos, piedras, martillos y lo que puedan a manifestarse “pacíficamente” y cantarle la bronca a los policías, con la seguridad de que no les harán nada porque los gobiernos de la 4T no son represores.
Claudia tampoco ha tenido tiempo de escuchar y atender a los transportistas que piden seguridad en carreteras porque la delincuencia está matando a 100 de ellos cada año. Tampoco ha querido hablar con los campesinos a los que la 4T ha abandonado más que otros gobiernos en 90 años.
Ni con los pensionados de Pemex y la CFE satanizados por la propia presidenta que los acusa de recibir “pensiones doradas”. Ni con los colectivos preocupados por el medio ambiente, los menores maltratados y las mujeres violentadas.
Claudia no se ha dado unos minutos para recibir al personal del sector Salud que desde el 2019 carecen de todo y les niegan todo. Y menos para las madres buscadoras de 132 mil hijos e hijas desaparecidos.
Nada le costaba recibirlos, escucharlos, palmearles el alma con una promesa y tomarse la foto. Pero no lo hizo y a estas horas ya deben estar llegando o ya llegaron a Santa Úrsula.
¿A tomar el Estadio?
Uno de los manifestantes dijo ayer. “No vamos en plan de camorra, ni a tomar el Estadio. Vamos a decirle al mundo que los gobiernos de la 4T nos tienen sin medicamentos, sin seguridad y sin apoyos. Que llevamos más de ocho años de soportar sus mentiras y padecer su irresponsable abandono.
“Queremos aprovechar la ventana que nos da el Mundial para decir que contra lo que diga la presidenta, México es un país violento. Que todos los días hay asesinatos, desapariciones forzosas, feminicidios y secuestros.
“Que las madres buscadoras sufren doblemente porque han perdido a sus hijos y porque ellas no existen para los gobiernos de Morena que las han ignorado por casi ocho años. Eso es lo que queremos decirle al mundo”.
Al otro lado de la ventana por la que se asomarán los inconformes, los escucharán 6 mil millones de seres humanos que son los que verán la inauguración y el partido México-Sudáfrica. Una ventana como no hay otra en el planeta.
La única que no los verá ni escuchará será la presidenta que no asistirá al evento.
La valiente mujer que se ha enfrentado a Trump con “la cabeza fría” y que prometió entregar su alma, su conocimiento, su esfuerzo y su amor al pueblo en defensa de la soberanía nacional, tiene pánico al abucheo que se quedarán con las ganas de soltarle casi 100 mil espectadores.
Qué lástima que no esté ni a la altura de un Mundial.
Pero en fin… Dentro de unos minutos comenzará a rodar el balón en un estadio repleto y asediado que estará en los ojos de 6 mil millones de seres humanos. Estoy hablando lector de tres cuartas partes del planeta.
Dios quiera y nada se salga de control.
bernagup28@gmail.com
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