La política mexicana acaba de entrar en una nueva fase. Lo ocurrido este fin de semana en la Ciudad de México y en Chihuahua no fueron hechos aislados ni simples actos partidistas. Fueron, en realidad, los primeros movimientos visibles de una batalla narrativa que definirá la elección intermedia de 2027.
Las cartas ya están sobre la mesa.
Por un lado, Morena y el gobierno federal comienzan a construir una narrativa basada en la defensa de la soberanía nacional frente a lo que consideran intentos de injerencia extranjera, particularmente desde Estados Unidos. Por el otro, la oposición intenta posicionar la idea de que México enfrenta un problema más profundo: la consolidación de narcogobiernos y la penetración del crimen organizado en las estructuras del poder político.
La confrontación es poderosa porque ambos discursos apelan a miedos reales de la sociedad mexicana.
La apuesta de Morena, el nacionalismo como escudo. La presidenta Claudia Sheinbaum parece haber comprendido que el nacionalismo sigue siendo una de las herramientas políticas más eficaces en México.
Cada vez que surge una acusación desde Estados Unidos contra funcionarios o actores políticos mexicanos, el oficialismo intenta replantear la discusión. El objetivo es desplazar el debate desde la posible responsabilidad de determinados personajes hacia una pregunta más amplia: ¿debe un gobierno extranjero influir en las decisiones políticas de México?
No es una estrategia nueva. A lo largo de la historia mexicana, los llamados a la defensa de la soberanía han generado cohesión social y respaldo político. El problema es que este discurso sólo funciona mientras la amenaza externa sea percibida como más urgente que los problemas internos. El mensaje del embajador Ronald Johnson: “La lucha contra los cárteles debe unirnos, no dividirnos” mencionando la necesidad de vivir libres de la intimidación, la corrupción y el miedo que generan los cárteles.
Y ahí aparece la gran contradicción.
La apuesta opositora, la seguridad como bandera. Mientras Morena habla de Washington, la oposición habla de Sinaloa.
Mientras el oficialismo denuncia intervencionismo extranjero, la oposición insiste en denunciar la expansión territorial del crimen organizado y sus presuntos vínculos con actores políticos.
La narrativa opositora busca instalar una pregunta sencilla pero devastadora:
¿Quién gobierna realmente algunas regiones del país, las instituciones o los grupos criminales?
La seguridad pública continúa siendo una de las principales preocupaciones de millones de mexicanos. La violencia, las desapariciones, la extorsión y el control criminal de diversas actividades económicas son problemas que afectan directamente la vida cotidiana.
Por ello, la oposición apuesta a que la preocupación por la seguridad termine siendo más poderosa que cualquier discurso soberanista.
El voto que decidirá la elección. Los sectores más ideologizados ya tomaron partido.
Los simpatizantes de Morena interpretarán cualquier señalamiento externo como una agresión contra México. Los opositores, por su parte, verán en cada escándalo de seguridad una confirmación de sus críticas al gobierno.
Pero las elecciones no suelen decidirse en los extremos.
El verdadero campo de batalla será el de los ciudadanos pragmáticos, aquellos que votan con base en resultados y no en discursos.
Son los mexicanos que se preguntan:¿Mi comunidad es más segura?; ¿Tengo mejores oportunidades económicas?;¿Mi calidad de vida ha mejorado? Y por último¿Puedo vivir sin miedo?
Para este segmento, la narrativa importa menos que la experiencia cotidiana.
Una elección que podría redefinir el país. La gran paradoja es que ambas narrativas son compatibles.
México puede enfrentar presiones internacionales y, al mismo tiempo, tener problemas de infiltración criminal en algunas estructuras de poder.
Sin embargo, la lógica electoral obliga a simplificar la realidad.
Por eso, rumbo a 2027 veremos una disputa cada vez más intensa entre dos conceptos: soberanía y seguridad; nacionalismo y Estado de derecho; injerencia extranjera y narcogobierno.
La pregunta final será cuál de los dos temores pesa más en la mente de los mexicanos.
Si la relación con Estados Unidos se convierte en un conflicto político permanente, Morena tendrá una poderosa bandera para movilizar a sus bases.
Pero si la inseguridad continúa dominando la vida diaria de millones de ciudadanos, la oposición encontrará un terreno fértil para crecer.
Porque al final, las elecciones suelen definirse menos por los discursos y más por las preocupaciones inmediatas de la población.
Y en México, desde hace años, ninguna preocupación ha sido tan constante como la seguridad.
La elección de 2027 podría terminar siendo recordada como la contienda donde los mexicanos tuvieron que decidir qué amenaza consideran más peligrosa para el futuro del país: la influencia de Washington o la influencia del crimen organizado.
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cacostabravo@yahoo.com.mx
Maestro en Comunicación por la Universidad Iberoamericana. Formó parte del cuerpo académico de la Licenciatura en Comunicación en esa institución, así como de la Universidad Anáhuac, campús norte.
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