junio 9, 2026

En Esta Hora

Porque la noticia… no puede esperar

FUTURO INCIERTO

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El gobierno de la 4T posee un rostro autoritario, alarmante y acelerado. No es retórica. Es patrón.

Los movimientos que se autodenominan de izquierda prometen justicia social y terminan en miseria, corrupción y devastación institucional.

El expediente es claro. Cuba y Venezuela son los casos más sonados, pero no los únicos. Nicaragua, Bolivia y Argentina aportan sus capítulos.

Primero llega la promesa: redistribuir, democratizar, limpiar la casa. Después viene la coartada de culpar al pasado, al “neoliberalismo”, al “imperio” y a la “prensa vendida”.

Luego se instala el método que consiste en capturar órganos autónomos, colonizar el Poder Judicial, militarizar la seguridad pública, desmantelar contrapesos y premiar la lealtad por encima de la capacidad.

El resultado es medible.

Cuba lleva 65 años sin elecciones libres, con cartilla de racionamiento y un éxodo récord. 2.8% de la población huyó solo en 2022.

Venezuela pasó de ser el país más rico de Sudamérica a tener 82% de pobreza multidimensional, hiperinflación de 190% en 2023 y casi 8 millones de migrantes según la Agencia de la ONU para refugiados (ACNUR).

El común denominador no es la ideología en el discurso. Es el poder sin frenos en la práctica.

México reproduce los focos rojos, o sea la eliminación y asfixia presupuestal de órganos autónomos.

El Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales (INAI), inoperante por falta de comisionados.

Culminaron los ataques sistemáticos al INE y al Poder Judicial. Pero sí eliminaron 13 fideicomisos, incluido el de ciencia.

La Guardia Nacional bajo SEDENA. Puertos, aduanas, aeropuertos, trenes y hoteles en manos castrenses. Opacidad en contratos por “seguridad nacional”.

Corrupción con impunidad de sello propio: Segalmex, 15 mil mdp sin aclarar. Dos Bocas con sobrecosto de 70%.

El discurso anticorrupción no alcanzó a la red de cuates, hijos y “hermanos”.

La economía sin trabajo, pero con dádiva: 46.8% de la población en informalidad, según INEGI.

El empleo formal crece 2.1% anual mientras los programas sociales rebasan el 9% del Presupuesto de Egresos de la Federación (PEF). No hay nómina productiva, pero sí clientela.

Hay localidades donde el Estado no participa, pero el narco cobra impuestos. Tiene don de mando.

Y el antifaz: la retórica de “pueblo bueno” mientras se pacta con cárteles, se recibe a dictadores en Palacio y llaman “transformación” al retroceso.

Aquí viene el problema que no sale en la mañanera: la 4T es un proyecto personalista, no institucional. Nació, creció y se sostiene en la figura del fundador.

Pero los sexenios tienen fecha de caducidad y los caudillos no son eternos.

Sin el liderazgo mesiánico, la coalición se fragmenta. Gobernadores, Ejército, grupos empresariales beneficiados y bases clientelares empiezan a cobrar facturas.

El “movimiento” se vuelve archipiélago de tribus. La gobernabilidad se negocia en lo oscurito y el crimen expande su factura.

Sin resultados económicos, la tentación es profundizar el libreto cubano-venezolano: más control sobre elecciones, más censura, más adversarios internos.

La reforma al Poder Judicial de 2024 fue el ensayo. La elección de jueces por voto popular abrió la puerta a jueces de partido. Sin justicia autónoma, la propiedad y la libertad quedan a merced del humor presidencial.

El colapso fiscal. Pemex pierde 8 mil mdp al mes. Dos Bocas no refina. Tren Maya un fracaso. Un capricho costoso.

Cuando se acabe el dinero de los fideicomisos y el margen de deuda, la dádiva se corta. Y sin dádiva, el “pueblo bueno” tendrá otra actitud.

La 4T no preparó instituciones para el día después. Organizó plazas y adversarios. No deja manual de operación. Deja culto. Y los cultos sin líder terminan en guerra de sucesión o en secta.

La izquierda histórica peleó por libertades, por prensa libre, por sindicatos autónomos, por voto efectivo.

La izquierda en el poder persigue periodistas, compra líderes sindicales, desmonta elecciones competidas y llama “traidores” a quienes disienten.

No es izquierda. Es autoritarismo con estampita de Juárez.

Cuba y Venezuela no son accidentes geográficos. Son advertencias históricas. Cuando un gobierno destruye contrapesos, normaliza la corrupción y criminaliza al opositor, el país no vira a la izquierda. Vira al abismo.

México no necesita zurdos malosos con antifaz de redentores. Necesita demócratas sin dueño. Necesita ley, no sermón. Necesita instituciones, no capilla.

Porque la miseria no tiene ideología. Pero sí tiene autores.

Y el futuro de la 4T, sin contrapesos ni carisma, es tan incierto como el de cualquier proyecto que confundió Estado con partido y patria con voluntad de un solo hombre.

Y el autoritarismo, aunque se vista de pueblo, en pueblo no se convierte. Se convierte en ruina. Y la ruina ya la conocemos.

Nada es para siempre.

Imagen de portada: https://lanoticia.com/

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