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La privación de la libertad de Roxana Guzmán Ramírez, cuya intensidad violenta -por parte de tres encapuchados, arropados por la impunidad que en Veracruz y México cuenta con patente de corso- fue grabada en un celular por la propia víctima en Nanchital de Lázaro Cárdenas, Veracruz, la mañana del martes pasado, obliga a reflexión…
El hecho, cruel, terrible, profundamente doloroso, ya es conocido en el país y el mundo por las redes sociales.
También se conocen a detalle aspectos de la vida privada y pública de Roxana Guzmán, ocurridos durante la última década (años más, años menos).
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Es viuda, su esposo o pareja murió asesinado en Nanchital luego de haber sido preso por violar la ley de salud pública.
La misma propietaria del portal Pulso Informativo del Sureste tuvo problemas con la ley, amén de haber sido víctima antes de volver a ser víctima este martes, o sea antier…
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En lo personal deseo con fervor y fe el regreso con bien de Roxana a casa.
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Al mismo tiempo comparto mi preocupación por la tercera victimización de la comunicadora digital, reportera, periodista nanchiteca; esta vez se trata de una revictimización…
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Me refiero a su linchamiento público, mediático, desde un punto donde la ética marca límites.
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Pregunto: ¿Los periodistas tenemos derecho de juzgar a una víctima de secuestro (o de cualquier otro delito) a partir de información existente sobre su vida personal y pública previa o en curso?
¿Nuestra profesión nos otorga el derecho de compartir esa información por el hecho mismo de publicar esa información?
¿Así nomás; por encima de todo; por encima de nuestra obligación de preguntarnos
qué nos otorga tal derecho, y por qué podemos poner en riesgo la vida de otras personas sin asumir las consecuencias?
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Estás preguntas apuntan a un tema tan amplio y extenso como profundo y multidimensional: Información, Comunicación, Periodismo y Ética.
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Va una duda más: ¿Cuáles son los límites del periodismo, desde la perspectiva ética y frente a casos específicos de violencia contra periodistas?
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Vivo, como periodista veterano (casi 39 años en el oficio), la compleja coyuntura de las amenazas contra mi profesión, provenientes de los mismos frentes que abordo a menudo en CLAROSCUROS: Estado fallido; rompimiento del tejido social; generación, construcción, aparición de un Estado paralelo en México a manos del crimen organizado.
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Todo ello no evita, antes bien alimenta, mi cuestionamiento sobre los límites del proceso de informar, comunicar, lanzar desde el periodismo la revictimización a todas luces peligrosa para una persona -en este caso Roxana Guzmán Ramírez- sin contacto posible -porque está secuestrada- para escuchar su versión de los hechos, o del hecho: de su vida; ni más ni menos que de su vida.

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