junio 10, 2026

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Porque la noticia… no puede esperar

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Pelotero a la bola

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El balón… a punto de rodar. Y con él, la política de la 4T encontrará su cortina de humo inmejorable.

El tiempo que dure el Campeonato Mundial de Futbol, éste se convertirá en el gran distractor para “estacionar” los señalamientos que persiguen a políticos (de Morena) vinculados al narcotráfico.

Rodando la pelota, los reflectores cambian de cancha. Y esto sucederá en las próximas 24 horas.

El calendario deportivo se empalma con calendario judicial y político que incomoda a Morena.  

Mañana, la nueva imagen de México se verá en todo el orbe. Para bien o para mal.

Hay expectativa por conocer las noticias de nuestro país en el extranjero.

La presidenta Sheinbaum ya echó la moneda al aire.

El Mundial es escaparate, pero también coartada, es el gran evento de su administración.

Mientras el país se pinte de verde, los señalamientos públicos que ligan a figuras cercanas a López Obrador con el crimen organizado entran en pausa. Pero no se borran. Se estacionan.

Es la vieja fórmula del pan y circo. Solo que ahora es gol sin mañanera.

Sheinbaum apostó a que el Mundial será fiesta, no auditoría. A que el turista hablará de tacos al pastor y agua de Jamaica; no defosas en Jalisco ni de abrazos al crimenorganizado y menos del fracaso del Tren Maya

Son 32 días de tregua mediática donde el gol vale más que el informe de la DEA. 32 días para que los señalados reacomoden piezas, negocien silencios, busquen amparos o construyan narrativas.

Porque el gol oculta –aunque sea un rato– la carpeta de investigación. La polémica arbitral entierra la polémica de los contratos. La atajada del portero obtiene más rating que la atajada del fiscal. El VAR importa más que la UIF.

Pero la moneda gira. Si el torneo exhibe inseguridad, logística fallida o gritos de “narcoestado” en tribuna, el distractor se vuelve amplificador. Si sale bien, el gobierno cuelga la medalla. Si sale mal, el gol es en contra.

El problema no es el fútbol. El problema es usar este deporte para que no se hable de Sinaloa, de Tamaulipas, del huachicol, de la “Barredora”, de las cartas a Trump, de las entregas de maletas o de los audios que nadie desmiente.

El Mundial pasa. Los expedientes   quedan. La pelota se desinfla. Las preguntas no.

México juega de local. Pero el marcador que importa no está en la cancha. Está en la Corte, en el Congreso de Estados Unidos, en la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) y en la memoria de un país que sabe que el gran distractor está en boca del mundo.

Por cierto, el presidente más poderoso del planeta, Mr. Trump, fue abucheado en la final de baloncesto (NBA) en Nueva York.

Las multitudes guardan memoria. No perdonan la altivez mezquina ni la perversidad de quienes gobiernan con síndrome de indispensabilidad, convencidos de ser los tutores del pueblo.  

El escenario del estadio Azteca (Ciudad de México), es la empresa encuestadora más confiable para medir la auténtica popularidad de un político.

Asista presidenta a la inauguración del campeonato. Es el mejor escenario para medir su 71 por ciento de aprobación (que tanto presumen los chairos). Sin acarreados. Sin templete. Sin micrófono mañanero. Solo el chirriante silbido o el armonioso aplauso de 87 mil o más gargantas de un paísatribulado, pero con el oído muy despierto.

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